Las barracas de madera y zinc reflejan la precaria situación que atraviesan los residentes de Curundú y la gravedad de la crisis social que allí se vive.
Y a pesar de que el representante Senén Mosquera prefiere no llamarle "barracas" a las frágiles viviendas en que habitan más de 560 familias, el Ministerio de Vivienda señala que éstas viven además en villas comunitarias y dos albergues, donde residen 87 familias.
La pobreza se pasea con mayor fuerza por los sectores más populares de Curundú, como Brooklyn, Viejo Veranillo, Cabo Verde, Llano Bonito y Transporte.
Más de 725 personas pudieron salvar sus vidas. No así, los niños Kyara Bethancourt, de 14 años; su hermanito Félix Asprilla, de 4 años y la pequeña Lauryn Núñez Asprilla, de ocho años, quienes dormían al momento del desastre.
A Kyara y a Félix los vecinos intentaron sacarlos, pero fue en vano, ya no se podía hacer nada, su vivienda estaba muy cerca de donde se inició el fuego.
Los bomberos intentaron llegar al lugar del siniestro, inmediatamente, pero no pudieron, pues los pandilleros, a pesar de lo ocurrido, no se lo permitieron, confirmó el comandante del CBP, Mario Ramírez.
Fueron amenazados por los malhechores, quienes seguían detonando sus armas.
En Curundú, un submundo donde impera la violencia, las pandillas ayudaron a que el fuego tomara más fuerza.
Habían pasado entre 10 a 12 minutos, la Policía Nacional reforzó el área frente al llamado urgente, y los bomberos por fin penetraron para contener el fuego, que les tomó tres horas poder controlarlo.
Al amanecer, ya la Policía tenía detenidos a dos sospechosos de iniciar la tragedia. José Luis Rosas Aguilar, de 20 años, y un menor de 15 años con un prontuario delictivo con más de 10 arrestos, entre el 2006 y el 2007. El director de la Policía, Rolando Mirones, lo dijo: " hubo mano criminal".