PARA Julio Arango, el secuestro practicado en su contra por las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) fue parte del drama que el conflicto armado impone en ese país.
Colombia vive un conflicto en el que cualquiera puede ser secuestrado y me tocó a mi, expresó.
En Colombia, el secuestro es una industria, que según cifras extraoficiales, mueve unos 35 millones de dólares al año. Según se conoce, en los últimos dos años esa actividad registró una considerable disminución, luego de estrictas medidas aplicadas por el gobierno del presidente Álvaro Uribe.
¿Pero por qué usted?, le preguntamos al ingeniero Arango, y él piensa que la información pudo ser filtrada en Puerto Inírida, donde su hermano ha sido profesor por muchos años, y donde vive igualmente el hermano de su prima Beatriz Echeverri, también secuestrada junto a Julio Arango.
Julio Arango es un ingeniero en sistemas de origen colombiano que reside en Panamá desde 1979, y que al igual que su esposa Sandra, son nacionalizados panameños. Sus hijas nacieron en Panamá.
El 6 de abril de 2004 viajaron hasta Puerto Inírida, capital del departamento colombiano del Guaviare, en la frontera de Colombia con Venezuela, para pasar Semana Santa con el hermano de Julio.
Pero a la mañana del día siguiente, dos horas después de haber salido de Puerto Inírida, la lancha en la que viajaba junto a otros 12 familiares, fue interceptada por dos lanchas rápidas.
"Una tenía un motor fuera de borda de 75 caballos y la otra de 200 caballos, y entre las dos contaban con unos 10 guerrilleros que se identificaron como miembros del Frente 16 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), nos arrimaron a la orilla y una vez allí separaron a hombres de mujeres", relató.
Recuerda que uno de los comandantes sacó de su bolsillo una lista y preguntó quiénes eran Julio Arango y Beatriz Echeverri.
Después de la identificación, los guerrilleros los instruyeron para que abordaran la lancha que tenía el motor de 200 caballos.
Antes de embarcar, y en medio de una gran incertidumbre, Arango se despidió de su esposa, y tras pensar que sería la última vez que la vería le dijo que no se preocupara, que él había vivido bien por muchos años, y que lo único que le pedía era que le cuidara a sus hijas, que era lo que más la importaba en la vida.
Arango dijo a Panamá América que durante cuatro días navegaron río arriba, y durmieron en comunidades indígenas hasta que fueron trasladados de la embarcación original a una más chica y luego instalados en un campamento en plena selva, que fue su hogar durante los 20 meses que duró el cautiverio.
En ese período, para llevarlos de un lugar a otro les vendaban los ojos, los acostaban en el piso de las lanchas y los cubrían con plásticos o cauchos.
"Nos dieron ropa de camuflaje y unas botas de caucho negras, altas, y se tomaban todas las molestias para que dentro de lo posible, estuviéramos cómodos, pero era intolerable. Por ejemplo, la nube de mosquitos que nos rodeaba. Una vez, en una mano me conté 180 picadas", manifestó.
Mientras tanto desde Panamá y en Colombia sus familiares comenzaron a realizar gestiones para su liberación. Al principio nada se sabía de Arango, pero en mayo los secuestradores hicieron contacto con Sandra. "Pidieron un poco de plata", y después nos enviaron una prueba de que estaba vivo. Era una carta de Julio, de su puño y letra. Después no hubo más contacto".
Para Sandra Arango fueron días interminables, pero entre las medidas que tomaron, estuvo contactar a Radio Caracol. Allí se transmite todos los domingos un programa denominado "Voces del Secuestro", a través del cual los familiares le envían mensajes a los secuestrados.
"Le decía que por acá todo estaba bien, que las niñas estaban bien, y que hiciera ejercicios de yoga", narró Sandra a Panamá América.
El día que Julio Arango concedió esta entrevista a Panamá América confirmó la recepción de esos mensajes, dijo que lo habían ayudado a vivir y que durante la semana, lo que marcaba el tiempo era la espera de los mensajes a través de la radio que los propios guerrilleros le proporcionaron.
Afirma que el trato de los guerrilleros fue bueno. "Siempre estuvieron atentos a cualquier situación que nos pudiera afectar, inclusive la consecución de medicamentos para la salud".
El 28 de noviembre los soltaron en plena selva, y un campesino mayor los trasladó hasta una comunidad que se llama Las Guacamayas, y de ahí comenzaron a establecer contactos.
Julio y Beatriz tomaron tres horas en vuelo de avioneta desde Puerto Inírida hasta Bogotá. El 4 de diciembre en horas de la mañana, 20 meses después de su secuestro, Julio Arango pudo abrazar a sus hijas.
Veinte meses secuestrado por las FARC en Colombia
El empresario colombiano sostiene que esta experiencia le cambió la vida.