Unos 3,8 millones de nicaragüenses están convocados a votar mañana en las elecciones municipales en Nicaragua, en la primera consulta popular celebrada durante el Gobierno de Daniel Ortega, y que contará con una presencia mermada de observadores internacionales.
El ambiente hoy en Nicaragua es de relativa calma, con llamados a votar desde todos los sectores sociales y algunas amenazas de posibles brotes de violencia.
La alcaldía de Managua es una de las principales plazas políticas es estos comicios, donde la campaña electoral ha sido reñida, entre el sandinista y ex tricampeón mundial de boxeo Alexis Argüello y su rival liberal, el legislador opositor Eduardo Montealegre.
Según una encuesta divulgada en la víspera por la firma CID Gallup, ambos candidatos se encuentran técnicamente empatados en la intención de voto para las elecciones de mañana.
Otro elemento previo a los comicios es la visita, la segunda en menos de dos meses, del viceprimer ministro de Rusia, Igor Sechin, que se reunió con el presidente nicaragüense para tratar asuntos de cooperación.
En esta consulta popular, la primera desde que Ortega asumió el poder en enero de 2007, participan el gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y la alianza opositora encabezada por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC).
También los minoritarios Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), Alternativa por el Cambio (AC) y Partido Resistencia Nicaragüense (PRN).
Estos comicios, en los que se disputará el control de 146 municipios de los 153 que existen en Nicaragua, servirá además para medir el grado de aceptación popular del FSLN, a punto de cumplir dos años en el poder bajo la presidencia de Ortega, según analistas.
Los opositores Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y Partido Conservador (PC) no participarán debido a que el Poder Electoral les canceló sus personalidades jurídicas en junio pasado bajo la acusación de incumplir varias disposiciones de la ley electoral.
El presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, Leopoldo Brenes, reiteró hoy su llamamiento a los nicaragüenses de acudir a las urnas, elegir candidatos "idóneos" y respetar los resultados.
Brenes, también arzobispo de Managua, abogó por unas elecciones en paz, honesta, justa y transparente.
La cúpula empresarial nicaragüense también exhortó a la población a ejercer el sufragio "consciente de la importancia que tienen las elecciones municipales para la vida económica y social del país".
En tanto, un organismo de defensor de los derechos humanos instó a los nicaragüenses a votar y a "denunciar cualquier acto que impida el ejercicio del voto".
El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), no gubernamental, anunció que tendrá sus oficinas abiertas en diferentes puntos del país, a fin de recibir denuncias sobre cualquier irregularidad.
El proceso electoral solamente está siendo observado por delegados del Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica (CEELA) y el Protocolo de Tikal, integrado por magistrados de Centroamérica y el Caribe.
El principal partido de oposición descalificó a los miembros del CEELA por ser "de dudosa credibilidad".
Además, el presidente Ortega, desde comienzos de septiembre pasado, consideró que "es suficiente" que los comicios sean observados por los fiscales de los cincos partidos políticos que participan en la contienda.
El CSE, integrado por magistrados sandinistas y liberales, mantuvo su decisión de no acreditar a observadores nacionales como Ética y Transparencia y el Instituto para el Desarrollo y la Democracia (IPADE).
Tampoco se pronunciaron sobre la demanda de partidos políticos, organizaciones y personalidades para que invitaran a observar los comicios a representantes de la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Europea (UE) y el Centro Carter.
"La posibilidad (de fraude) ahora es mucho más fácil, porque no hay ninguno que observa, ninguno ajeno al que recibe los votos y la tentación es más grande", dijo a la prensa el obispo del municipio de Granada, Bernardo Hombach.
Pese a todo, Ética y Transparencia distribuirá 30.000 voluntarios para observar las votaciones, desde afuera de las 11.808 juntas receptoras de votos.
Estados Unidos y la UE expresaron su deseo de que las elecciones en Nicaragua sean libres, transparentes y justas, mientras que Rusia, aliado del gobierno sandinista, pidió a esos países que no intenten influir en los resultados de los comicios municipales.
Durante la campaña electoral de 45 días que finalizó el pasado 5 de noviembre se registraron algunos enfrentamientos entre liberales y sandinistas, que dejaron decenas de lesionados y daños materiales, lo que acrecentó los temores de que el día de las votaciones se torne violento.
Unos 21.800 policías y militares vigilarán los comicios de mañana y según la Policía y el Ejército de Nicaragua no tienen información de inteligencia que indique que vayan a ocurrir "grandes disturbios", aunque no descartaron que se puedan presentar aislados actos de violencia.
La principal plaza política en estos comicios es el municipio de Managua, capital del país, donde las elecciones se presentan reñidas y controlada desde hace más de ocho años por los sandinistas.
Comicios municipales se presentan como un referendo sobre gestión de Ortega
Estos comicios para elegir a alcaldes y concejales suponen, además, una pugna interna en el gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en el que se identifican al menos dos corrientes.
"Estas elecciones, aunque son de carácter municipal, en la práctica, por las circunstancias políticas en Nicaragua, se han convertido en una especie de referendo", dijo a Efe el diputado opositor Víctor Hugo Tinoco, del Movimiento Renovador Sandinista (MRS).
Las municipales se han convertido "en un referendo entre el autoritarismo que Ortega pretende establecer como práctica o política de Estado, o la democracia institucional y el gobierno de las leyes en el país", agregó el que fue vicecanciller durante el primer Ejecutivo sandinista (1979-1990).
El MRS de Tinoco, integrado por disidentes sandinistas, fue excluido de participar en esta contienda electoral en junio pasado.
La campaña ha estado polarizada entre el oficialismo y la alianza opositora encabezada por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), que junto a tres fuerzas minoritarias se disputarán en las urnas el control de 146 municipios de Nicaragua.
El dirigente Gustavo Porras, miembro de la corriente ortodoxa del FSLN, más afín a Ortega, dijo que los sandinistas deben "ganar en todos los municipios con más del 50 por ciento de los votos", porque de este resultado depende su legitimidad para demandar el "cambio de sistema y modelo político" del país.
Para el escritor nicaragüense Sergio Ramírez Mercado, los comicios municipales serán "un referéndum, pero de supervivencia" para la democracia del país.
Ramírez, que fue vicepresidente de Nicaragua durante el primer Gobierno sandinista, señaló en un artículo de opinión publicado esta semana en el diario La Prensa de Managua, que estos comicios van más allá de elegir a alcaldes y concejales, ya que a su juicio "en esta ocasión en un desafío al poder" de Ortega.
Con su voto "los electores buscarán defender a toda costa su democracia, que ahora se halla en peligro", señaló Ramírez, fundador del MRS pero retirado de la arena política.
Por contra, Bayardo Arce, antiguo "comandante" de la revolución sandinista y asesor económico de Ortega, dijo que es un error pretender convertir estas elecciones en un referendo.
Eso es "algo totalmente absurdo porque esto no se hace posible en una elección municipal, en donde la gente va a votar por su alcalde y que pase lo que pase no va a cambiar nada", argumentó Arce, que preside una corriente del oficialismo distinta a la de Porras.
La oposición liberal, que acusa al Ejecutivo de querer valerse de un posible triunfo en los comicios de mañana para reformar la Constitución y establecer la reelección presidencial, recurrió a la polarización en la campaña y en sus mensajes llamó a la población a votar "todos contra Ortega".
Ese mensaje fue acogido durante la campaña por los disidentes sandinistas y el Partido Conservador, también excluido del juego electoral, que denunciaron que en la Nicaragua de Ortega está en marcha la construcción de un proyecto dictatorial, personal, familiar y dinástico igual o peor que el de la familia Somoza.
Otro elemento en juego en esta contienda electoral, a juicio de los políticos, es la correlación de fuerzas dentro del FSLN, ya que de ganar el oficialismo se fortalecerá el control de Ortega y la primera dama nicaragüense, Rosario Murillo, sobre todo el colectivo.
Sin embargo, según el disidente sandinista Tinoco, si el FSLN pierde en la mayoría de municipios se fortalecerá la corriente menos "autoritaria" del oficialismo, en la que incluyó al alcalde de Managua, Dionisio Marenco, a Bayardo Arce y al antiguo "comandante" de la revolución Tomás Borge.