El presidente de EE.UU., Barack Obama, anunció hoy el abandono del proyecto de un escudo antimisiles en Europa concebido por la Administración de George W. Bush y que se verá sustituido por un sistema con "un nuevo enfoque".
El fin del proyecto puede abrir el camino para una mejora de las relaciones con Rusia, que había protestado enérgicamente contra ese escudo, pero ha sido acogido con malestar entre una oposición republicana que acusa a Obama de debilitar la defensa del país.
En una declaración ante los medios de apenas tres minutos en la Casa Blanca, y tras la que no admitió preguntas, Obama quiso responder precisamente a estas últimas críticas con la promesa de que el nuevo sistema no debilitará la defensa en Europa, sino que la reforzará, será más eficiente y más económico.
"Nuestra nueva arquitectura de defensa antimisiles en Europa aportará defensas más fuertes, más inteligentes y más rápidas a las fuerzas estadounidenses y sus aliados" de la OTAN, sostuvo el presidente estadounidense.
El Gobierno de Estados Unidos había concebido el sistema para atajar posibles ataques desde Irán, pero Rusia lo veía como una amenaza contra su territorio.
La decisión anunciada hoy se adoptó, explicó Obama, por la recomendación "unánime" de los responsables militares.
Según explicó en una rueda de prensa posterior, el secretario de Defensa, Robert Gates, dijo que la decisión se tomó tras llegar a la conclusión de que han cambiado las premisas acerca de la capacidad balística de Irán.
Hasta ahora se había sobrevalorado la amenaza procedente de los misiles de largo alcance iraníes, mientras que los servicios secretos consideran ahora que el verdadero peligro podría provenir de los misiles de corto y medio alcance.
Estos, señaló Gates, "se están desarrollando de manera más rápida de lo previsto".
El nuevo sistema tendrá sus interceptores en tierra y mar. En una primera fase se dotará a buques Aegis de interceptores.
Además, el nuevo sistema contará con un sistema de radares móviles, más ágil que el previsto hasta ahora, que permitirá detectar el posible lanzamiento de misiles de corto y medio alcance.
En una segunda fase se instalarían interceptores en tierra. En particular, precisó Gates, Estados Unidos prevé ahora desplegar para 2015 en Polonia y la República Checa interceptores SM-3, concebidos para destruir misiles de corto y medio alcance.
La existencia de este proyecto había enfriado sobremanera las relaciones entre Washington y Moscú, un malestar que amenazaba con extenderse a la cooperación contra el programa nuclear iraní, entre otros asuntos.
Gates admitió que el abandono del proyecto vigente hasta ahora puede eliminar algunas de las preocupaciones rusas, si bien insistió en que la medida no es una concesión a Moscú sino una mejor manera de responder a las preocupaciones sobre Irán.
Obama también se refirió a las críticas rusas, al asegurar que las preocupaciones de Moscú sobre los "programas de defensa antimisiles previos carecían por completo de fundamento".
El anuncio se produce pocos días antes de la llegada del presidente ruso, Dmitri Medvédev, a Estados Unidos para participar en la Asamblea General de la ONU y la cumbre del G-20 en Pittsburgh.
El proyecto concebido por la Administración Bush tenía previsto el despliegue de un sistema de radares en la República Checa y una decena de interceptores en Polonia, para lo que ya se habían firmado los correspondientes acuerdos bilaterales.
Desde la llegada de Obama al poder, la nueva Administración demócrata había dejado clara una actitud más escéptica acerca de la eficacia del proyecto.
El presidente estadounidense notificó su decisión la pasada noche al primer ministro checo, Jan Fischer, y hoy al jefe de Gobierno polaco, Donald Tusk.
Rusia ha expresado su satisfacción por la medida, al igual que el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, que la describió como un "paso positivo".
Pero en Estados Unidos, el senador republicano John McCain, que disputó a Obama las elecciones del año pasado, advirtió de que la medida "cuenta con el potencial de minar el liderazgo estadounidense en Europa del Este".
Fracasa el escudo antimisiles que EE.UU. diseñó para defenderse de Irán
Los planes estadounidenses preveían la instalación de un potente radar en la República Checa, así como de diez misiles de interceptación en la vecina Polonia.
El asunto causó un enfriamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, que dijo sentirse amenazado por la instalación del escudo en el territorio de dos de sus ex satélites comunistas.
Como consecuencia, las autoridades rusas suspendieron unilateralmente a finales de 2007 la aplicación del Tratado de Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE).
A pesar de los roces con Rusia, el Gobierno estadounidense siguió adelante con el escudo y logró incluso el apoyo de la OTAN, cuya cumbre presidencial de Bucarest en abril 2008 dio su apoyo oficial al proyecto.
Las instalaciones en Europa iban a formar parte del sistema defensivo contra misiles, denominado National Missile Defense (NMD).
Se trataba de un complejo entramado de comunicaciones, radares y cohetes que, según las previsiones del Pentágono, se encargaría de detectar y destruir en vuelo cualquier misil o conjunto de misiles lanzados contra Estados Unidos.
El programa tenía un coste estimado superior a los 20.000 millones de dólares entre las tres etapas de que constaba, desde 1998 a 2015.
El proyecto nació en 1996 durante la Administración de Bill Clinton, pero ésta dejó en manos de su sucesora la puesta en marcha por los cuantiosos gastos que conllevaba su investigación y desarrollo.
La idea de contar con un escudo que hiciera invulnerable a EEUU de supuestos ataques nucleares comenzó, sin embargo, en la década de los años ochenta, con el proyecto de "guerra de las galaxias" del presidente norteamericano Ronald Reagan.
En el verano del año pasado, EEUU firmó los contratos de instalación con Polonia y la República Checa.
A cambio de su participación en el proyecto, Estados Unidos se comprometió a modernizar los ejércitos de los dos países ex comunistas, miembros de la OTAN desde 1999.
En julio pasado, el nuevo presidente de EEUU, Barack Obama, se reunió en Moscú con su homólogo ruso, Dmitri Medvédev, quien le propuso diseñar un escudo capaz de proteger a todos los países.