Los extranjeros contribuyen a la diversidad y calidad de las Fuerzas Armadas de EE.UU., reconoció hoy el presidente Barack Obama, pero, en víspera del Día de los Veteranos, la comunidad inmigrante añora la aprobación del "Dream Act", proyecto estancado en el Congreso desde 2003.
Obama participó hoy en un servicio fúnebre por las 13 víctimas del tiroteo en Fort Hood (Texas) el jueves pasado, entre las que figuran el mayor Libardo Eduardo Caraveo, quien emigró de adolescente a EE.UU. desde México en la década de 1970, y la soldado raso Francheska Vélez, de padre colombiano y madre puertorriqueña.
El presidente destacó el sacrificio y heroísmo de cada una de las víctimas que perecieron a manos de uno de los suyos, el mayor Nidal Malik Hasan, de 39 años.
Caraveo, recordó Obama, hablaba un poquito de inglés cuando llegó a EE.UU., se propuso estudiar y obtuvo un doctorado, y ahora ayudaba a las unidades de combate a hacer frente al estrés de los desplazamientos.
Vélez esperaba su primer hijo y acababa de prestar servicio en Corea del Sur e Irak.
"El Día de los Veteranos es nuestra oportunidad de rendir homenaje a estos estadounidenses que han servido en los campos de batalla desde Lexington a Antietam, desde Normandía a Manila, de Inchon a Khe Sanh, de Ramadi a Kandahar", dijo Obama.
"Son estadounidenses de todas las esferas, razas y religiones. Son cristianos y musulmanes, judíos e hindúes, y no creyentes. Son descendientes de inmigrantes e inmigrantes. Reflejan la diversidad que define a Estados Unidos", continuó.
Así, Obama no sólo elogió el "patriotismo" y el "compromiso" con la defensa del país que comparten los inmigrantes, sino también la riqueza cultural que aportan a las Fuerzas Armadas.
Según un informe del Centro de Política Migratoria (IPC, por su sigla en inglés), hay más de 114.000 extranjeros en las Fuerzas Armadas de EE.UU.
Son soldados en pleno combate, traductores, intérpretes y expertos culturales. Son indispensables en la recopilación de datos de inteligencia y, sobre todo, en la lucha global contra el terrorismo, según el informe.
Cerca del 80,97 por ciento de los soldados extranjeros han obtenido la ciudadanía estadounidense, en comparación con el 12,66 por ciento que aún no lo ha hecho, según el informe titulado "Clave para la lucha: los inmigrantes en el Ejército, ocho años después del 11-S".
Desde esa fecha, el Congreso de EE.UU. ha modificado los reglamentos en torno al reclutamiento y naturalización de los extranjeros, para incentivar su participación militar.
Sin embargo, ello, al parecer, no hace mucha falta, pues los inmigrantes han salido siempre a la defensa de Estados Unidos, desde la Guerra de Independencia (1775-1782) hasta los conflictos actuales en Irak y Afganistán.
Pese a esas contribuciones, el Congreso sigue dando largas al proyecto de ley "Dream Act", introducido en 2003 y que permitiría la legalización de jóvenes indocumentados que aspiran a una educación universitaria o dar servicio en el Ejército.
La iniciativa ha sido secundada por grupos cívicos y hasta por el Departamento de Educación de Obama, pero en el Congreso cualquier discusión sobre la regularización de indocumentados se vuelve campo minado.
Según el Instituto de Política Migratoria (MPI), si el Congreso hubiese aprobado el "Dream Act" en 2006, cerca de 279.000 jóvenes indocumentados reunirían ahora los requisitos para entrar a la universidad o a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.