Ola**En los últimos días hemos conocido de una ola de asaltos a residencias de destacados empresarios y políticos del país. En cada caso se repiten procedimientos propios de una banda muy organizada. La audacia de incluir entre sus víctimas a un ministro de Estado, y de dejar mensajes con las domésticas de la casa del tono "esto no es con usted sino con su jefe", dan pie a mayores preocupaciones.
Colombianos**Otro elemento común es el acento, aparentemente colombiano, que tienen los asaltantes. Estos asaltos nos recuerdan una de las razones por las que nos separamos de Colombia en 1903; la interminable y elevada violencia. Hay muchos ciudadanos colombianos cuyo capital y talento debe ser bienvenido, pero hay otros que queremos del otro lado del tapón del Darién.
Autoridades**Mientras la ciudadanía se siente inerme, frente a la posibilidad de estar enfrentando a una banda sin Dios ni Ley que es tan osada y profesional, que se atreve a asaltar hasta la casa de un ministro; la policía carece de presupuesto, equipos y vehículos, y la PTJ no sale de su propia maraña de escándalos y denuncias de corrupción, cabe sospechar que sólo nos queda rezar, porque no hay quien aplique la Ley.