20 ó 25 millones después
Dos cosas dejaron patente las interminables primarias de los diferentes partidos, que arrancaron hace más de un año y que, finalmente, concluyeron el pasado domingo, con las del partido gobernante: la primera, es la constatación de que los partidos Panameñista, Cambio Democrático y PRD tienen mucha menos capacidad de convocatoria que la que pregonan sus dirigentes. Conjuntamente, sólo lograron "arriar" para que votara al 40% de sus adherentes, lo que, no importa como lo quieran explicar o acomodar, los ha dejado muy mal parados; la segunda, es que hemos sido testigos de un descomunal y ofensivo derroche de millones. Para tirar un número, por lo bajo, deben haberse gastado de 20 a 25 millones de balboas. En resumidas cuentas, ha sido una contienda entre millonarios motivados, según ellos, "por el único y loable propósito de servir al pueblo". ¡Eso, que se lo crean los gallotes carroñeros de la bahía!
Esos derroches multimillonarios sólo han servido para comprobar que nuestro sistema electoral sigue dominado por los oscuros y poderosos intereses económicos que controlan y financian los partidos políticos, que están dispuestos a gastarse "lo que sea necesario" para retener o hacerse con el poder.
Ahora sabemos quienes serán los candidatos de esos partidos, y también que en la elección de todos ellos apenas participó el 30% de los electores registrados para votar en las elecciones del 3 de mayo de 2009.
Definidas las cuatro candidaturas ya proclamadas de Guillermo Endara, Juan Carlos Varela, Ricardo Martinelli y Balbina Herrera, como tendrá que ocurrir, las diligentes encuestadoras, en sus próximos sondeos, volverán a preguntar: ¿Si las elecciones fueran hoy, usted por quien votaría? Y los entrevistados, constreñidos a escoger entre esas alternativas, se decantarán por alguno de ellos o se abstendrán de opinar.
Pero, ¿reflejarán esos sondeos lo que realmente quiere el país? ¿Llenan esas candidaturas las aspiraciones de los electores o preferirían una alternativa diferente? La única vía para dar respuesta a esas interrogantes y medir los anhelos de la mayoría de los electores, que no se involucró en las llamadas primarias, sería dar otro sesgo a las futuras encuestas. A la pregunta tradicional de ¿usted por quién votaría?, circunscrita a las cuatro opciones conocidas, debiera agregarse otra, formulada así: ¿Le satisface tener que escoger entre las cuatro candidaturas conocidas o preferiría usted que hubiera otra diferente?
Las cuatro candidaturas conocidas son percibidas por la mayor parte del pueblo como una imposición de la partidocracia y de los intereses económicos que la controlan y que ha secuestrado para su beneficio el sistema electoral panameño. La mitad de los electores no pertenece a ningún partido y de los pertenecientes a los partidos el 60% no acudió a sus convocatorias ni participó de sus primarias. Sumados ambos, representan más del 70% de los electores. Y a ese porcentaje, ampliamente mayoritario no lo movió ni lo motivó la inversión de los 25 millones gastados en las contiendas internas. Ignorarlo es divorciarse de la realidad y, en esencia, es un irrespeto al único soberano: el pueblo.