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2004


Para muchos se celebra el fin de un año y el inicio de otro, así de sencillo. Para otros, se hacen recuentos de lo hecho y lo dejado de hacer, tomando estos últimos como propósitos firmes para realizaciones concretas en el nuevo año. Pero para todos, sin distinción, iniciamos un año de cambios en los principales poderes del Estado y en la estructura misma de todo el andamiaje gubernamental. Sólo para los que son gobierno, sí les aplica una frase que escucho desde niño en mi extrañada tierra chiricana: ¡Se acabó lo que se daba!
El año que terminó fue rico en sobresaltos de todo tipo. La burla a la opinión pública y el descaro e impunidad llevados a sus mayores niveles, distinguieron muchos de los eventos y sucesos que dominaron el panorama. Los problemas sociales más apremiantes han seguido sin resolver y algunos, peligrosamente, en aumento. Las expectativas respecto del porvenir inmediato se centrarán en las diferentes propuestas electorales, muchas de las cuales ya comienzan a distinguirse por su carencia de contenido o por su soñadora e irresponsable capacidad de vender falsas esperanzas.
El 2 de mayo todos tendremos la democrática oportunidad de elegir el equipo que deberá conducirnos por los senderos del próximo quinquenio. Para ello, la evaluación serena y coherente de todo lo que está en juego con nuestra decisión, será fundamental. En 1999 escribí un artículo que denominé “El voto útil”. En él llamaba la atención, entre otras cosas, de la oportunidad que teníamos entonces y que se repite hoy, de no sólo votar, sino de elegir entre las tres propuestas que se conformaron. El artículo obedecía a una respuesta que le daba a un querido amigo respecto del error que se cometía apostando a candidatos, en vez de elegir a buenos gobernantes. Sobran las evidencias de quién se equivocó y de quién ganó perdiendo.
El panorama se vuelve casi a repetir. Es pública mi preferencia política, así como mi participación reciente en la actividad partidaria. Sobre ello, creo que no tengo que aclarar ni explicar los por qué de mi decisión. Sin embargo, al país tenemos que verlo, todos, como la colectividad cuya suerte se pone en juego cada vez que elegimos a los conductores de nuestros destinos. He reiterado que la experiencia y la convicción de trabajar honestamente deben ser y será, estoy seguro, un factor decisivo al final del torneo. Hay claramente la necesidad de transformar las estructuras mismas del Estado y del sistema.
La precaria situación económica, fiscal y financiera en que se encontrará al país y la incapacidad de que el sistema sirva, tal y como se conoce y se encuentra, como mecanismo de solución rápida a la justificada impaciencia colectiva, que va a notarse desde el momento mismo en que se defina la suerte electoral, pueden hacer que la gestión nueva de gobierno sucumba, no por incapacidad propia, sino por no poder satisfacer ni las más mínimas aspiraciones de todo un pueblo que, en adición de exigir claras rendiciones de cuentas a muchos, exigirá soluciones a sus problemas más apremiantes, sobretodo el desempleo generalizado.
Se inicia un año decisivo. El cambio que marca inexorablemente, lleva consigo, también, la urgente necesidad de recuperar el quinquenio perdido que dejamos atrás y devolverle a la Nación entera la real percepción de que hay un equipo honesto trabajando con sacrificios para volver a recuperar a nuestro país de la postración en que lo han sumido, alejados del escándalo diario y de el deseo de llegar al poder a servirse de él. Son claras las opciones que tenemos y deben ser más claras aún, las convicciones que refuercen ese sentir nacional de que hay que empezar a realizar los cambios necesarios y profundos para poder hacer las cosas bien. De eso se trata, a mi juicio, la reflexión personal y sincera de cada quien con su conciencia. Al final, de lo que pase, sólo nosotros seremos los responsables.
Espero poder seguir compartiendo con todos ustedes mis personales reflexiones durante este nuevo año. A pesar de todo, me siento optimista porque promisorio es y será nuestro futuro. ¡De eso estoy seguro!
Todo lo mejor, siempre, para el 2004.

101 años de Panamá América

 
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