34 no son mayoría, porque hacen falta dos
Como nuestra Asamblea Legislativa está integrada por 71 legisladores la mayoría absoluta, es decir, la mitad más uno, son 36.
Después de conocidos los resultados de las pasadas elecciones, al saberse que el PRD consiguió 34 legisladores, que no significa que obtuviera más votos sino que capitalizó mejor los vicios del sistema electoral, se ha dado por descontado que el actual partido gobernante dominará la Asamblea Legislativa.
Esa presunción se ha basado en dos supuestos: 1) que los 8 legisladores de los partidos que, junto con el PRD, formaron la alianza electoral conocida como "Nueva Nación", es decir, el Liberal Nacional del Sr. Arango y Solidaridad del Sr. Lewis, seguirían, incondicionalmente, las directrices que les impartiera su socio mayor, a partir del 1 de septiembre próximo y 2) que los 5 legisladores de la alianza "Acción Opositora", ahora reducida al PDC, secundarían al PRD en su oposición al gobierno que presidirá Mireya Moscoso.
Sobre este tema he escrito algunas líneas anteriormente, pero sólo de pasada y antes de que se dieran las manifestaciones públicas de independencia de calificados voceros del que, para efectos prácticos, llamaré el "grupo mixto", por su diferente procedencia, pues unos han sido aliados del gobierno y otros provienen de la "tercera fuerza", y que incluye a los 13 legisladores de los partidos Liberal Nacional, Solidaridad y PDC.
Todo parece indicar que la Asamblea se dividirá en tres bloques de parlamentarios: 34 del PRD, 24 de Unión por Panamá y 13 de Grupo Mixto.
Contrario a lo que se daba como una consecuencia inevitable del resultado de las elecciones, pienso que, a estas fechas, los integrantes del Grupo Mixto no deben estar muy dispuestos a entregarle el control de la Junta Directiva y las presidencias de las comisiones de la Asamblea al PRD.
La denominada alianza Nueva Nación fue un acuerdo coyuntural con fines electorales y, aunque tres de los cuatro partidos que la integraron subsistieron, se agotó con las elecciones; y, por otro lado, la otra alianza, denominada Acción Opositora, se extinguió por mandato legal, al desaparecer tres de los cuatro partidos que la formaron.
En estas circunstancias, el Grupo Mixto se constituye en el "bloque bisagra" de la Asamblea y ellos deberán sopesar muy bien hacia qué lado inclinarán la balanza.
Por una parte, el PRD insistirá en atraerles, ofreciéndoles que compartan con ellos el control del Organo Legislativo y lo que eso conlleva; mangonear el Presupuesto, las "partidas circuitales" y "poner en jaque" al futuro gobierno. Del otro lado, estará el nuevo gobierno que encabezará la candidata que ellos (liberales, solidaristas y democristianos) adversaron, con menos legisladores que el PRD, pero que llega al poder con un respaldo popular indiscutible.
Error craso sería que el Grupo Mixto se aliara al PRD, para boicotear al gobierno de Mireya Moscoso; el pueblo no se los perdonaría. Sería como si ellos mismos "se empujaran" (la frase se usa con licencia gramatical), al despeñadero político.
Igualmente sería un error que el Grupo Mixto buscara negociar sus votos a cambio de posiciones en el nuevo gobierno. Un viraje tan prematuro sería injustificable.
Sin ánimos de dar consejos, lo que no acostumbro, opino que el Grupo Mixto se le presenta una oportunidad dorada para contribuir a la consolidación de nuestra democracia y para hacer patria.
Y la manera de aprovecharla sería resistiéndose a los cantos de sirena con que trate de seducirlos el PRD y conviviendo un "Pacto Táctico" con el gobierno entrante, circunscrito, exclusivamente, a la elección de las Juntas Directivas de la Asamblea y de sus comisiones.
Mediante ese "Pacto Táctico" el Grupo Mixto bien puede convenir con la Unión por Panamá unir sus votos para decidir, exclusivamente, repito, la integración de las Juntas Directivas de la Asamblea y de sus comisiones. Ello aseguraría la funcionalidad del Organo Legislativo, pero, al estar circunscrito a la elección de las directivas parlamentarias, le reservaría al Grupo Mixto su independencia para votar, como estime más conveniente, sobre los proyectos de leyes que se discutan en la Asamblea.
Prestarle al PRD los dos votos que le hacen falta, insisto, sería un fatal error, cuyo costo político inmediato lo pagarían los partidos del Grupo Mixto, pero cuyos efectos a largo plazo, que son mucho más graves, repercutirían sobre toda la nación.
Después de conocidos los resultados de las pasadas elecciones, al saberse que el PRD consiguió 34 legisladores, que no significa que obtuviera más votos sino que capitalizó mejor los vicios del sistema electoral, se ha dado por descontado que el actual partido gobernante dominará la Asamblea Legislativa.
Esa presunción se ha basado en dos supuestos: 1) que los 8 legisladores de los partidos que, junto con el PRD, formaron la alianza electoral conocida como "Nueva Nación", es decir, el Liberal Nacional del Sr. Arango y Solidaridad del Sr. Lewis, seguirían, incondicionalmente, las directrices que les impartiera su socio mayor, a partir del 1 de septiembre próximo y 2) que los 5 legisladores de la alianza "Acción Opositora", ahora reducida al PDC, secundarían al PRD en su oposición al gobierno que presidirá Mireya Moscoso.
Sobre este tema he escrito algunas líneas anteriormente, pero sólo de pasada y antes de que se dieran las manifestaciones públicas de independencia de calificados voceros del que, para efectos prácticos, llamaré el "grupo mixto", por su diferente procedencia, pues unos han sido aliados del gobierno y otros provienen de la "tercera fuerza", y que incluye a los 13 legisladores de los partidos Liberal Nacional, Solidaridad y PDC.
Todo parece indicar que la Asamblea se dividirá en tres bloques de parlamentarios: 34 del PRD, 24 de Unión por Panamá y 13 de Grupo Mixto.
Contrario a lo que se daba como una consecuencia inevitable del resultado de las elecciones, pienso que, a estas fechas, los integrantes del Grupo Mixto no deben estar muy dispuestos a entregarle el control de la Junta Directiva y las presidencias de las comisiones de la Asamblea al PRD.
La denominada alianza Nueva Nación fue un acuerdo coyuntural con fines electorales y, aunque tres de los cuatro partidos que la integraron subsistieron, se agotó con las elecciones; y, por otro lado, la otra alianza, denominada Acción Opositora, se extinguió por mandato legal, al desaparecer tres de los cuatro partidos que la formaron.
En estas circunstancias, el Grupo Mixto se constituye en el "bloque bisagra" de la Asamblea y ellos deberán sopesar muy bien hacia qué lado inclinarán la balanza.
Por una parte, el PRD insistirá en atraerles, ofreciéndoles que compartan con ellos el control del Organo Legislativo y lo que eso conlleva; mangonear el Presupuesto, las "partidas circuitales" y "poner en jaque" al futuro gobierno. Del otro lado, estará el nuevo gobierno que encabezará la candidata que ellos (liberales, solidaristas y democristianos) adversaron, con menos legisladores que el PRD, pero que llega al poder con un respaldo popular indiscutible.
Error craso sería que el Grupo Mixto se aliara al PRD, para boicotear al gobierno de Mireya Moscoso; el pueblo no se los perdonaría. Sería como si ellos mismos "se empujaran" (la frase se usa con licencia gramatical), al despeñadero político.
Igualmente sería un error que el Grupo Mixto buscara negociar sus votos a cambio de posiciones en el nuevo gobierno. Un viraje tan prematuro sería injustificable.
Sin ánimos de dar consejos, lo que no acostumbro, opino que el Grupo Mixto se le presenta una oportunidad dorada para contribuir a la consolidación de nuestra democracia y para hacer patria.
Y la manera de aprovecharla sería resistiéndose a los cantos de sirena con que trate de seducirlos el PRD y conviviendo un "Pacto Táctico" con el gobierno entrante, circunscrito, exclusivamente, a la elección de las Juntas Directivas de la Asamblea y de sus comisiones.
Mediante ese "Pacto Táctico" el Grupo Mixto bien puede convenir con la Unión por Panamá unir sus votos para decidir, exclusivamente, repito, la integración de las Juntas Directivas de la Asamblea y de sus comisiones. Ello aseguraría la funcionalidad del Organo Legislativo, pero, al estar circunscrito a la elección de las directivas parlamentarias, le reservaría al Grupo Mixto su independencia para votar, como estime más conveniente, sobre los proyectos de leyes que se discutan en la Asamblea.
Prestarle al PRD los dos votos que le hacen falta, insisto, sería un fatal error, cuyo costo político inmediato lo pagarían los partidos del Grupo Mixto, pero cuyos efectos a largo plazo, que son mucho más graves, repercutirían sobre toda la nación.