Aberrante paradoja política
Guillermo Endara y yo fuimos condiscípulos, durante los seis años que compartimos la misma aula de clases en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá. En nuestra graduación ocupó el Primer Puesto de Honor y se hizo acreedor a una beca para estudios de postgrado, que completó en los Estados Unidos.
Desde que regresó a Panamá, se ha dedicado al ejercicio de la abogacía, con mucho éxito profesional, como socio del bufete que presidió el doctor Galileo Solís, uno de los más destacados profesionales del Derecho que ha dado nuestro país.
Igualmente, desde que lo conozco, siempre ha sido arnulfista y a su causa política también se consagró con dedicación y lealtad.
Hasta donde recuerdo no ocupó cargos públicos hasta 1968, cuando fue, por once días, parte del gobierno del Dr. Arnulfo Arias, como Director de Administración y Planificación de la Presidencia de la República, que tenía rango ministerial y que después se convirtió en el Ministerio de Planificación y Política Económica.
En 1989, por circunstancias conocidas, asumió la candidatura de la ADO-Civilista, para encabezar la oposición a una dictadura soberbia de poderío que no se detenía ante nada. Se le confirió un gran honor, pero también una enorme responsabilidad cargada de riesgos, incluso personales, que él aceptó con valentía y con la gran humildad y sencillez que lo ha caracterizado durante toda su vida.
En mayo de 1989, el pueblo panameño rechazó a la dictadura en las urnas y ésta, para no aceptar su derrota, anuló las elecciones que Endara había ganado por la más amplia mayoría (casi tres cuartas partes de los votos) que registra nuestra historia electoral.
A la anulación de las elecciones siguió más represión. La dictadura, herida de muerte, colocó al país en un estado de sitio permanente, donde no existían las garantías más elementales. De esos días de zozobra, que se prolongaron hasta el 19 de diciembre cuando el gobierno legítimamente electo pudo asumir sus funciones, Endara fue protagonista estelar.
Antes de su postulación a la más alta magistratura, el país conocía muy poco a su nuevo dirigente. En su gobierno estaban puestas grandes esperanzas, producto del enorme saldo de insatisfacciones y frustraciones acumuladas durante los años de la dictadura.
A pesar de haber asumido la administración del Estado en las peores condiciones en que lo haya hecho gobierno alguno de nuestra historia, su gestión presidencial fue extraordinaria, con grandes resultados que, injustamente y con grandes dosis de mezquindad, le siguen siendo regateados, y que coronó realizando un proceso electoral ejemplar.
Trabajó con honestidad y dedicación y, ante todo, con estricto apego al Derecho. Y con la misma humildad con que asumió el más grande honor que la Patria concede a sus hijos dejó el cargo, después de haber hecho todo cuanto pudo hacer para rescatar al país del monumental caos que heredó en diciembre de 1989. ¡Y lo logró! Ahí están los resultados concretos de su gestión para probarlo.
La Presidenta de la República ha tomado la decisión de designarlo Magistrado de la Corte Suprema de Justicia y ahora depende de la Asamblea Legislativa que esa designación sea ratificada.
A estas alturas de su vida, después de haber ejercido la más alta magistratura del país, Guillermo Endara no necesita de nuevos honores y, por eso, sorprendió que estuviera dispuesto a asumir esta nueva responsabilidad que le demandará muchas horas de arduo trabajo. Al aceptarla, renuncia al ejercicio de la abogacía, a la que había vuelto, y también a su militancia arnulfista, las dos actividades a las que ha dedicado casi toda su vida. Y no lo hace por razones materiales, pues todos sabemos que disfruta de una sólida posición económica.
Yo pienso que la justicia panameña ganaría de la experiencia y trayectoria profesional y humana de Guillermo Endara y creí que así lo verían también los miembros de la Asamblea Legislativa. Por eso no entiendo la increíble paradoja que se ha planteado, como consecuencia del sometimiento de su nombramiento a la ratifación del Organo Legislativo.
Las cartas credenciales de Endara son 30 años de ejercicio profesional y una trayectoria política irreprochable. Sin embargo, su ratificación, aparentemente, enfrenta serias dificultades, como resultado de la oposición de sectores que, al igual que él, lucharon contra la dictadura.
Es una aberrante paradoja que representantes de esos mismos sectores que han expresado oposición al nombramiento de Endara hayan votado por mantener en su cargo al director de la ARI, también ex presidente de la República, pero que accedió a ese cargo tras un fraude electoral, impuesto por la dictadura, a la que se entregó en cuerpo y alma, y que fue protagonista principal o cómplice calificado de la época más oscura de la historia nacional.
Desde que regresó a Panamá, se ha dedicado al ejercicio de la abogacía, con mucho éxito profesional, como socio del bufete que presidió el doctor Galileo Solís, uno de los más destacados profesionales del Derecho que ha dado nuestro país.
Igualmente, desde que lo conozco, siempre ha sido arnulfista y a su causa política también se consagró con dedicación y lealtad.
Hasta donde recuerdo no ocupó cargos públicos hasta 1968, cuando fue, por once días, parte del gobierno del Dr. Arnulfo Arias, como Director de Administración y Planificación de la Presidencia de la República, que tenía rango ministerial y que después se convirtió en el Ministerio de Planificación y Política Económica.
En 1989, por circunstancias conocidas, asumió la candidatura de la ADO-Civilista, para encabezar la oposición a una dictadura soberbia de poderío que no se detenía ante nada. Se le confirió un gran honor, pero también una enorme responsabilidad cargada de riesgos, incluso personales, que él aceptó con valentía y con la gran humildad y sencillez que lo ha caracterizado durante toda su vida.
En mayo de 1989, el pueblo panameño rechazó a la dictadura en las urnas y ésta, para no aceptar su derrota, anuló las elecciones que Endara había ganado por la más amplia mayoría (casi tres cuartas partes de los votos) que registra nuestra historia electoral.
A la anulación de las elecciones siguió más represión. La dictadura, herida de muerte, colocó al país en un estado de sitio permanente, donde no existían las garantías más elementales. De esos días de zozobra, que se prolongaron hasta el 19 de diciembre cuando el gobierno legítimamente electo pudo asumir sus funciones, Endara fue protagonista estelar.
Antes de su postulación a la más alta magistratura, el país conocía muy poco a su nuevo dirigente. En su gobierno estaban puestas grandes esperanzas, producto del enorme saldo de insatisfacciones y frustraciones acumuladas durante los años de la dictadura.
A pesar de haber asumido la administración del Estado en las peores condiciones en que lo haya hecho gobierno alguno de nuestra historia, su gestión presidencial fue extraordinaria, con grandes resultados que, injustamente y con grandes dosis de mezquindad, le siguen siendo regateados, y que coronó realizando un proceso electoral ejemplar.
Trabajó con honestidad y dedicación y, ante todo, con estricto apego al Derecho. Y con la misma humildad con que asumió el más grande honor que la Patria concede a sus hijos dejó el cargo, después de haber hecho todo cuanto pudo hacer para rescatar al país del monumental caos que heredó en diciembre de 1989. ¡Y lo logró! Ahí están los resultados concretos de su gestión para probarlo.
La Presidenta de la República ha tomado la decisión de designarlo Magistrado de la Corte Suprema de Justicia y ahora depende de la Asamblea Legislativa que esa designación sea ratificada.
A estas alturas de su vida, después de haber ejercido la más alta magistratura del país, Guillermo Endara no necesita de nuevos honores y, por eso, sorprendió que estuviera dispuesto a asumir esta nueva responsabilidad que le demandará muchas horas de arduo trabajo. Al aceptarla, renuncia al ejercicio de la abogacía, a la que había vuelto, y también a su militancia arnulfista, las dos actividades a las que ha dedicado casi toda su vida. Y no lo hace por razones materiales, pues todos sabemos que disfruta de una sólida posición económica.
Yo pienso que la justicia panameña ganaría de la experiencia y trayectoria profesional y humana de Guillermo Endara y creí que así lo verían también los miembros de la Asamblea Legislativa. Por eso no entiendo la increíble paradoja que se ha planteado, como consecuencia del sometimiento de su nombramiento a la ratifación del Organo Legislativo.
Las cartas credenciales de Endara son 30 años de ejercicio profesional y una trayectoria política irreprochable. Sin embargo, su ratificación, aparentemente, enfrenta serias dificultades, como resultado de la oposición de sectores que, al igual que él, lucharon contra la dictadura.
Es una aberrante paradoja que representantes de esos mismos sectores que han expresado oposición al nombramiento de Endara hayan votado por mantener en su cargo al director de la ARI, también ex presidente de la República, pero que accedió a ese cargo tras un fraude electoral, impuesto por la dictadura, a la que se entregó en cuerpo y alma, y que fue protagonista principal o cómplice calificado de la época más oscura de la historia nacional.