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Abogados amplían fuentes de ingreso por demandas


El lucrativo negocio de las demandas expande sus apetencias más allá de la industria tabacalera, pues otras actividades industriales, como la química y petrolera, podrían reportar ganancias en juicios ambientales y por enfermedades.
En la última década varias industrias se han convertido en el blanco de los codiciosos bufetes de abogados que se quedan con la mayor tajada en los litigios. La recientemente difundida política ambiental de los Estados Unidos abre un universo de posibles demandas en contra de todo tipo de empresas y los abogados ya sacaron sus cuentas y comenzaron a buscar clientes entre quienes tengan alguna dolencia que se pueda adosar a cualquier industria.
La mejor noticia del nuevo milenio para los bufetes de abogados fue el primer informe anual del Departamento de Estado, relativo al medio ambiente del vicepresidente Albert Gore, quien afirmó: "los problemas ambientales, entre ellos los cambios climáticos mundiales, el agotamiento de la capa de ozono, la contaminación del aire y los océanos, y la degradación de los recursos - agravados por el crecimiento demográfico mundial- no respetan fronteras y ponen en peligro la salud, la prosperidad y los empleos de todos los estadounidenses.
Todos los proyectiles y toda la artillería en nuestros arsenales no podrán proteger a nuestro pueblo contra el aumento del nivel de los mares, el aire envenenado, o los alimentos rociados con plaguicidas. No bastaran nuestros esfuerzos para promover la democracia, el libre comercio y la estabilidad en el mundo si la gente carece de un ambiente donde pueda vivir".
Las industrias petrolera, química, textil, nuclear, de plásticos, madera, alimentos y computación cabrían cómodamente en el grupo de las que degradan el ambiente y dañan la salud de las personas. Por lo tanto, bien podrían formar parte de la lista de posibles demandados, a pesar de que ejecutan sus operaciones de acuerdo a las normas y leyes establecidas por el Estado y son parte de la gran bonanza económica que se vive en los Estados Unidos, en la última década.
Las empresas, al igual que la economía de los Estados Unidos, están en un buen momento y para muchos profesionales de la demanda parecería ser la hora de recoger ganancias sin esfuerzo.Las industrias química y petrolera encabezan la lista de potenciales fuentes de ingresos, que complementen los obtenidos del productivo ordeño legal a las tabacaleras.
Según Rachel Carson, autor del libro Silent Spring, la inocuidad del agua que bebemos, del aire que respiramos y de los alimentos que consumimos esta directamente afectada por la capacidad mundial de equilibrar los beneficios agrícolas, medicinales e industriales que aportan el uso de plaguicidas y productos químicos con los riesgos que presentan.
Estas industrias pueden ser tanto o más lucrativas desde los puntos de vista económico y electoral. Muchos están dispuestos crucificar a las empresas contaminantes, pero pocos están dispuestos a sacrificar el confort que proporciona el aire acondicionado, la calefacción, la comida rápida y alimentos libres de bacterias y parásitos.
Los países industrializados, especialmente los Estados Unidos, tienen la mayor parte de responsabilidad en los problemas ambientales del mundo. Sin embargo, muestran un mínimo interés en dejar de alimentar gigantescos botaderos de basura y lanzar a la atmósfera gases que dañan la capa de ozono. Al mismo tiempo, evaden discutir el tema en el marco de una agenda global, donde se discuta estos asuntos en términos equitativos con todos los países. Sin duda, es más fácil culpar a otros, antes que asumir las responsabilidades.
Lisett González, es periodista venezolana, corresponsal en Nueva York de la cadena de televisión de su país " Venevisión".

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