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Abuso intolerable


La celebración de nuestros carnavales fue un éxito; pero como no todo es perfecto, hubo una nota discordante que la empañó.
Durante los cuatro días de celebraciones a las dos de la madrugada la ciudad pareció haberse convertido en un campo de batalla en el cual los cañones tronaban horrendamente. Eran fuegos artificiales.
Aquello no tiene otra explicación que la de la ignorancia o el desprecio que algunos sienten por su prójimo Esa no es hora para detonaciones. El estruendo era de pánico. A consecuencia de ello, centenares de niños despertaron aterrorizados y llorando amargamente y por ende, familias enteras quedaron sumidas en el desvelo, según quejas que hemos recibido.
Protestamos contra esa práctica desconsiderada y nefasta. Invitamos también a nuestros lectores a que se pronuncien sobre el particular. Las autoridades que, conforme a nuestra Constitución Nacional tienen la misión de proteger la vida, honra y bienes de los ciudadanos, deben pronunciarse.
Es preciso establecer categóricamente y para siempre que en el territorio nacional en ninguna actividad se permitirá el uso de detonantes después de las primeras horas de la noche.
Ya hemos llegado al extremo de que con frecuencia a altas horas nocturnas en cualquier día de la semana, aunque no sea feriado, se dan explosiones con las cuales caprichosamente se divierte algún vecino. Por tanto, hacemos un respetuoso pero vehemente llamado al Ministerio de Salud y a la Autoridad Nacional del Ambiente, para que protejan nuestro sistema auditivo, nuestro sistema nervioso y nuestro derecho a dormir sosegadamente, y nos procuren la imagen de ser un país civilizado.

101 años de Panamá América

 
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