Acusado de violador ¿por qué Clinton no clama su inocencia?
Nueva York/AIPE.- Juanita Broaddrick acusa al presidente Bill Clinton de haberla violado en 1978. En su entrevista en televisión del 24 de febrero dijo que había permitido al entonces Fiscal General de Arkansas subir a su habitación del hotel en Little Rock, durante una convención de negocios, con el fin de conversar sobre temas profesionales. Se habían conocido cuando ella trabajó como voluntaria en su primera campaña electoral.
Luego de unas pocas palabras, ella mantiene que Clinton la asaltó, le mordió el labio superior hasta hacerlo sangrar y, luego de rasgarle las pantimedias, la violó. Clinton antes de irse -dice la Sra. Broaddrick-, se puso sus lentes oscuros y le recomendó ponerse hielo en el labio roto. La Sra. Broaddrick contó lo ocurrido a cuatro personas, incluyendo a su amiga enfermera Norma Rogers, quien recuerda haberla encontrado conmocionada.
Noticias NBC escribió a la Casa Blanca a principios de febrero preguntando si la Sra. Broaddrick, próspera dueña de un asilo de ancianos, era confiable y averiguando dónde estaba Clinton el 25 de abril de 1978 -la fecha en que ocurriría la violación-, si el presidente conocía a esa señora, había estado en el cuarto de ella en el hotel y si había tenido alguna relación sexual con ella.
Kendall, el abogado privado del presidente, había dado unas declaraciones enigmáticas nueve días antes: "Cualquier alegato de que el presidente asaltó a la Sra. Broaddrick hace más de 20 años es totalmente falso".
Eso no suena convincente. El presidente de entonces era Jimmy Carter, no Bill Clinton. La Sra. Broaddrick entonces se llamaba Juanita Hickey. Y la declaración de Kendall depende del significado de la palabra "asalto".
Quizá Clinton se está dejando la salida de que la Sra. Broaddrick interpretó mal los hechos, que hubo consentimiento, aunque fue brusco.
A cualquiera que acusen de violar a una mujer reacciona exigiendo probar su inocencia. Por el contrario, el presidente Clinton se mantiene callado y utiliza a sus abogados como escudo. Cuando se le hizo una pregunta en dos partes sobre el caso, el 24 de febrero, el presidente Clinton contestó: "Mi abogado ha declarado sobre lo primero y no tengo nada que agregar".
Tres factores explican la estrategia de evasivas de Clinton: Primero, la Sra. Broaddrick esperó 21 años; eso lo explica ella diciendo que en 1978 nadie le hubiera creído. Insiste que la razón de hacerlo ahora es que no quiere que sus sobrinas y nietas le reclamen haberse quedado callada.
Segundo, Clinton confía en el apoyo de sus amigos, quienes siempre lo han defendido. La reacción del líder demócrata en el Senado, Dick Gephard, fue decir "lo que necesitamos hacer en el Congreso es regresar a trabajar por el pueblo". Y de manera surrealista, a lo Salvador Dali, el vicepresidente Al Gore inauguró el 26 de febrero un nuevo programa gubernamental de 223 millones de dólares "para evitar de una vez por todas la violencia contra las mujeres".
Por último, el presidente Clinton sabe que en Arkansas el delito de violación caduca a los seis años. Ya terminó el juicio del Senado y no existe institución alguna que vaya a tomar cartas en el asunto.
Legalmente eso es así, pero a menos que Estados Unidos se haya convertido en una monarquía, el presidente Clinton le debe una explicación a la ciudadanía. Los ciudadanos, los periodistas, las feministas, los demócratas honestos y republicanos sensibles deben insistir en ello.
Clinton podría despejar la atmósfera con una conferencia de prensa televisada, donde esté dispuesto a contestar todas las preguntas que le hagan los reporteros, hasta dejarlos satisfechos. Pero si decide ignorar tan graves acusaciones, en lugar de refutarlas, será su culpa que la gente le crea a Juanita Broaddrick que el presidente de Estados Unidos es un violador de mujeres.
Luego de unas pocas palabras, ella mantiene que Clinton la asaltó, le mordió el labio superior hasta hacerlo sangrar y, luego de rasgarle las pantimedias, la violó. Clinton antes de irse -dice la Sra. Broaddrick-, se puso sus lentes oscuros y le recomendó ponerse hielo en el labio roto. La Sra. Broaddrick contó lo ocurrido a cuatro personas, incluyendo a su amiga enfermera Norma Rogers, quien recuerda haberla encontrado conmocionada.
Noticias NBC escribió a la Casa Blanca a principios de febrero preguntando si la Sra. Broaddrick, próspera dueña de un asilo de ancianos, era confiable y averiguando dónde estaba Clinton el 25 de abril de 1978 -la fecha en que ocurriría la violación-, si el presidente conocía a esa señora, había estado en el cuarto de ella en el hotel y si había tenido alguna relación sexual con ella.
Kendall, el abogado privado del presidente, había dado unas declaraciones enigmáticas nueve días antes: "Cualquier alegato de que el presidente asaltó a la Sra. Broaddrick hace más de 20 años es totalmente falso".
Eso no suena convincente. El presidente de entonces era Jimmy Carter, no Bill Clinton. La Sra. Broaddrick entonces se llamaba Juanita Hickey. Y la declaración de Kendall depende del significado de la palabra "asalto".
Quizá Clinton se está dejando la salida de que la Sra. Broaddrick interpretó mal los hechos, que hubo consentimiento, aunque fue brusco.
A cualquiera que acusen de violar a una mujer reacciona exigiendo probar su inocencia. Por el contrario, el presidente Clinton se mantiene callado y utiliza a sus abogados como escudo. Cuando se le hizo una pregunta en dos partes sobre el caso, el 24 de febrero, el presidente Clinton contestó: "Mi abogado ha declarado sobre lo primero y no tengo nada que agregar".
Tres factores explican la estrategia de evasivas de Clinton: Primero, la Sra. Broaddrick esperó 21 años; eso lo explica ella diciendo que en 1978 nadie le hubiera creído. Insiste que la razón de hacerlo ahora es que no quiere que sus sobrinas y nietas le reclamen haberse quedado callada.
Segundo, Clinton confía en el apoyo de sus amigos, quienes siempre lo han defendido. La reacción del líder demócrata en el Senado, Dick Gephard, fue decir "lo que necesitamos hacer en el Congreso es regresar a trabajar por el pueblo". Y de manera surrealista, a lo Salvador Dali, el vicepresidente Al Gore inauguró el 26 de febrero un nuevo programa gubernamental de 223 millones de dólares "para evitar de una vez por todas la violencia contra las mujeres".
Por último, el presidente Clinton sabe que en Arkansas el delito de violación caduca a los seis años. Ya terminó el juicio del Senado y no existe institución alguna que vaya a tomar cartas en el asunto.
Legalmente eso es así, pero a menos que Estados Unidos se haya convertido en una monarquía, el presidente Clinton le debe una explicación a la ciudadanía. Los ciudadanos, los periodistas, las feministas, los demócratas honestos y republicanos sensibles deben insistir en ello.
Clinton podría despejar la atmósfera con una conferencia de prensa televisada, donde esté dispuesto a contestar todas las preguntas que le hagan los reporteros, hasta dejarlos satisfechos. Pero si decide ignorar tan graves acusaciones, en lugar de refutarlas, será su culpa que la gente le crea a Juanita Broaddrick que el presidente de Estados Unidos es un violador de mujeres.