default

Agenda para el Centenario (2003)


Un índice de desempleo de 15%, cada vez más creciente, y más de 1.2 millones de personas de la población panameña - el mayor recurso del país desaprovechado - son azogadas por los rigores de la pobreza y marginadas de participar en el desarrollo nacional, por la ausencia de un programa puntual. Esta lamentable situación - que distrae de la economía - es el resultado no sólo de factores exógenos como algunos se esfuerzan en hacernos creer, sino del descuido de años en consolidar una estructura de organización administrativa moderna, acorde con la naturaleza compleja y las características particulares de los problemas socioeconómicos y culturales que confronta Panamá contemporáneo.
Es evidente la ausencia del diseño de programas y proyectos suficientes y coherentes del sector social, paralelo y coordinado con las políticas macroeconómicas y sectoriales, que deben ser encauzados con transparencia y moralidad, para estimular e incentivar al sector privado a jugar el papel que le corresponde de generar empleos en número suficiente y tipos en los que puedan participar los pobres.
Por otra parte, es oportuno señalar que, programas sólidos dirigidos a disminuir el desempleo y la pobreza, tendrán siempre fácil acceso a las fuentes externas de financiamiento y de cooperación técnica, si al mismo tiempo el país proyecta la unidad de los distintos sectores de la comunidad, un sentido de organización eficiente y la seriedad de un marco de seguridad jurídica, político y social.
Mejorar la capacidad de los pobres, para hacerlos productivos, requiere de la intervención oportuna y coordinada del Estado, localizada geográficamente a lo largo y ancho del territorio nacional, sin prejuicios. El acceso a una infraestructura social, por una parte, integrada - educación, salud, vivienda y los servicios públicos - es esencial porque hacer viviendas sin los servicios no necesariamente evita los problemas de salud y de analfabetismo, y los costos elevados de la electricidad pueden limitar su uso y restringir o frenar el desarrollo industrial, por consiguiente, independientes no resuelven los problemas de marginalidad. Por la otra, se requiere de una infraestructura económica que comprenda: vías de comunicación, inversiones en agricultura, ganadería, industria - primaria y secundaria - y turismo, entre otras que generen empleos y contribuciones fiscales para atender la agenda social. En todos los casos es imperativo proteger el ambiente.
Los objetivos de una organización moderna, en el mundo actual, tienen que estar dirigidos a impulsar la economía mediante el mejoramiento de la capacidad competitiva de una producción cualitativa y cuantitativa, penetrar los mercados de consumo potenciales y generar los recursos necesarios para mejorar la calidad de vida de la población. Instituir un proceso consolidado que se apoye en la investigación, la transparencia y la ética, que se retroalimente de los resultados monitoreados y evaluados -por una pequeña burocracia idónea y capaz- es esencial para mejorar la eficiencia en la programación y administración de los gastos públicos. Cada día se hace más evidente la necesidad de controlar la corrupción y evitar los despilfarros, para asegurar el logro de los objetivos nacionales que se programen.
Aquellas medidas de orientación son apenas el inicio de pasos organizados para disminuir la pobreza en Panamá y superar el vacío que ha creado la mala distribución de las riquezas. Es imperativo, por consiguiente, el incremento de los niveles de inversiones y el mejoramiento de la gerencia.
Se estima que para erradicar la pobreza, la economía debe crecer a un ritmo de 6.0% anual sostenido durante un período de 15 años. Crecimiento y erradicación de la pobreza no es una relación automática, por cuanto es necesario concebir a esta última como un objetivo importante del desarrollo nacional. De allí que tiene que ser visualizado y atendido dentro del contexto regional en el que los municipios, por ley, y por razones prácticas y democráticas, deben jugar un papel preponderante. Es la forma organizada de impulsar la participación ciudadana en democracia, para evitar los prejuicios, relegar las acciones arbitrarias, improvisadas e irracionales, que están promoviendo la intensificación de los desequilibrios socioeconómicos y culturales en Panamá. Las consecuencias visibles son del conocimiento de todos.
Los sociólogos afirman que la atención oportuna de las necesidades socioeconómicas y culturales del hombre-mujer, contribuyen a disminuir los gastos en que se incurren por los actos de delincuencia; así lo confirman múltiples experiencias. Es por ello que la agenda para el centenario de Panamá, como país independiente que vive en democracia, debería aspirar a la construcción de una sociedad mejor, mediante la elevación de la calidad de vida de los panameños y la eliminación de todo vicio que pudiera interferir con este objetivo. ¡Hagámosle este regalo de aniversario a Panamá!

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América