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Agradecimientos por una vida en política: 2. A mis copartidarios, simpatizantes y amigos


En el homenaje que me ofreció el Partido Popular indiqué que: "Al mismo tiempo que me permite dar las gracias a mis competidores, críticos y adversarios, con mucha más razón este evento me permite dar las gracias a mis copartidarios, simpatizantes y amigos cuyo estímulo y apoyo ha sido indispensable en mi vida política.
Ingresé al PDC en 1964, a raíz de mi experiencia en la Universidad de Panamá y del 9 de enero de ese año, cuando comprobé que mientras otros partidos se interesaban principalmente en el impacto sobre las elecciones de mayo de ese año del ataque norteamericano, contra los panameños que intentaron ejercer el derecho a que nuestra bandera ondeara en cualquier lugar donde ondeaba el pabellón de EU, el PDC había elaborado su tesis de "la plena panameñización" del Canal y de la Zona. Desde ese entonces he encausado toda mi actividad política con dos rasgos característicos, he sido un político universitario o mejor aún docente y un político de la identidad nacional. Todas mis actividades políticas las encausé a través del PDC, que llegué a presidir desde 1980 hasta 1993. Estoy convencido que sin vida partidaria no hay vida democrática y sin buena vida partidaria no hay buena vida democrática.
La vida partidaria me ha proporcionado algunas de las más valiosas experiencias de dedicación (pienso en demócrata cristianos que ya murieron como Pepe Salgueiro e Iván Romero), de coraje sobre la base de las convicciones políticas (como Luis Emilio Veces), de lealtad a la ética política (como José Antonio Molino), de fidelidad institucional (como Clovis Alemán), de caballerosidad rectilínea (como Antonio González Revilla) y de entrañable amistad con la que he podido contar en toda circunstancia (no menciono nombres porque están vivos y no quisiera dejar ninguno por fuera). Debo reconocer con emoción el papel clave que han jugado en mi vida política las mujeres. Ellas me han acompañado, apoyado, estimulado, defendido y exigido. Y una de ellas (adivinarán quién) me enseñó lo decisiva que es en nuestro tiempo y para el futuro la revolución en el papel de la mujer. A ellas muy especialmente mi agradecimiento y cariño.
Pero a fuer de sincero debo admitir que la vida política proporciona también algunas de las experiencias las más dolorosas de egoísmo, de duplicidad y hasta de traición. Sin embargo, ello no deben confundirse en ningún momento con las válidas diferencias de puntos de vista, ni con las francas discrepancias sobre cursos de acción a seguir, ni tampoco con las leales competencias por los cargos internos y externos. A todos mis copartidarios mi gratitud del fondo de mi corazón. Si algo he podido hacer de bueno por Panamá y por el socialcristianismo en América Latina y en el mundo, se lo debo en buena parte a su colaboración y compañerismo.
Otro tanto debo decir de los simpatizantes y de los amigos políticos incluso de otros partidos o países, varios de los cuales han tenido la gentileza de estar presentes esta noche. Aprovecho la oportunidad para dar testimonio del valor para nosotros los demócratas cristianos panameños del enriquecimiento ideológico que ha representado nuestra membresía en la Organización Demócrata Cristiana de América y en la Internacional Demócrata Cristiana. En cuanto a ODCA debo mencionar que ha tenido dos etapas sobresalientes, la primera bajo la Secretaría General de Aristides Calvani y la segunda actualmente bajo la Presidencia de Gutenberg Martínez. Con ambos he tenido el privilegio de trabajar de cerca.
En Panamá hemos estado haciendo una experiencia de reconciliación que ya pasa del trato civil al trato amistoso. Es una buena señal para el país, porque necesitamos abordar juntos, de verdad y no sólo de apariencia, ciertos problemas, como la expansión del Canal, la política de neutralidad del país, la transformación de nuestra estructura económica de modo que sea a la vez más productiva y equitativa y una transformación educativa que no se quede en la repartición de recursos, sin que se comprometa a educar una elite popular al nivel más alto de excelencia.
Las gracias, las más íntimas, las reservo para cinco personas: Tere, María Teresa, María de los Angeles, Martín Felipe e Ignacio Manuel, mi mujer y mis cuatro hijas e hijos. Uds. son a quienes más quiero en este mundo y a quienes mi vida política más robó en un recurso irremplazable, en tiempo de atención, de compañía y de amor. Perdónenme por no haber sabido controlar mi obsesión por el trabajo político y por haberlos privado de esposo y de padre tantas veces. Les recomiendo a los políticos jóvenes que no cometan ese error. Es el que más lamento haber cometido. (ariyan@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
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