Ahora
Sacerdote jesuita
El Canto de Simeón se le conoce como el "Nunc dimittis" y reza así: Ahora, Señor, tu promesa está cumplida puedes dejar que tu siervo muera en paz. Porque ya he visto la salvación que has comenzado a realizar a la vista de todos los pueblos, la luz que alumbrará a las naciones y que será la honra de tu pueblo Israel."
Para ciertas fechas, todo quisque, es decir los que aún existimos en este valle de toda clase de bendiciones, de dolores y de esperanzas, hemos dado la vuelta al calendario y conmemoramos la fecha en que en una mañana o en una tarde o noche, con el indiscutible llanto alegramos a nuestros progenitores y a algunas otras personas allegadas a ellos. Entramos en el censo de la población del país. Pasamos a ser un panameño más. En ese Panamá de entonces, tan distinto tan pequeño, cuando éramos pequeños grupos sencillos moradores de finales de la segunda década de este siglo que se acaba.
Hay distintas actitudes y estilos, como sucede en todas facetas del quehacer humano en que se repite, asimismo el adagio latino "tot sententiae, quot capita" tantas opiniones como cabezas, y unos para recordar tales fechas se esconden y quieren pasar agachados, otros los anuncian por todos los periódicos, buscando en los archivos aquellas fotos en las que los expertos de revelados han hecho milagros con la real apariencia, y así podríamos mencionar toda una tipología de estilos y maneras. Así es la variedad del mundo.
Hoy, al llegar, gracias a Dios, a la séptima década de mi existencia, encuentro el canto de Simeón del Evangelio de San Lucas, y hago mías las palabras de ese santo varón, diciendo: Ahora Señor, ya que tú has cumplido tu promesa de permitirme llegar a esta fecha, a la cual muchos de mis coetáneos misteriosamente, por tus arcanos designios, no pudieron arribar, me has distinguido a mí con este favor. Cumpliste tu promesa, cosa que yo no sé si lo he podido hacer yo. En mirada retrospectiva reconozco que de muchos peligros de aire, tierra y mar me has librado. Cuando me caí del famoso boquete en 1937, un 13 de julio. Cuando me ahogué y me bucearon y me salvé. Cuando en aquel chingo nos llevó el viento y casi no volvemos. Y así cuando en Veracruz, México, en Hayacocotla en un carro y en la niebla nos salimos de la carretera... Señor has cumplido tu promesa. Puedo decirle al señor que ahora puede dejarme ir en paz y quisiera decirlo con sinceridad y sin ninguna "CUADROSIDAD", porque ya he visto gran parte del plan de Dios, he visto muchas evoluciones e involuciones en la historia de mi país y de La Iglesia católica a la que pertenezco y quiero pertenecer con todas sus glorias y todas sus miserias. Cómo le pagaré al señor todo el bien que me ha hecho. Gracias, Señor.