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Al final de año escolar


Luego de haber cumplido toda una larga jornada escolar, al final del año lectivo, surgen las interrogantes propias de los padres de familia y los docentes por el bajo rendimiento escolar en las metas trazadas.
Son muchos los que piensan que el sistema no está adecuado para nuestros alumnos, otros creen que el educador no llena las expectativas para la misión a ellos encomendada; lo cierto es que hay un sin número de factores que influyen directamente en los fracasos escolares a los que hay que prestarles debida atención para mejorar en buen grado el conocimiento del material producto de todo un año de esfuerzo educativo.
Sin ánimo de polemizar, y menos entrar en conflicto de ideas sobre este particular, es que intento esbozar algunos conceptos propios del fracaso escolar.
Los padres y los maestros de niños con un historial pobre en aprovechamiento educativo deben ponerse de acuerdo en la mejor forma de manejar la situación. La mecánica mental del padre generalmente tiene un significado realmente triste, piensa que el estudiante ( su hijo) debe sacar buenas notas porque es un muchacho muy inteligente, sin pensar que puede estar sufriendo trastornos internos y externos que afectan directamente su capacidad de aprendizaje. Tomemos por ejemplo el grado de afectación que sufren los estudiantes provenientes de hogares destruidos, de alumnos con un severo grado de desnutrición o aquellos que realmente necesitan algún tipo de ayuda porque sufren trastornos o enfermedades que le impiden desarrollar un mejor rendimiento. Si quisiéramos descartar enfermedades o trastornos sólo bastaría con aplicar al estudiante un buen test de desarrollo intelectual que abarque comprensión, uso del lenguaje, pensamiento lógico, concentración, pensamiento asociativo, la coordinación visomotora y la habilidad que tiene para planear entre otras.
Si existe deficiencia en algunos de los aspectos incluidos en la medición, el alumno se puede tratar con terapias propias según el grado a que corresponda.
Por otro lado, tanto padres como maestro deben procurar motivar al estudiante para que su rendimiento sea más efectivo, hay que tener presente que los estímulos invitan a seguir manteniendo el esfuerzo de superación. Este proceso es largo, pero hay que tener la constancia para hacerlo, ya que al final los frutos alcanzados darán satisfacción personal y profesional.
Además de los test, las terapias, la motivación y los estímulos, enseñémosles algunos trucos sobre el arte de estudiar, algunas sugerencias propias de los hábitos de estudio, la solución es bien sencilla y hay innumerable manuales sobre hábitos de estudio; esto lo ayudará a tener un balance entre estar desocupado y el trabajo escolar.
Ahora bien, tampoco se puede descartar una enseñanza pobre o irregular, pero en estos casos, los menos comunes, todos los alumnos producto de una medición de rendimiento, mostrarían las mismas deficiencias, pero si unos aprenden bien y otros no, habría que buscar las causas que motivan en algunos el bajo provecho.
Hay otras condiciones que tenemos que tener presente cuando investigamos la deficiencia del aprendizaje, entre otros: A. Los trastornos neurológicos en el procesamiento del lenguaje con dificultad para dominar las destrezas básicas. B -El déficit de atención con un alto nivel de dificultad para concentrarse. C- La hiperactividad cuyo resultado más frecuente es perjudicar la participación en las clases.
Corresponde a todos buscar la causa del problema de nuestros hijos para proporcionarle la ayuda necesaria en sus necesidades específicas. Todavía estamos a tiempo.

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