Alonso Villarreal, compañero y copartidario
EL 18 DE enero murió a los 68 años Alonso Villarreal Pinzón. Nació el 1 de febrero de 1937, hijo de una pareja ejemplar, a saber, Don Abel y Doña Rita, quienes eran raizalmente ocueños y, por lo tanto, profundamente cristianos con un sentido de amor a la patria como también al terruño. Alonso cursó la escuela primaria en Ocú lugar al que regresaba cada vez que podía. A los 12 años prosiguió sus estudios regulares y comenzó su carrera hacia el sacerdocio. Estudió en el Seminario Mayor de San José en San Salvador y asistió en Canadá a los últimos años de sus estudios sacerdotales, los que finalmente no completó.
Estos antecedentes familiares y educativos explicaban lo que me sorprendió en él, cuando lo tuve de estudiante de Filosofía, Griega y Medieval, en la Universidad de Panamá.
Me llamó la atención porque hablaba francés, leía latín y había estudiado ya varias de las obras que yo ponía como lectura obligatoria a los estudiantes universitarios. Lo llamé para conversarle porque, además de todo, era inteligente y articulado en sus preguntas y comentarios. Nos hicimos amigos y lo ayudé a conseguir una beca para poder obtener su doctorado en Filosofía en la Universidad de París. Sus ejecutorias académicas y la seriedad e inteligencia que demostraba hizo que le otorgaran la beca en Francia.
En mi época de estudiante cerca de Aix en Provence y en París, había tenido la dicha de estudiar bajo profesores que eran algunas de las lumbreras culturales de Francia y de Europa: en filosofía estudié bajo Alquié, quien enseñaba a Descartes y a Kant con una asombrosa fidelidad al texto; en el pensamiento filosófico contemporáneo, tuve como profesor a Ricoeur, quien proseguía los caminos abiertos por Hussrel y, protestante, tenía un papel importante en el desarrollo del pensamiento cristiano del filósofo católico Emannuel Mounier; en sociología, dos figuras de primer plano se pasaban el año cuestionándose y respondiéndose mutuamente, Aron y Gurvitch, el primero diciendo que el segundo era un "seudo profeta", y el segundo respondiendo que el primero era un "consejero del Príncipe"; en psicología estudié con profesores de la talla de Piaget, quien explicaba las estructuras del conocimiento intelectual sobre todo de los niños (dicho sea de paso no se sentaba a dictar la clase hasta que todos los estudiantes del salón no nos hubiéramos parado en signo de respeto a su autoridad docente) y, Lagache, quien en el hospital psiquiátrico donde trabajaba algunas veces, su clase consistía en una conversación que él sostenía con uno de sus pacientes mentalmente enfermos. Alonso se benefició de un ambiente intelectual semejante.
El presentó exitosamente su tesis de doctorado sobre el pensamiento de Mounier. Fue para mí una gran satisfacción leer en el Bulletin des Amis d" E. Mounier, que era el órgano oficial del grupo de discípulos de Mounier que mantenían su pensamiento vivo en París y en Europa, junto a un artículo de Paul Fraisse otro artículo de Alonso O. Villarreal Pinzón, bajo el título "Le probléme de la violence et de la "justice politique" dans la révolution, chez Mounier".
Al regresar a Panamá, Alonso se integró como profesor de tiempo completo en la Universidad de Panamá. Él fue mi amigo; a tal punto que le puso mi nombre a su segundo hijo y me pidió que fuera su padrino, lo cual acepté como un honor. Fui quien sabe el primero después de los hermanos y hermanas de Alonso, con quien él se llevaba maravillosamente, a quien Alonso confió el hecho de que temía tener cáncer. Cuando nos despedimos esa vez a la salida de su oficina de Director del Departamento de Filosofía, nos estrechamos las manos y nos dimos un abrazo más fuerte que de costumbre, porque ambos sabíamos que habíamos vivido lo sustancial de nuestras vidas y lo que nos quedaba era hacerle frente al misterio de donde venimos y hacia donde vamos. Hace tres meses, aproximadamente, me desperté con el presentimiento que debía visitarlo antes de que fuera demasiado tarde. Fui a verlo a su casa y conversé un rato con él, luego de unas cuantas semanas él vino a mi oficina con su hijo, mi ahijado. Éstas fueron las últimas veces que nos vimos.
Alonso no sólo fue para mí un amigo y colega, sino también un compañero. El amigo comparte con nosotros sus gozos y tristezas, a pesar, de que no necesariamente tenemos la misma profesión o la misma experiencia de vida. El colega comparte con nosotros la profesión en lo que ésta tiene de enaltecedor y gracias a la cual tenemos en la vida situaciones sociales y de trabajo que se asemejan. El compañero une estos dos componentes en uno solo, de manera que, compartimos con nuestros compañeros los lazos de subjetividad de la amistad y los rasgos objetivos de ser colegas. Por eso el compañerismo es uno de los nexos más hondos que pueden tener los seres humanos y no son muchos los compañeros de verdad que tenemos en nuestra vida.
Yo compartí con Alonso no solo la profesión de Profesor de Filosofía, sino que teníamos la misma orientación general en la medida en que ambos tratábamos de conjugar nuestra fe cristiana y católica con el pensamiento filosófico, guiándonos por el ejemplo que nos proporcionaron sendos filósofos franceses Emmanuel Mounier en su caso y Jaques Maritain en el mío.
La primera obra de Alonso, fue la tesis que presentó como trabajo de graduación para optar por la Licenciatura de Filosofía, Letras y Educación, con especialización en Filosofía e Historia, que presentó en 1965-66. El título fue "Filosofía de la Historia y Cristianismo". Tomo una cita de la introducción de esta obra que nos da el sentido que Alonso le asignaba a su trabajo en la Filosofía: "A pesar del antiprovidencialismo que meció en su cuna a la Filosofía de la Historia (pensemos en Voltair, Condorcet, Proudhon, Comte), pareciera que lo que hubo realmente fue una "sustitución en la cuna"; se sustituye a la Providencia por el Progreso, y por la Razón. "Si Dios no existiese, sería necesario inventarlo" decía Voltaire. O, como de Proudhon, en el prólogo de su "Sistemas de las contradicciones económicas", que él necesitaba de la hipótesis de Dios, ahora "más inexorable que nunca". El Progreso y la Razón moderna tienen todos los atributos de la Divinidad cristiana, atributos que llegan al más alto nivel metafísico con la afirmación del Espíritu por Hegel, convirtiéndose entonces la Providencia en ardid de la razón y el mismo Hegel en "Sacerdote de lo absoluto, condenado por Dios a ser filósofo"" (Pág. 2-3).
Otras publicaciones de Alonso abordaban temas sociales que fueron uno de sus intereses más continuos. Publicó dos ediciones de un folleto intitulado "Un Análisis de la Sociedad Industrial Avanzada, según Herbert Marcuse". Luego, un pequeño libro intitulado "Nueva izquierda y Revolución"; publicaciones que comprueban que su pensamiento estaba abierto a corrientes diferentes a la suya, que sabía estudiar esas corrientes, sacarles beneficio a lo que ellas tienen de positivo, sin perder su capacidad crítica desde el punto de vista de su pensamiento propio.
Publicó también dos ediciones del libro intitulado "Panamá entre el Temor y la Esperanza, Recuento analítico de la peor crisis de la historia republicana: 1987-1989", que es uno de los libros de referencia obligados para quien quiera estudiar el régimen de la dictadura en cuanto a los hechos de los años casi finales del régimen militar, que él analiza en 5 partes, a saber: primera, la gestación de la Crisis, del 13 de diciembre de 1985 al 9 de junio de 1987; segunda, la explosión de la crisis, desde la creación de la cruzada civilista del 9 al 22 de octubre de 1987; tercera, el bajón de fin de año y el inicio de las negociaciones, de octubre 22 de 1987 a febrero 25 de 1988; cuarta, de la crisis de la política al desastre económico y social, de febrero a mayo de 1989; quinta, la agónica prolongación de la crisis, de mayo de 1988 a mayo de 1989. Su libro también incluye interpretaciones. Ello le da un valor especial pues es el libro del filósofo que es al mismo tiempo actor de los hechos que explica. Alonso dio así pruebas contundentes de la coherencia entre su pensamiento y su vida.
Esta obra es el reflejo vehemente de la vida política que nunca dejó de ejercer Alonso Villarreal. Después de su ingresó al Partido Demócrata Cristiano, asumió durante un buen tiempo la dirección del Instituto Panameño de Estudios Comunitarios (IPEC), que ha tenido a su cargo la formación ideológica y política de los miembros del Partido Demócrata Cristiano, luego Partido Popular, al mismo tiempo que debía realizar los estudios y publicaciones necesarias para la elaboración de los programas de gobierno que el Partido ha presentado en las diferente elecciones en las que participó. También ocupó el cargo de Presidente de la Junta Directiva del Instituto Centroamericano de Estudios Políticos, con sede en Guatemala, que ejerce una función análoga pero con respecto a los Partidos Demócratas Cristianos del Istmo Centroamericano en su conjunto.
La elección de 1989 fue decisiva para la democratización de Panamá, al derrotar por dos a uno al candidato del régimen militar, y consagró el papel protagónico del PDC en la derrota política del Noriegismo como última expresión del régimen dictatorial. Alonso fue electo Legislador de la República en el circuito de San Miguelito. Su trabajo como Legislador fue consciente y disciplinado y gracias a su esfuerzo se aprobó la primera ley de democratización de la Universidad de Panamá.
En los últimos tiempos al retornar a la Universidad, después de su período como Legislador de la República, comenzó a redactar en dos volúmenes La Historia de la Filosofía de la Historia que él esperaba sería la obra de su madurez filosófica y su legado más valioso a la cultura panameña. Según me dijo, ya había terminado la redacción del primer volumen y había comenzado la redacción del segundo volumen. Es de esperar que sus parientes más cercanos hagan los arreglos necesarios para la publicación de esta obra que recoge el pensamiento de un panameño que vivió la vida intelectual plenamente sin dejar por ello de asumir con gallardía y valor su deber político en los momentos cruciales que vivió Panamá. La Universidad debiera asumir la responsabilidad por la publicación.
Al decirle un hasta luego al amigo, colega, copartidario y sobre todo compañero Alonso Villarreal Pinzón, me estoy despidiendo de una parte de mi vida pública y lo hago con la consciencia de que fue Dios quien me dio este compañero, de mi pensamiento y de mi acción.
Estos antecedentes familiares y educativos explicaban lo que me sorprendió en él, cuando lo tuve de estudiante de Filosofía, Griega y Medieval, en la Universidad de Panamá.
Me llamó la atención porque hablaba francés, leía latín y había estudiado ya varias de las obras que yo ponía como lectura obligatoria a los estudiantes universitarios. Lo llamé para conversarle porque, además de todo, era inteligente y articulado en sus preguntas y comentarios. Nos hicimos amigos y lo ayudé a conseguir una beca para poder obtener su doctorado en Filosofía en la Universidad de París. Sus ejecutorias académicas y la seriedad e inteligencia que demostraba hizo que le otorgaran la beca en Francia.
En mi época de estudiante cerca de Aix en Provence y en París, había tenido la dicha de estudiar bajo profesores que eran algunas de las lumbreras culturales de Francia y de Europa: en filosofía estudié bajo Alquié, quien enseñaba a Descartes y a Kant con una asombrosa fidelidad al texto; en el pensamiento filosófico contemporáneo, tuve como profesor a Ricoeur, quien proseguía los caminos abiertos por Hussrel y, protestante, tenía un papel importante en el desarrollo del pensamiento cristiano del filósofo católico Emannuel Mounier; en sociología, dos figuras de primer plano se pasaban el año cuestionándose y respondiéndose mutuamente, Aron y Gurvitch, el primero diciendo que el segundo era un "seudo profeta", y el segundo respondiendo que el primero era un "consejero del Príncipe"; en psicología estudié con profesores de la talla de Piaget, quien explicaba las estructuras del conocimiento intelectual sobre todo de los niños (dicho sea de paso no se sentaba a dictar la clase hasta que todos los estudiantes del salón no nos hubiéramos parado en signo de respeto a su autoridad docente) y, Lagache, quien en el hospital psiquiátrico donde trabajaba algunas veces, su clase consistía en una conversación que él sostenía con uno de sus pacientes mentalmente enfermos. Alonso se benefició de un ambiente intelectual semejante.
El presentó exitosamente su tesis de doctorado sobre el pensamiento de Mounier. Fue para mí una gran satisfacción leer en el Bulletin des Amis d" E. Mounier, que era el órgano oficial del grupo de discípulos de Mounier que mantenían su pensamiento vivo en París y en Europa, junto a un artículo de Paul Fraisse otro artículo de Alonso O. Villarreal Pinzón, bajo el título "Le probléme de la violence et de la "justice politique" dans la révolution, chez Mounier".
Al regresar a Panamá, Alonso se integró como profesor de tiempo completo en la Universidad de Panamá. Él fue mi amigo; a tal punto que le puso mi nombre a su segundo hijo y me pidió que fuera su padrino, lo cual acepté como un honor. Fui quien sabe el primero después de los hermanos y hermanas de Alonso, con quien él se llevaba maravillosamente, a quien Alonso confió el hecho de que temía tener cáncer. Cuando nos despedimos esa vez a la salida de su oficina de Director del Departamento de Filosofía, nos estrechamos las manos y nos dimos un abrazo más fuerte que de costumbre, porque ambos sabíamos que habíamos vivido lo sustancial de nuestras vidas y lo que nos quedaba era hacerle frente al misterio de donde venimos y hacia donde vamos. Hace tres meses, aproximadamente, me desperté con el presentimiento que debía visitarlo antes de que fuera demasiado tarde. Fui a verlo a su casa y conversé un rato con él, luego de unas cuantas semanas él vino a mi oficina con su hijo, mi ahijado. Éstas fueron las últimas veces que nos vimos.
Alonso no sólo fue para mí un amigo y colega, sino también un compañero. El amigo comparte con nosotros sus gozos y tristezas, a pesar, de que no necesariamente tenemos la misma profesión o la misma experiencia de vida. El colega comparte con nosotros la profesión en lo que ésta tiene de enaltecedor y gracias a la cual tenemos en la vida situaciones sociales y de trabajo que se asemejan. El compañero une estos dos componentes en uno solo, de manera que, compartimos con nuestros compañeros los lazos de subjetividad de la amistad y los rasgos objetivos de ser colegas. Por eso el compañerismo es uno de los nexos más hondos que pueden tener los seres humanos y no son muchos los compañeros de verdad que tenemos en nuestra vida.
Yo compartí con Alonso no solo la profesión de Profesor de Filosofía, sino que teníamos la misma orientación general en la medida en que ambos tratábamos de conjugar nuestra fe cristiana y católica con el pensamiento filosófico, guiándonos por el ejemplo que nos proporcionaron sendos filósofos franceses Emmanuel Mounier en su caso y Jaques Maritain en el mío.
La primera obra de Alonso, fue la tesis que presentó como trabajo de graduación para optar por la Licenciatura de Filosofía, Letras y Educación, con especialización en Filosofía e Historia, que presentó en 1965-66. El título fue "Filosofía de la Historia y Cristianismo". Tomo una cita de la introducción de esta obra que nos da el sentido que Alonso le asignaba a su trabajo en la Filosofía: "A pesar del antiprovidencialismo que meció en su cuna a la Filosofía de la Historia (pensemos en Voltair, Condorcet, Proudhon, Comte), pareciera que lo que hubo realmente fue una "sustitución en la cuna"; se sustituye a la Providencia por el Progreso, y por la Razón. "Si Dios no existiese, sería necesario inventarlo" decía Voltaire. O, como de Proudhon, en el prólogo de su "Sistemas de las contradicciones económicas", que él necesitaba de la hipótesis de Dios, ahora "más inexorable que nunca". El Progreso y la Razón moderna tienen todos los atributos de la Divinidad cristiana, atributos que llegan al más alto nivel metafísico con la afirmación del Espíritu por Hegel, convirtiéndose entonces la Providencia en ardid de la razón y el mismo Hegel en "Sacerdote de lo absoluto, condenado por Dios a ser filósofo"" (Pág. 2-3).
Otras publicaciones de Alonso abordaban temas sociales que fueron uno de sus intereses más continuos. Publicó dos ediciones de un folleto intitulado "Un Análisis de la Sociedad Industrial Avanzada, según Herbert Marcuse". Luego, un pequeño libro intitulado "Nueva izquierda y Revolución"; publicaciones que comprueban que su pensamiento estaba abierto a corrientes diferentes a la suya, que sabía estudiar esas corrientes, sacarles beneficio a lo que ellas tienen de positivo, sin perder su capacidad crítica desde el punto de vista de su pensamiento propio.
Publicó también dos ediciones del libro intitulado "Panamá entre el Temor y la Esperanza, Recuento analítico de la peor crisis de la historia republicana: 1987-1989", que es uno de los libros de referencia obligados para quien quiera estudiar el régimen de la dictadura en cuanto a los hechos de los años casi finales del régimen militar, que él analiza en 5 partes, a saber: primera, la gestación de la Crisis, del 13 de diciembre de 1985 al 9 de junio de 1987; segunda, la explosión de la crisis, desde la creación de la cruzada civilista del 9 al 22 de octubre de 1987; tercera, el bajón de fin de año y el inicio de las negociaciones, de octubre 22 de 1987 a febrero 25 de 1988; cuarta, de la crisis de la política al desastre económico y social, de febrero a mayo de 1989; quinta, la agónica prolongación de la crisis, de mayo de 1988 a mayo de 1989. Su libro también incluye interpretaciones. Ello le da un valor especial pues es el libro del filósofo que es al mismo tiempo actor de los hechos que explica. Alonso dio así pruebas contundentes de la coherencia entre su pensamiento y su vida.
Esta obra es el reflejo vehemente de la vida política que nunca dejó de ejercer Alonso Villarreal. Después de su ingresó al Partido Demócrata Cristiano, asumió durante un buen tiempo la dirección del Instituto Panameño de Estudios Comunitarios (IPEC), que ha tenido a su cargo la formación ideológica y política de los miembros del Partido Demócrata Cristiano, luego Partido Popular, al mismo tiempo que debía realizar los estudios y publicaciones necesarias para la elaboración de los programas de gobierno que el Partido ha presentado en las diferente elecciones en las que participó. También ocupó el cargo de Presidente de la Junta Directiva del Instituto Centroamericano de Estudios Políticos, con sede en Guatemala, que ejerce una función análoga pero con respecto a los Partidos Demócratas Cristianos del Istmo Centroamericano en su conjunto.
La elección de 1989 fue decisiva para la democratización de Panamá, al derrotar por dos a uno al candidato del régimen militar, y consagró el papel protagónico del PDC en la derrota política del Noriegismo como última expresión del régimen dictatorial. Alonso fue electo Legislador de la República en el circuito de San Miguelito. Su trabajo como Legislador fue consciente y disciplinado y gracias a su esfuerzo se aprobó la primera ley de democratización de la Universidad de Panamá.
En los últimos tiempos al retornar a la Universidad, después de su período como Legislador de la República, comenzó a redactar en dos volúmenes La Historia de la Filosofía de la Historia que él esperaba sería la obra de su madurez filosófica y su legado más valioso a la cultura panameña. Según me dijo, ya había terminado la redacción del primer volumen y había comenzado la redacción del segundo volumen. Es de esperar que sus parientes más cercanos hagan los arreglos necesarios para la publicación de esta obra que recoge el pensamiento de un panameño que vivió la vida intelectual plenamente sin dejar por ello de asumir con gallardía y valor su deber político en los momentos cruciales que vivió Panamá. La Universidad debiera asumir la responsabilidad por la publicación.
Al decirle un hasta luego al amigo, colega, copartidario y sobre todo compañero Alonso Villarreal Pinzón, me estoy despidiendo de una parte de mi vida pública y lo hago con la consciencia de que fue Dios quien me dio este compañero, de mi pensamiento y de mi acción.