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Alta densidad legislativa


En el Informe Nacional de Desarrollo Humano, Panamá 2002, publicado recientemente por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se advierte entre otros detalles, una alusión a la actividad legislativa en nuestro país, que coincide en parte con la opinión que en el pasado hemos exteriorizado, de la tendencia a una exagerada producción de leyes sin reparo en su necesidad, impacto y calidad.
Según el informe, aludiendo al último aspecto de "la calidad de leyes", se observa "que el proceso legislativo tiene una tendencia creciente a generar una proliferación de leyes con alta densidad regulativa" que "lejos de promover el desarrollo del país, fomenta la presencia obstaculizante del Estado en todas las actividades de la economía nacional", lo cual tiende a promover "la economía informal y a agudizar los problemas sociales".
Peor que eso. Es tal la descontrolada e irracional sobre producción legislativa, que el país está yuxtaponiendo leyes sobre leyes, muchas veces redundantes, ninguna integral y comprensiva sobre materia alguna, sino todo lo contrario, tendiendo a la dispersión desordenada, paralizante y burocratizante, propiciadora de todo tipo de abusos y de corrupción.
En una ocasión dijimos, y lo reiteramos, que aquí hay leyes de sobras para todo. Y que muy bien puede la Asamblea Legislativa tomar vacaciones u ocuparse de sus demás funciones constitucionales sin que nada en el país deje de funcionar. Y hasta es posible que todo marche mejor.
Por eso, en presencia de periódicas situaciones de tensión entre Legislativo y Ejecutivo, en que se suele temer y hablar de "ingobernabilidad", siempre hemos dicho que no hay tal peligro, porque hay leyes en demasía para garantizar el funcionamiento eficiente de cualquier gobierno que se lo proponga. Por el contrario, son los gobiernos incapaces los que acuden al fácil y demagógico recurso de multiplicar las leyes inútiles que ninguna solución propician.
Si la sociedad panameña y sus políticos nos pusiéramos de acuerdo en torno a una vacación de leyes, en la que nos dedicáramos a cumplir las muchas existentes, a asimilarlas y conocerlas, con toda seguridad nos sorprendería la extraordinaria creatividad normativa desde nuestros antepasados hasta nuestros días. ¡No más leyes! Salvo, obviamente, las estrictamente necesarias, previa cuidadosa evaluación.
No podemos continuar con la costumbre de que cada presidente del legislativo despida su gestión haciendo un pormenorizado recuento de la cantidad de leyes aprobadas durante su mandato, sin consideración a su calidad y sin tomar en cuenta a la ciudadanía que está colmada de la estresante producción normativa que no hace otra cosa que fomentar la inseguridad jurídica y la inestabilidad política y económica.

101 años de Panamá América

 
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