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Ampliación y lenguaje


Es posible que cuando se apruebe, en referéndum, la ampliación del Canal, cada panameño sea un experto en cuestiones marítimas, técnicas de ingeniera, presupuesto de megaproyectos, en el manejo de rutas y conductas de navieras, o en el vestuario que se utiliza en la Autoridad del Canal para eventos importantes. Nada de malo habrá en fortalecer nuestra cultura marítima y canalera, sobre todo después de un siglo en que nuestro principal recurso estuvo en manos extranjeras.
La interrogante que surge es, sin embargo, hasta dónde ayuda esta discusión frenética a entender y valorar en su justa dimensión, la necesidad de ampliar el Canal. Sin menospreciar aquello de transparencia en la información, en las últimas semanas pareciera que asistiéramos a un malabarismo de palabras, algunas para élites especializadas en los temas, pero excluyentes para una minoría que oye sin entender, y para otra que encuentra en la indiferencia su mejor salida.
¿Contra qué están aquellos que se han atrincherado en el no a la ampliación? ¿Contra la propuesta del Gobierno-ACP, o contra la ampliación en sí? ¿Cómo es posible que casi cien años después, cuando tenemos, como panameños, la posibilidad de definir algo tan significativo como la operatividad moderna y puntual de la vía interoceánica, demos paso a una discusión que no parece tener salida, salpicada de prejuicios políticos que se tratan de ocultar con argumentos técnicos y financieros? ¿No estamos conspirando acaso contra nosotros mismos?
El pueblo, esa enorme cantera de votos donde se encuentra la decisión final del venidero referéndum, no acaba de responderse sobre los beneficios que debe darle la ruta. ¿Cómo lo toca, cómo lo beneficia, después de tantos sacrificios?
Más responsabilidad es urgente, las otras definiciones políticas pueden y deben resolverse más tarde, pero lo que no podemos es atentar contra nosotros mismos. La ACP ha sido insignia saludada de nuestra responsabilidad, no la sacrifiquemos ahora.

101 años de Panamá América

 
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