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Angustia de una nación


Este mes de la patria que acaba de fenecer se me ocurre que es uno en que menos hemos recordado y honrado a nuestra nación, todavía en formación. Sería fácil enumerar la sarta de incidentes, escándalos o eventos que han ocurrido y que nada bueno significan para el país. Recordemos que desde antes de 1968, durante la narcodictadura, después de una invasión foránea y de tres elecciones democráticas, que incluyen unos trece años de presidentes dizque democráticos, estamos como nación en una situación que da pena.
Unos cuatro días antes de finalizar este mes de la patria, un tribunal de nuestra "Justicia" ordenó el archivo del expediente HP-1430. Y pensar que las investigaciones del CEMIS, del reciente nombramiento dudoso de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, de la equiparación de Panama Ports, y así sucesivamente, podrán terminar como el caso del HP-1430...en el fondo del mar.
Mientras escribo me pregunto si el expediente de la "pinchadera" va a sufrir el mismo trato. Y es que es tan evidente que nuestra justicia es tan inclinada, dígame usted hacia qué lado, que hasta me atrevo a exigir que haya una "equiparación" en el caso de los pinchazos. Para el tiempo que este artículo salga publicado espero que se sepa la resolución del mismo: el FAX hacia el fondo del mar también.
Los temas constitución y corrupción no se les concede la importancia que merecen. Hay tantas vainas que parecen desviar todo. Ahora el problema de los plásticos de cédula fraudulentos le han metido una enorme zancadilla a lo poco que tenemos de democracia. Además, ya algunos arguyen que no va a haber tiempo para aprobar unas reformas electorales que se consideran vitales para las elecciones de 2004.
En fin, como por arte de birlibirloque, todo conspira contra el refinamiento, aunque sea mínimo, de nuestra democracia, que se supone que sea mejor que los tiempos de nuestros narcodictadores. Hemos llegado a un punto que me es harto difícil decir que la democracia que hemos vivido estos últimos 12 años es sustancialmente mejor a la era de los milicos. En vez de avanzar parece que hemos retrocedido. Sin embargo, persevero en mis consejos de maleante -no de los denominados políticos. Pienso que hay mejor democracia si los partidos que deben celebrar primarias para escoger a sus candidatos a puestos de elección, ni siquiera piensan en eliminarlas. Pero peor, es tan ofensivo y descarnado políticamente mantener los libros de inscripción de un partido cerrados, para no permitirle a cualquier panameño inscribirse en el colectivo político que le salga del forro.
Quedan tan mal los que hablan de las personas que "criminalmente" participan en unas primarias y luego, al perder, se abstienen de apoyar al vencedor y, además, se convierten en estandarte de otro grupo o coalición política. Suena tanto a venganza, a castigo, a flagelación, que da grima. Cualquier ciudadano debe tener el derecho de inscribirse, renunciar y volver a inscribirse en el partido político que le dé la gana.
No me da la cabeza por qué hay "dirigentes" políticos que piensan, actúan, se ufanan y hasta se expresan despectivamente de esos "criminales desertores". La única explicación es que tales "dirigentes" de democráticos tienen nada. Mientras tanto, la Patria sufre. La condenan a que se vea atada al querer de pandillas, grupos, mafias, que todo lo que han sabido hacer es servirse de la Patria. Es doloroso realizar que estos patrioteros tienen en sus manos el poder de mejorar a la Patria, de tratar con fervoroso ahínco y afán de mejorar las condiciones de vida de los panameños más necesitados, de hacer realidad aquel sueño de que los istmeños podamos vivir de manera más digna y decorosa. Parece que todo lo que saben hacer es demagogia. A los que no nos plegamos sólo nos queda exclamar a todos los vientos: ¡Panamá te amamos, seguiremos trabajando sin cesar para que llegue tu día!

101 años de Panamá América

 
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