Anna Pavlova 1881-1931
Esta genial bailarina rusa mereció atronadores aplausos en los más famosos escenarios del mundo con su danza representativa, La muerte del cisne, en el ballet que lleva ese nombre.
Tuvo de novio a un noble ruso, quien en una ocasión la invitó a su finca. Allí vió Anna morir un cisne, cuya agonía la impresionó tanto que se propuso imitarla.
En aquellos días se hallaba en Rusia el compositor francés Saint-Saëns a quien Anna le explicó lo que había visto y lo que deseaba hacer. Y fue en esa forma que nació el ballet.
Estrenada en Moscú la obra, dada la esbeltez y atractivo de aquella mujer y sus mágicos y veloces movimientos, impresionó de tal manera a los espectadores, que al morir el cisne hubo un profundo silencio en el teatro, pero seguido a los pocos segundos del delirante frenesí de un público embriagado de emoción. A partir de entonces hizo una carrera de fama universal con su mágica representación de La muerte del cisne y hasta llegó a fundar su propia compañía de ballet.
Llegó a conservarse tan bien, que no existió visiblemente notorio cambio alguno en su apariencia física en 25 años de actuación.
Falleció, cubierta de gloria, en La Haya, tras haber sufrido un ataque de pulmonía.