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Ante la embestida patronal, la contraofensiva popular


El Papa Juan Pablo II denunció el capitalismo como: "Un sistema de mercado libre desalmado, que estructurado sobre el juego de la oferta y la demanda, sólo siente interés por el poder adquisitivo del cliente y no por el estómago de los necesitados".
El mundo civilizado tiene que marchar hoy, hacia estratos de mayor consideración y trato humano para con los trabajadores; y, ni Panamá ni las empresas pueden quedarse a la saga de este movimiento cualitativo. Aunque soy de opinión que la expresión burocrática ejecutiva de la empresa privada panameña- la patronal- se opondrá a otorgar concesiones, tales como reducir la jornada regular de trabajo, sin causar merma en sus salarios; incluir la figura de la jubilación anticipada para todos los trabajadores, públicos o privados, o renovar automáticamente los salarios mínimos más acorde con el aumento del costo de la vida.
También comparten conmigo este pesimismo los obreros panameños, tan ultrajados y explotados, porque comprenden que ésta es la patronal más reaccionaria y retrógrada de América Latina, que junto a extraños que han llegado aquí a llevar adelante una guerra de rapiña, a saquear el sudor proletario, a saquear la mano de obra barata y a saquear las riquezas naturales del país, no están dispuestos a sumarse a esta marcha, que tiende a humanizar las relaciones entre el capital y el trabajo. Saben ya por experiencia, que la aspiración por la superación que anida en el sentimiento y mente de cada uno de ellos conocerán las grandes decepciones que les provoca no ver cumplidos sus deseos por causas ajenas a su voluntad, cuya razón principal proviene de la falta de sensibilidad social y el egoísmo de la clase empresarial. Muy por el contrario, los trabajadores de la ciudad, del campo y de los pueblos indígenas están convencidos que la patronal ensayará nuevas y múltiples formas de someterlos. Estos ensayos provocarán mayor atizamiento de la turbulencia socioeconómica existente en el país. Por ejemplo, los patronos regatearán los beneficios sociales que requiere el pueblo y la clase trabajadora. No olviden que hasta ahora la aplicación de una nueva escala de salario mínimo ha sido sólo canto de sirena para distraer la atención y eludir otras responsabilidades. De ahí que hacen ofrecimientos de sólo 3,6 y 9 centavos como el tope del aumento al salario mínimo. Claro está que esta suma es una burla, porque la dirigencia sindical sostiene con pruebas abundantes, la necesidad de una base salarial de B/.500.00, para poder hacerle frente al costo de la canasta básica familiar.
Sólo migajas para el pueblo le ofrece la patronal. Ella pretende desconocer que un salario no basta para sostener un hogar y una familia. Los cónyuges deben trabajar para coadyuvarse en esta tarea.
Esto significa que la militancia del movimiento obrero debe luchar por lograr mejores condiciones de vida y de trabajo, porque los asalariados aspiran a mejorar en todos los aspectos. Por ello vemos a la mujer proletaria, aparte de la prioridad que se le da al hogar, la alimentación y la educación, comprar trajes, zapatos, cosméticos y acudir a un salón de belleza para mejorar su apariencia. Los hombres hacen lo mismo para no aparentar ser mendigos cuando salen y para no desentonar en sus actividades diarias. El hecho que trabajen por un salario no implica que deben ir en harapos, puesto que son personas que luchan precisamente, para no parecer como la patronal quisiera verlos: achurrados y sin deseos de superación.
Esa es la razón, por la cual, ante la embestida reaccionaria y desestabilizadora de sectores de la empresa privada, los obreros, campesinos e indígenas responderán con una contraofensiva popular, y no habrá "cámaras" ni "paredes" capaces de detenerla.

101 años de Panamá América

 
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