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Antígona en la Corte


Las tragedias clásicas griegas tienen la virtud de encarnar dilemas paradigmáticos de la humanidad. La de Antígona versa sobre el ejercicio del libre arbitrio, es decir, la libertad de escoger, en este caso, entre un deber moral y un deber legal.

A menudo hoy se presentan situaciones donde lo legal riñe con lo moral. Un acto bochornoso no prohibido por la ley exime al ejecutor no sólo de condena sino que socialmente reviste al hecho con cierta pátina permisiva. Bajo la amoralidad de ese criterio se esconden conductas reprochables. Una sociedad moralmente devaluada puede hacer posible que una mala persona sea también un buen ciudadano, siempre y cuando “cumpla con la ley”. Así, delincuentes absueltos por artificios legales o por corrupción judicial son a menudo condecorados con la Cruz de las Bárbaras Naciones.

Este entredicho entre el derecho y la moral ha sido tratado por Aristóteles, quien opinaba que la sociedad tiene por causa las buenas acciones y no simplemente el cumplimiento de las normas de convivencia. Kant las divide en dos campos, jurídico y moral. El jurídico prescribe leyes que regulan y rigen el libre arbitrio, ya sea para comprar, vender o poseer acciones. El campo moral prescribe normas de conciencia que están bajo la esfera de las intenciones. Ambas normas, la jurídica y la moral, provienen de la razón que, según Kant, no puede ser contradictoria y por lo tanto lo legal debe ajustarse a lo ético.

Toda ley tiene una intención expresa y una tácita. La tácita radica en el espíritu con que dicha ley fue elaborada. La intención expresa es el lenguaje con que fue formulada. Cuanto más aproximado al espíritu original sea el lenguaje forense más clara y precisa resultará su interpretación. Según lo he consultado, la ley de sociedades anónimas fue hecha con la intención tácita de preservar la privacidad de sus integrantes a los efectos de prevenir intromisiones ilegales públicas o privadas. El problema surge cuando las sociedades anónimas no cumplen con su espíritu y se utilizan para infringir o evadir otras leyes. Es conocido el reciente caso del banco suizo que tuvo que romper con la ley del secreto bancario para revelar más de cuatro mil cuentas de supuestos evasores fiscales estadounidenses. El Manifiesto de Davos de 1973 en relación con la ética de las empresas concluye que “la ganancia es ciertamente un medio necesario, pero no es el fin”. Añado que todo beneficio tiene una función social que cumplir. Finalidad ésta que hace que las ganancias, aunque legítimas, sean percibidas como bien o mal habidas.

En el juicio a las juntas militares durante el gobierno del presidente Raúl Alfonsín, también se presentó ante la Corte el dilema de Antígona bajo la forma del imperativo militar de la obediencia debida. Uno de los jueces que las condenó dijo: “Bajo estas circunstancias la justicia en general y las leyes en particular deben expresar también la condena social que obedece a las leyes no escritas de la moral pública”. Mi conclusión es que no toda ley es buena, ni hace bueno al que la cumple.

101 años de Panamá América

 
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