Arancel, mercado, precios
Panamá, tierra de más de dos millones de habitantes, ubicado estratégicamente en el Istmo centroamericano, presenta un conjunto de características diferenciales en comparación al resto de la población latinoamericana; es una nación de enlace entre dos océanos (Atlántico y Pacifico) y dos Américas (Norte y Sur).
Históricamente, el país fue colonizado por españoles, que hicieron de esta nación un sitio de tránsito (de esclavos y mercaderías) y de ferias comerciales; pero, las intrigas políticas y los intereses de los más fuertes, encausaron su crecimiento y desarrollo hacia una alta dependencia cultural, comercial y social con los Estados Unidos de Norteamérica (después de partirlo en dos creando el canal interoceánico), de tal manera que esa dependencia ha dificultado, en el género humano panameño, una clara identidad de su idiosincrasia y no suficiente con ello, ha hecho de los otros inmigrantes en esta nación (judíos, chinos, árabes, griegos, italianos e indostanos, etc.), una absorción de sus culturas al punto de que también son distintos en su forma de actuar y pensar con relación a sus etnias.
La razón, por la cual presento esta introducción al tema que nos ocupa, es para sustentar que somos una nación híbrida, no tuvimos un parto normal en nuestro nacimiento como república independiente y desde un principio nos caracterizamos por ser un país de servicio. Sin embargo, por nuestra posición geográfica y por la experiencia adquirida a través de los años, debiéramos estar en condiciones de sacar provecho de esa ventaja competitiva en el ámbito del comercio internacional; pero, el "juega vivo" que sigue prevaleciendo en nosotros, ha contribuido en el sostenimiento de la actitud mediocre de los productores agropecuarios e industriales (salvo algunas excepciones), quienes todavía no visualizan con luces largas los beneficios que conlleva una política industrial y comercial de mercado abierto y libre comercio y más bien prefieren seguir siendo parásitos y rémoras en perjuicio de la población, con el aval de minúsculos miembros prominentes del sector gubernamental (situación sostenida a través de los años por su poder político y económico), que logran obtener lucros adicionales bajo el carisma de que hay que proteger al productor marginal independientemente de su nivel de productividad.
Modificar la actual política arancelaria hacia una alza de los aranceles, con el propósito de proteger al productor marginal y por ende a la producción nacional, pareciera ser una medida justa y correcta; pero al evaluar con objetividad, prevaleciendo los criterios técnicos y principios de honestidad y moralidad, surge de inmediato que esta medida sólo contribuiría a incrementar la ineficiencia en la producción nacional, afectando mayormente a la población, creándoles expectativas falsas al productor marginal y un beneficio adicional a ese reducido grupo de "productores privilegiados", que escudados sobre el concepto de ayudar a los grupos más necesitados, siempre están usufructuando a costa de los más desamparados.
Una mejor alternativa, es brindar un subsidio directo al productor marginal, siempre y cuando esté dispuesto a aceptar cambios en su sistema de producción agropecuaria o fabril, bajo la supervisión directa de la entidad gubernamental pertinente, quien deberá certificar si lo que se pretende producir estará, a mediano plazo, en condiciones de competitividad con productos similares provenientes del exterior en iguales condiciones de calidad. En caso contrario, su producción debiera ser orientada hacia otro producto con mayor probabilidad de rendimiento marginal. En el sector agropecuario ya no se debe continuar con el sostenimiento de la cría y/o cultivo tradicional; los recursos naturales y de capital humano, deben tener el mejor uso alterno y la fuerza laboral correspondiente se debe subsidiar durante su proceso de capacitación para su adaptación a la nueva producción. Por ejemplo, en Panamá, no tiene sentido continuar con la producción de maíz, cuando ya se sabe que por las condiciones de luz y del suelo, jamás estaremos en condiciones de aproximarnos al rendimiento promedio que se obtienen en otras naciones latinoamericanas. En cuanto al proceso fabril, con la política de substitución de importaciones se dio margen al fomento de actividades industriales que no tenían razón de existir por las dimensiones del mercado y por el proceso tecnológico utilizado. En adición a ello, la protección existente mediante cuota de importación y posteriormente su transformación en altas tasas arancelarias, han creado barreras protectoras de importación de productos similares que podrían estar en nuestro mercado consumidor a mejores precios. Esta sobre protección no estimula al industrial a mejorar su eficiencia, por el contrario, el mercado cautivo lo ha llevado a ser menos competitivo y para ellos será siempre menos costoso abogar por una protección que invertir en centros de investigaciones de mercados y de tecnologías.
Un análisis del comportamiento del mercado productor y consumidor, en función de aquellos sectores donde ha existido una reducción efectiva en la tasa arancelaria, muestra que el productor ha tenido que orientarse hacia una actividad productiva de mayor rendimiento, ha tenido que aceptar nuevas y mejores tecnologías de producción y sobre todo en el proceso fabril, se ha visto obligado a mejorar su acervo cultural para lograr ser más competitivo, logrando inclusive la exportaciones de sus productos. Los que han desaparecido en el mercado, tenían que desaparecer porque estaban siendo sustentados sobre bases inadecuadas. Una apertura de mercado más competitiva, llevará a una mayor reducción de precios y si esa situación no ha sido de mayor magnitud a la fecha, es por las imperfecciones que aún persisten en nuestro mercado; por un lado, existe un pequeño grupo poderoso que además de ser los oferentes, son productores e importadores y por otro lado, el consumidor aún no ha logrado modificar su esquema cultural del cómo, cuándo y qué comprar.
En la medida en que se elimine el "club de productores e importadores privilegiados" y se estimule al consumidor de bienes finales, a que se organice y conozca mejor de sus derechos, facilitándoles informaciones pertinentes de precios comparativos y calidad, se podrá obtener mejores reducciones de costos de producción y de precios en los bienes de consumo final.
Históricamente, el país fue colonizado por españoles, que hicieron de esta nación un sitio de tránsito (de esclavos y mercaderías) y de ferias comerciales; pero, las intrigas políticas y los intereses de los más fuertes, encausaron su crecimiento y desarrollo hacia una alta dependencia cultural, comercial y social con los Estados Unidos de Norteamérica (después de partirlo en dos creando el canal interoceánico), de tal manera que esa dependencia ha dificultado, en el género humano panameño, una clara identidad de su idiosincrasia y no suficiente con ello, ha hecho de los otros inmigrantes en esta nación (judíos, chinos, árabes, griegos, italianos e indostanos, etc.), una absorción de sus culturas al punto de que también son distintos en su forma de actuar y pensar con relación a sus etnias.
La razón, por la cual presento esta introducción al tema que nos ocupa, es para sustentar que somos una nación híbrida, no tuvimos un parto normal en nuestro nacimiento como república independiente y desde un principio nos caracterizamos por ser un país de servicio. Sin embargo, por nuestra posición geográfica y por la experiencia adquirida a través de los años, debiéramos estar en condiciones de sacar provecho de esa ventaja competitiva en el ámbito del comercio internacional; pero, el "juega vivo" que sigue prevaleciendo en nosotros, ha contribuido en el sostenimiento de la actitud mediocre de los productores agropecuarios e industriales (salvo algunas excepciones), quienes todavía no visualizan con luces largas los beneficios que conlleva una política industrial y comercial de mercado abierto y libre comercio y más bien prefieren seguir siendo parásitos y rémoras en perjuicio de la población, con el aval de minúsculos miembros prominentes del sector gubernamental (situación sostenida a través de los años por su poder político y económico), que logran obtener lucros adicionales bajo el carisma de que hay que proteger al productor marginal independientemente de su nivel de productividad.
Modificar la actual política arancelaria hacia una alza de los aranceles, con el propósito de proteger al productor marginal y por ende a la producción nacional, pareciera ser una medida justa y correcta; pero al evaluar con objetividad, prevaleciendo los criterios técnicos y principios de honestidad y moralidad, surge de inmediato que esta medida sólo contribuiría a incrementar la ineficiencia en la producción nacional, afectando mayormente a la población, creándoles expectativas falsas al productor marginal y un beneficio adicional a ese reducido grupo de "productores privilegiados", que escudados sobre el concepto de ayudar a los grupos más necesitados, siempre están usufructuando a costa de los más desamparados.
Una mejor alternativa, es brindar un subsidio directo al productor marginal, siempre y cuando esté dispuesto a aceptar cambios en su sistema de producción agropecuaria o fabril, bajo la supervisión directa de la entidad gubernamental pertinente, quien deberá certificar si lo que se pretende producir estará, a mediano plazo, en condiciones de competitividad con productos similares provenientes del exterior en iguales condiciones de calidad. En caso contrario, su producción debiera ser orientada hacia otro producto con mayor probabilidad de rendimiento marginal. En el sector agropecuario ya no se debe continuar con el sostenimiento de la cría y/o cultivo tradicional; los recursos naturales y de capital humano, deben tener el mejor uso alterno y la fuerza laboral correspondiente se debe subsidiar durante su proceso de capacitación para su adaptación a la nueva producción. Por ejemplo, en Panamá, no tiene sentido continuar con la producción de maíz, cuando ya se sabe que por las condiciones de luz y del suelo, jamás estaremos en condiciones de aproximarnos al rendimiento promedio que se obtienen en otras naciones latinoamericanas. En cuanto al proceso fabril, con la política de substitución de importaciones se dio margen al fomento de actividades industriales que no tenían razón de existir por las dimensiones del mercado y por el proceso tecnológico utilizado. En adición a ello, la protección existente mediante cuota de importación y posteriormente su transformación en altas tasas arancelarias, han creado barreras protectoras de importación de productos similares que podrían estar en nuestro mercado consumidor a mejores precios. Esta sobre protección no estimula al industrial a mejorar su eficiencia, por el contrario, el mercado cautivo lo ha llevado a ser menos competitivo y para ellos será siempre menos costoso abogar por una protección que invertir en centros de investigaciones de mercados y de tecnologías.
Un análisis del comportamiento del mercado productor y consumidor, en función de aquellos sectores donde ha existido una reducción efectiva en la tasa arancelaria, muestra que el productor ha tenido que orientarse hacia una actividad productiva de mayor rendimiento, ha tenido que aceptar nuevas y mejores tecnologías de producción y sobre todo en el proceso fabril, se ha visto obligado a mejorar su acervo cultural para lograr ser más competitivo, logrando inclusive la exportaciones de sus productos. Los que han desaparecido en el mercado, tenían que desaparecer porque estaban siendo sustentados sobre bases inadecuadas. Una apertura de mercado más competitiva, llevará a una mayor reducción de precios y si esa situación no ha sido de mayor magnitud a la fecha, es por las imperfecciones que aún persisten en nuestro mercado; por un lado, existe un pequeño grupo poderoso que además de ser los oferentes, son productores e importadores y por otro lado, el consumidor aún no ha logrado modificar su esquema cultural del cómo, cuándo y qué comprar.
En la medida en que se elimine el "club de productores e importadores privilegiados" y se estimule al consumidor de bienes finales, a que se organice y conozca mejor de sus derechos, facilitándoles informaciones pertinentes de precios comparativos y calidad, se podrá obtener mejores reducciones de costos de producción y de precios en los bienes de consumo final.