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Argentina: keynesianismo de pobres


Cuando los argentinos festejamos el fin del año 2002 es porque no podemos creer haberlo sobrevivido. Todos hemos sufrido el impacto: algunos han emigrado, muchos más han visto emigrar a un amigo o un pariente, incluso a la familia entera; otros han visto esfumarse sus ahorros; todos han sufrido la caída de sus ingresos; algunos han sido víctimas directas de la violencia y del crimen, mientras que todos los demás han estado asustados y preocupados por la violencia. Y luego de tantas tragedias nos preguntamos qué es, en definitiva, lo que ha cambiado.
Pasamos de un "modelo" a otro, de una manipulación de la economía a otra, según las preferencias y prioridades del manipulador de turno: de un tipo de cambio fijo que debido al elevado gasto público terminó en un tipo de cambio de flotación sucia para mantenerlo bien devaluado. Sólo que los "modelos" que pueden instrumentarse aquí tienen que adaptarse a la nueva circunstancia que hemos descubierto en la Argentina: que somos pobres.
El camino que los dirigentes políticos argentinos siguen es el asociado con las teorías del economista inglés J. M. Keynes. El razonamiento, muy sintéticamente expuesto, es el siguiente: el problema que enfrentamos es de escasa demanda, por lo que hay que promoverla. Al percibir esta señal, a medida que se reduzcan los inventarios, los productores volverán a invertir y la economía a crecer. Para impulsar la demanda, el Estado debe aumentar su gasto, bajar impuestos o incrementar el dinero en circulación, sin importar los déficit fiscales momentáneos. Pero la receta keynesiana original promovía la necesidad de hacer todo eso en caso de recesión, haciendo lo contrario en caso de crecimiento y auge de la economía, lo que permitiría generar una reserva de fondos para ser utilizada en períodos recesivos. El problema es que en la Argentina nada de eso existe. Durante los años de gran crecimiento económico, a principios de los 90, lejos de reducirse el gasto público y acumularse un excedente fiscal, se disparó tanto el gasto, como el déficit y el endeudamiento.
Hoy nos encontramos ante el siguiente dilema: ¿con qué recursos aplicamos la receta keynesiana para promover la reactivación vía el consumo? Ya no nos prestan porque no pagamos y ya se ha vendido casi todo lo que podía venderse. Es más, la realidad fiscal argentina ha llevado al gobierno a aplicar ciertas medidas claramente antidemanda, como el elevado tipo de cambio. Este disminuye el consumo porque encarece las importaciones y aumenta los precios en el mercado local de los productos que se exportan. Esto va en contra de la receta keynesiana que quisieran instrumentar. Por uno u otro lado, el costo fiscal aparece.
Existe un problema adicional en la reactivación vía mayor consumo. Es que el consumo, sobre todo de bienes durables, requiere confianza. La gente aumenta su consumo no ya porque le rebajen el IVA dos puntos (y toda rebaja de impuestos es positiva), sino porque sus expectativas de ingresos futuros se consolidan y son positivas. En un entorno de alta incertidumbre política y económica, ¿decidirá acaso la gente a consumir ese ahorro generado por la rebaja del IVA? No lo creo y, entonces, ¿no será mejor remover las barreras al crecimiento de la oferta, de las inversiones que aumentan la producción? Es un camino diferente. Según éste, para alcanzar el objetivo de aumentar la producción y crecer es necesario que crezca la inversión, la cual generará nuevos puestos de trabajo y terminará promoviendo el consumo por medio de una mayor producción de bienes y servicios. La clave está en remover barreras -tanto impuestos como regulaciones-, acabar con la inestabilidad jurídica y con las altas tasas de interés generadas por el elevado gasto público.
Esa es una apuesta políticamente difícil porque implica reducir los impuestos al capital para que éste se multiplique y genere crecimiento en la demanda de trabajo, pero pocas cosas son tan odiadas por los políticos como el capital. Al menos así lo dicen públicamente, aunque ya no tanto en reuniones reservadas. Y como nos estamos acercando a las elecciones, los candidatos insisten que al capital hay que combatirlo.
* Corresponsal de la agencia AIPE.
(c) www.aipenet.com

En la mayoría de los estados que han promulgado leyes relacionadas con el delito de robo de identidad, se ha establecido una pena máxima de 15 años de encarcelamiento más multa y embargo de cualquier bien personal utilizado o con intención de ser utilizado en la comisión del crimen.
En los casos de las tarjetas de crédito, en muchos países se ha limitado la capacidad para cargos no autorizados en $50.00 por tarjeta, justificada esta medida por las leyes de transparencias en los préstamos.
Los expertos en la materia, para prevenir el mal manejo de las tarjetas de crédito y débito, formulan las siguientes recomendaciones: 1) no pierda de vista su tarjeta, en los comercios donde la entrega a un dependiente para pagar sus cuentas; 2) revise en detalle su estado de cuenta y verifique que el saldo corresponda al consumo; 3) si detecta un consumo que no realizó notifíquelo de inmediato a su banco; 4) no acepte ayuda o sugerencias de extraños, dentro de un cajero automático; 5) no entregue su tarjeta a personas que le visiten en su domicilio a nombre del banco, con la finalidad de darle una nueva tarjeta.
Se ha señalado que uno de los aspectos más frustrantes del fraude de identidad, es que es posible que usted no lo descubra hasta que el mismo haya sido consumado. Podríamos resumir algunas de las señales de aviso: 1) usted recibe facturas de cuentas de tarjetas de crédito que usted nunca ha solicitado; 2) el período de facturación pasa sin que usted haya recibido el estado de cuenta de su tarjeta de crédito; 3) los estados de cuenta bancarios incluyen transferencias o retiros que usted no recuerda haber hecho, o le hacen falta cheques en su chequera, o su nueva chequera no ha llegado por correo; 4) no le aprueban su solicitud para obtener una tarjeta de crédito, hipoteca u otro tipo de préstamo, porque en su informe crediticio aparece que usted tiene deudas, que no sabía que tenía.
En Panamá, la mayoría de los contratos que rigen la expedición de tarjetas de crédito y cheques, entre otros, estipulan que el cliente o solicitante se hace responsable de su uso. Por lo tanto es fundamental que usted reporte la pérdida, extravío o robo de dichos documentos a su banco, de inmediato, antes de que alguien los utilice, a fin de limitar su responsabilidad. Nos cabe por último preguntarnos qué tan protegido nos encontramos los consumidores panameños, ante el delito de guante blanco de más rápido crecimiento: el "robo de identidad".
Existe el Decreto Ejecutivo No.69, de 25 de septiembre de 2002, que regula las Entidades Colaboradoras de Adopción Internacional (ECAI), mejor conocidas como agencias internacionales de adopción.
Lo que se hizo fue reglamentar las agencias, porque un convenio firmado en La Haya y del que Panamá es signatario, establece los organismos acreditados para este fin, que pueden ser fundaciones u organizaciones sin fines de lucro que se dedican a colaborar con adopciones internacionales.
Ese decreto surgió a raíz de anuncios de este tipo de adopciones en los medios de comunicación. Era necesario reglamentar la materia para evitar que los menores pudieran ser usados para otros fines distintos a la adopción.
Para poder operar, una agencia de adopciones que traiga niños de otros países o los lleve de Panamá, debe estar acreditada en Panamá y en los países donde sean adoptados los menores.
Se emitió el decreto en el que se reglamentan estas agencias, dado que Panamá no podía oponerse a las adopciones internacionales siendo suscriptor del convenio de La Haya.
Sin embargo, ninguna agencia ha solicitado su acreditación en Panamá, según informó Carmen Donna Aven. Además, aunque estén acreditadas y tramiten adopciones, hay dos requisitos fundamentales para adoptar que no pueden ser expedidos por ninguna agencia: El certificado de idoneidad para establecer que una pareja o persona es apta para adoptar y el certificado de conformidad, que emite el tribunal cuando se declara la adopción.
En este momento, nadie puede adoptar a través de una agencia, porque no hay ninguna reconocida y no pueden actuar solas. Las adopciones internacionales se dan cuando el que desee adoptar no vive en Panamá, aunque sea de nacionalidad panameña. Para investigar a los extranjeros que deseen adoptar, existe la figura de la autoridad central, que en el caso de Panamá es la Dirección de Adopciones.
Esa figura existe en otros países signatarios del convenio. Esas autoridades centrales piden apoyo entre países para que investiguen a las personas que quieren adoptar y luego de culminado el proceso, se les da un seguimiento de tres años para verificar que el menor está en buenas manos.
Casi todos los meses se solicita y se realiza el seguimiento, que incluye evaluación social, en el hogar y en la escuela; fotos, informes médicos, entre otros requisitos. Lo mismo solicita el ministerio como autoridad central de Panamá a otros países.
Esto es así porque el artículo 315 de la Ley 18 especifica que todos los niños, o adolescentes panameños, adoptados por ciudadanos de otros países, siguen bajo la dirección y asistencia del Estado panameño hasta haber alcanzado la mayoría de edad".
Desde su creación, hace un año, la Dirección de Adopciones ha recibido 77 solicitudes de adopción, incluidas las de niños regalados o las de cónyuges que quieren adoptar los hijos de su pareja.
Además, se han recibido 48 solicitudes de adopciones internacionales. La dirección ha tramitado unas 20 solicitudes de inhabilitación de los padres biológicos y se han dado en adopción unos 7 niños, mientras que hay 30 en vías de ser adoptados.
Han sido devueltos a sus familias de origen más de 40 niños. Cada trámite de adopción dura entre nueve meses y un año. "No somos un país donde hay gran cantidad de niños para dar en adopción", como en Colombia , informó la fuente.
Angel Javier estaba anotado como "niño desconocido" en la maternidad María Cantera de Remón del Hospital Santo Tomás. Fue encontrado en una cajeta, frente a un local de Calle J, en la capital, un 14 de noviembre. Fue dado de alta el 21. Estaba recién nacido, aún con el cordón umbilical colgando en su pequeño cuerpecito moreno. De la maternidad llamaron a Carmen Donna Aven, quien le hizo una camisita. "Yo me imaginé al niño morenito y dije: Este niño se va a llamar Angel y desde ese momento me dediqué a buscarle una familia", sostiene emocionada.
Un día se encontró con una enfermera en San Miguelito que le dijo que la conocía porque la vio en televisión. La funcionaria le habló de Angel. Allí terminó la conversación, al menos por el momento.
Un día recibió la llamada de una profesora que conocía a aquella enfermera y dijo estar interesada en Angel. El pequeño pasó las fiestas navideñas en el hogar de la profesora. Ella se encariñó tanto con él, que lo solicitó en adopción.
"Si hay un niño que yo no me arrepentiré nunca de haberlo colocado en esa familia es Angel", señaló la funcionaria. "Angelito no tiene siquiera una sola señal de que se haya arañado. Está gordo y hermoso y grande para la edad que tiene. Eso demuestra cuanto lo cuidan y lo quieren".
Ella le "bautizó" con el nombre de Angel Gabriel y habla de él como una madre orgullosa lo hace de su hijo. Si se le pregunta quién es su mamá, inmediatamente mira a la profesora que le ha dado amor maternal, a quien la entrevistada le pidió que no le cambiara el nombre. Angelito ya tiene un año y se apresta a pasar otra Navidad con su nueva familia.
Silvino no ha tenido la misma suerte. Sus cicatrices de las fracturas de cráneo y brazos sólo le hablan de desamor. Ojalá en esta Navidad pueda encontrar una madre y un padre que le enseñen que también hay latidos en el corazón que hablan de amor, de comprensión, de hermandad, de ternura y de solidaridad humana.

101 años de Panamá América

 
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