default

Armas químicas abandonadas por EU en la isla de San José




Ex Administrador del Canal de Panamá

El 22 de diciembre de 1947, se realizó una última reunión de la Asamblea Legislativa para decidir sobre la solicitud del Organo Ejecutivo de ratificar el Acuerdo de Sitios de Defensa que había sido firmado a las 4:00 p.m., de ese mismo mes, por Francisco A. Filós, ministro Encargado de Relaciones Exteriores de nuestro país y Frank T. Hines, embajador Extraordinario y Plenipotenciario de los Estados Unidos (EU) ante la República de Panamá.
El Acuerdo que le hubiese permitido a Estados Unidos permanecer en la Base Aérea de Río Hato, la isla de San José y en otros 11 sitios adicionales en el territorio nacional, había recibido el rechazo del pueblo panameño. Una serie de demostraciones en la calle, organizadas por la Federación de Estudiantes de Panamá, culminaron ese día con una concentración de más de 10,000 personas, en su mayoría mujeres que se habían organizado para tal fin, rodearon el edificio de la Asamblea y ocuparon las tribunas dentro del salón de reuniones. Después de los vibrantes discursos de los doctores Harmodio Arias, Ricardo J. Alfaro, Octavio Fábrega y Narciso Garay a quienes se les había dado cortesía de sala y de los diputados Diógenes de la Rosa y José Brower, habiendo transcurrido seis horas de sesión, a las 9:50 p.m., los 51 miembros de la Asamblea votaron unánimemente por el rechazo del Acuerdo.
En el Pentágono, la noticia cayó como un rayo. La embajada de EU en Panamá les había asegurado que contaban con 4/5 de los diputados para la aprobación del Acuerdo. La reacción fue violenta, se impartieron órdenes a las Fuerzas Armadas en Panamá de iniciar de inmediato el desalojo de esos sitios.
El 20 de diciembre de 1943, la embajada de los Estados Unidos, mediante nota diplomática dirigida al ministro de Relaciones Exteriores, había solicitado autorización para el uso por 60 días de la Isla de San José, como "área temporal de maniobras, a ser utilizada en la ejecución de pruebas de armas químicas de guerra" y que si tenía éxito en esas pruebas, fuera incluido como Sitio de Defensa dentro del Convenio sobre Arrendamiento de Sitios de Defensa", firmado el 18 de mayo de 1942.
El 4 de enero de 1944, el Ministerio de Relaciones Exteriores respondió diciendo que no encontraba inconveniente en que se realizaran las pruebas de armas químicas en la Isla de San José y que de tener éxito, estará anuente a incluirla como Sito de Defensa en el Convenio de 1942. Sin embargo, advirtió que la isla era propiedad particular de la Compañía Heurtematte.
El 6 de enero de 1944, el representante legal de la Compañía Huertematte confirma la anuencia de la empresa para que la isla fuese dada en arriendo a EU dentro del Convenio de 1942. Como los Estados Unidos señalaba que sólo utilizaría para las pruebas un área de 300 hectáreas dentro de la isla, el arrendamiento se fijó en B/.15,000 anuales, esto es, a razón de $50 por hectárea. No obstante, si se examina el mapa de la isla y los sitios de impacto nos damos cuenta de que cubrían casi la totalidad de la misma, en los cuatro puntos cardinales.
Los Estados Unidos, Gran Bretaña trabajan muy estrechamente en los proyectos de armas químicas. La isla de San José se suma a otras áreas en Australia, India, la provincia canadiense de Alberta y Bushnell en Florida. Dos días después de haber recibido la autorización de parte nuestra, los Estados Unidos enviaron personal para construir una pista, edificios, viviendas, caminos y carreteras, así como para instalar laboratorios.
Los agentes químicos que, en mayor cantidad, se sometieron a prueba fueron mostaza espesa; cloruro de cianógeno; cianuro de hidrógeno y fosgeno. A continuación algunas de las armas probadas:

Mostaza: Bombas Mark II de 500 lbs.; M-70 de 115 lbs.; LC 50 lbs.; M47 AS de 100 lbs.; morteros 4.2"

Cianuro de hidrógeno: Bombas M-79

Cloruro cianógeno: Bombas M78,M79,M80

Fosgeno: Bombas M79 de 1,000 lbs.; morteros 7.2" T21 y 4.2"

Cloruro de cianógeno y Fosgeno: Bombas de 1,000 lbs.; 500 lbs.; morteros 4.2"

Cloruro de cianógeno, fosgeno y butano: Bombas de 1,000 lbs.

Agentes persistentes no especificado: Bombas MK 1 de 500 lbs.

Metilo salicílico: Bombas Mark II 500 lbs.; morteros 4.2"


Se me ha dicho que en la isla de San José se probaron armas químicas que habían sido capturadas a los alemanes durante la guerra, pero no tengo documentación que lo pruebe. Miles de bombas y morteros con agentes químicos letales fueron disparados o dejados caer en 11 áreas de impacto, la mayor parte al norte de la isla.
El 23 de diciembre de 1947, al día siguiente del rechazo del Acuerdo, en horas de la noche se recibió en la isla de San José la orden de desalojo. El personal en la isla que trabaja 24 horas al día para desalojar la isla, lo cual se terminó el 28 de enero de 1948. Treinta y tres días fue todo lo que tuvieron de tiempo para esa operación. Cada libra de material tenía que ser trasladado a través de las playas, enfrentando las vicisitudes de mareas de 20 pies y en condiciones climáticas adversas, en enero de 1948, cuando estuvo lloviendo en la isla, casi con la misma intensidad de la estación lluviosa y los vientos mantenían el mar encrespado. El cuerpo químico no tuvo el tiempo para hacer una evaluación de los riesgos que quedaban en la isla, se dedicaron exclusivamente al manejo del material químico que no se había utilizado. Todo tenía que ser movido arrastrándolo hasta las playas y allí envolverlo y empaquetarlo en cajas de madera y embarcado en barcazas de 500 toneladas, haladas por remolcadores sobre una superficie de mar de 60 millas hasta la Zona del Canal. Un total de 31 de esas barcazas fueron utilizadas. La labor de movilización resultó la prioridad uno y el saneamiento del área prácticamente fue relegado a un último plano. En ningún momento se hicieron los estudios previos que señalan los procedimientos para el cierre de instalaciones de esta naturaleza. Nuestro gobierno no tuvo participación en los planes de remoción de amenazas, sencillamente porque no hubo plan alguno.
Por lo menos una de esas barcazas, la número 1897, tenía como misión "vaciar municiones al mar". El remolcador la llevaba 30 millas afuera. El conocimiento de este hecho fue lo que obligó al señor Earl Topper a desistir del proyecto que tenía en la isla de San José.
Un informe de 1979 presentado por los militares estadounidenses para el presidente Carter en la Casa Blanca, señalaba que "las municiones conocidas fueron destruidas o desintoxicadas", pero más delante decía que "en algunas pruebas, el funcionamiento completo de las municiones no pudo ser verificado por el medio ambiente de selva y pantano". Lo que demuestra que estaban muy conscientes de que habían abandonado armas químicas en la isla.
Durante todos estos años, los Estados Unidos no ha hecho el mínimo esfuerzo por establecer los riesgos que existen en la isla y mucho menos por removerlos, a pesar de las reiteradas solicitudes.
En las oportunidades en que traté de introducir el tema en el Grupo de Trabajo Conjunto Panamá-Estados Unidos para le remoción de las amenazas en las áreas de tiro y de prueba de armas, se me pidió que no lo hiciera explicando que se estaban reuniendo con los dueños de la isla. Eso era parcialmente cierto, porque estos me manifestaron que los tenían dando vueltas sin concretarles nada. El 29 de diciembre de 1998 envié una nota a la embajada sobre el tema. La respuesta recibida el 8 de enero de 1999, fue que "hemos estado en conversaciones con Otto Probst, con su hija y con otros dueños con relación a este asunto y continuaremos escuchando sus preocupaciones. Ahora que el gobierno de Panamá ha presentado una queja ante la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAC) debemos dejar que el mecanismo de esa agencia internacional siga su curso".
Entre tanto, los dueños de la isla siguen soportando el costo de oportunidad al no poder darle el uso apropiado a esa propiedad, ni han podido venderla porque los Estados Unidos cuando se le ha solicitado, ha rehusado dar un certificado de que no hay peligro para la vida, la salud y la seguridad humana y han dicho todo lo contrario; esto es, que el peligro existe.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América