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Arrogancia y gobernabilidad como el agua y el aceite


El miércoles 30 de agosto último, presenté en El Panamá América, mi aporte a la comunidad nacional acerca del Pacto META, con el artículo ¿Quién lo creería? No obstante al ver que durante el transcurrir de los días se han vertido todo tipo de opiniones que van desde las más honestas y sensatas hasta las más estultas y torpes, me he decidido a opinar nuevamente sobre este evento.
Está demostrado que la gobernabilidad se garantiza cuando los gobernantes acceden al entendimiento, que las sociedades requieren de un sistema social donde prevalezca la equidad política y se respete el derecho de la participación ciudadana. En ese sentido quiero señalar que quienes gobiernan en Panamá están obligados moralmente a reconocer tres cosas fundamentales: 1) La sociedad panameña está ofreciendo sus mejores esfuerzos para convivir en un modelo Societal que sólo se logra construyendo una nueva cultura democrática; 2) El país está sufriendo cambios en su dimensión política, los cuales son inevitables y están por encima de la voluntad del oficialismo. Estos cambios son propios de una sociedad política que está evolucionando, que reconoce la existencia de los valores cuyas normas le exige actuar con una ética y moral que tenga congruencia y esté articulada con su discurso; 3) El pueblo panameño fijó los hitos el 2 de mayo de 1999, mediante la cual se establecieron los límites y por consiguiente los espacios en los dos Organos del Estado: Ejecutivo y Legislativo, diciendo sobre las organizaciones políticas que deberían dirigirlos. Actuar a espaldas de ese mandato soberano del pueblo panameño es afectar negativamente la gobernabilidad del país.
Yo tenía la esperanza que los sectores oficialistas encabezados y orientados por quien debe sobresalir como su líder, la primera mandataria de la nación, estarían a la altura del fenómeno político nuevo; que la Presidenta se iba a empinar por encima del interés coyuntural y llamaría a una concertación nacional (maniobra que sin duda le daría estatura de estadista). Con una gran decepción, hasta ahora, no he visto mi sueño realizado, las personalidades del gobierno y de los partidos políticos que lo integran han abierto un abanico de opiniones viscerales, poco inteligentes, arrogantes, llenas de confrontación, al punto que han enrarecido el ambiente político con un olor a aires de totalitarismo.
La insensatez ha invadido el alma y el espíritu de los políticos oficialistas. Recuerdo que días antes de celebrarse el Pacto META, el médico aguadulceño Noriel Salerno, cuando avistaba en el horizonte el desvanecimiento de su candidatura presidencial hizo declaraciones en donde destilaba cólera. El abogado santeño (Villano) Alberto Cigarruista, declaraba a la prensa local, "La Presidencia puede hacer uso del veto presidencial, esa es una manera de controlar"; el Contralor de la República amenaza con impedir el gasto de los fondos de la Asamblea asignados en la ley de presupuesto, que va a fiscalizar el uso de las partidas circuitales, advertencia que nunca hiciera mientras estaba en vigencia el Pacto de La Pintada. Estas son muestras de arrogancia y de que el gobierno está en las manos de personas con una patología interesante y preocupante.
Me preocupa de manera muy particular, la actitud de un arnulfista que desde muy niño yo he admirado. Colonense igual que yo, don Jacobo Salas, el Baby Salas, como lo conocemos en nuestra provincia, siempre fue para nosotros un hombre de una gran integridad en todas los órdenes de la vida. Sensato, ecuánime, leal a sus principios panameñistas, nunca le he conocido características de visceral y perseguidor; sin embargo se ha montado en la cresta de la ola de la soberbia y arrogancia gubernamental. Dentro del Pacto META se le ha concedido al gobierno las comisiones legislativas de Presupuesto y Credenciales. Ambas tienen un carácter estratégico por cuanto que en una se maneja el presupuesto de la nación y en la otra se puede hasta juzgar al presidente de la República.
El legislador Jacobo Salas se ha convertido en el portavoz de la arrogancia oficialista diciendo en El Panamá América "Que si ellos van a controlar la Asamblea Legislativa, entonces deben hacer en su totalidad y no de forma compartida con los partidos que serán la oposición en ese órgano del Estado".
Don Jacobo Salas, que es un panameñista de firmeza e inclaudicable, parece que tiene afectada su memoria histórica, ya que al parecer no recuerda que en 1968 el doctor Arnulfo Arias Madrid llegó al poder en una alianza con un sector de sus enemigos sempiternos, y él (Jacobo Salas) fue el presidente de la Asamblea Nacional de diputados por ocho días con el voto de esos enemigos.
El oficialismo no está dando muestras de una voluntad política, creatividad e iniciativa. No han entendido que este es un momento en que la Presidenta de la República pueda tomar distancia de aquella garulilla de "logreros" y "arribistas" que la mantuvieron secuestrada en aras del "Pacto de La Pintada" concediéndoles en cada chantaje prebendas y canonjías, le ha llegado la hora de liberarse de aquella imagen de ineptitud e incapacidad y devolverle la esperanza a un pueblo que fue ilusionado con el espejismo del cambio. Todavía está a tiempo. Para los que apoyamos el Pacto META, este es el momento de demostrar que no basta ser gobierno, sino que desde la oposición también se puede trabajar por Panamá y que podemos construir un camino de paz, democracia, bienestar y gobernabilidad sin arrogancia.

101 años de Panamá América

 
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