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Arte y nostalgia


El martes 17 de abril asistí a la inauguración de cuadros artísticos de Ana Elena Garuz. La exposición me pareció excelente, aunque debo admitir que mis conocimientos de arte son casi nulos. La familia de doña Edelvia, la abuela materna de Ana Elena, es amiga de mi familia por más de 100 años. Tanto así que mi madre Aura se sentía como hermana de doña Edelvia, sentimiento que ésta correspondía con creces. A la exhibición llegaron viejos e inolvidables amigos. Me topé con un condiscípulo que emitió elogios hacia mí como estudiante que él no tiene idea de lo inmerecidos que son. Prominente arquitecto, se dolió de la planificación que debió hacerse hace cuarenta años, y que él señaló a su debido tiempo, para que la ciudad de Panamá no se encuentre en el desbarajuste que hoy todos conocemos y sufrimos al constatar la improvisación disparatada que sufre en su trazado y diseño.
Lucho y Elda Garuz, padres de Ana Elena, junto con otros asistentes a la exposición, son también amigos entrañables de mi siempre recordada finada esposa, Annette, y míos. Hacen ya poco más de tres años que Dios se llevó a Annette. De modo que los recuerdos de las incontables reuniones que hicimos, de cumpleaños y otros motivos válidos o inventados, me hicieron sentir la insondable profundidad de mi nostalgia.
Recordé que en mi niñez caminé varias veces desde el Colegio Miramar, donde hoy se ubica el hotel del mismo nombre, hasta la desembocadura del río Matasnillo. Y no puedo dejar de pensar en la cacareada cinta costera que pienso, dentro de mi ignorancia, que deberá paliar muy levemente, y no por demasiado tiempo, el embotellamiento de tránsito del bulevar Balboa. Pero lo más importante parece ser que ésta y otra serie de obras públicas se inauguren antes de las elecciones de mayo de 2009. De ser así tendremos que llenarnos de paciencia y observar el exagerado programa de relaciones públicas del presente desgobierno.
Perdone, caro lector, me he desviado del propósito del presente escrito cual es el sentimiento de nostalgia que nos embarga a todos cuando recordamos a familiares y amigos que pasaron a mejor vida. ¡Cuánta falta me hacen mi esposa, padres, familiares y amigos desaparecidos! ¡Cuánto añoro mi Paseo de las Bóvedas y mi Parque de Santa Ana, tal como los conocí! Termino remedando una frase de una vieja canción de Bienvenido Granda y la Sonora Matancera: ¡Siempre los he de querer!
Los niños son como esponjitas que absorben todo lo que ven, escuchan y perciben a través del contacto con otros seres que les rodean, sean sus padres, hermanos, parientes o maestros. Por eso, los padres deben revisar su actitud ante sus hijos. Recuerden la frase de Jesús que dijo: "Todo aquel que escandalice a un niño, más le valdría que le ataran una piedra de molino y lo echaran al fondo del mar."
Ser buenos padres es lo más importante en la vida. Por eso, ¡cuidado! Miren bien cómo crían a sus hijos, porque cosecharán precisamente lo que siembren. Revisen la clase de educación que les están dando y busquen superarse más en la forma como los cuidan. Denles siempre el mejor ejemplo. Si sus hijos no reciben eso, todo lo demás valdrá poco.
El buen ejemplo de los padres es lo que verdaderamente incentiva y arrastra al niño a elegir y seguir el mejor camino. El buen ejemplo, más que las buenas razones, es lo que empuja verdaderamente. El día del juicio final, Dios tomará en cuenta la forma en que los padres han criado a sus hijos. Acrecienten en sus hijos la fe en Dios. Recuerden que la herencia más grande que se puede dejar a los hijos es una buena formación integral y la fe en Dios. ¡Creer en el Señor es lo más importante! Los niños deben aprender a orar y a leer la Palabra de Dios junto con sus padres. La herencia más grande es que lleven a Dios siempre en su corazón. Y recuerden siempre que con DIOS, somos. . . ¡INVENCIBLES!
¿Cómo hacerlo? En Polvos Azules de Perú, el gobierno modernizó una plaza donde instaló áreas recreativas, además de los puestos de los buhoneros. De esta manera, ellos no entorpecen el paso de los peatones y pueden ofrecer sus productos al público de una manera ordenada.
Igualmente se puede efectuar la peatonalización de una calle para que mientras las personas realizan su recorrido puedan acercarse a los puestos de buhonería.
Aproximadamente unos 400 buhoneros trabajan la economía informal desordenadamente en el centro de la ciudad de Panamá.
Transitar por la vía principal de Calidonia se convierte en un dolor de cabeza para algunos peatones, quienes tienen que esquivar los numerosos puestos de buhonería.
Además, en el camino también tienen que enfrentarse con los productos que ofrecen los almacenes instalados en esta área comercial.
La economía informal en Panamá esta regulada por la Alcaldía Municipal de Panamá mediante el decreto No. 25 del 14 de enero de 1999.
La propuesta de reorganizar este sector del corregimiento plantea que se utilicen kioscos de aluminio supuestamente similares a los utilizados en México y Chile.
De llegar a un acuerdo con el Sindicato de Buhoneros, la Alcaldía de Panamá instalaría 500 de éstos en el distrito metropolitano.
Estas casetas miden aproximadamente 2.8 metros de largo y 1.5 metro de ancho.
Serán construidos con aluminio, acero inoxidable y vidrios con protección para rayos ultravioletas, según se informado.
¿Qué opina del cambio de la reorganización de la buhonería en Calidonia?
Modesto Sánchez: "Considero que la instalación de las nuevas casetas está bien, por lo menos a mí me favorece, pues me dedico a arreglar relojes en este sitio desde hace 20 años. El modelo del kiosco me parece bien".
Belisario Ruiz: "Pienso que se debe realizar un cambio en la ciudad de Panamá, sobre todo en la vía principal de Calidonia, donde se concentra una gran cantidad de personas. Con estos kioscos esta avenida tendrá una mejor estética".
Daysi Fuentes: "Tengo más de 20 años de estar trabajando como buhonera en este sitio y hasta el momento no estoy muy informada sobre este cambio de casetas. Tendré que hacer lo que dice la mayoría y si la Alcaldía decide cambiar los kioscos, yo no puedo hacer nada".
Edward Macías: "Todavía no estoy bien informado sobre las nuevas casetas, pero considero que éstas son muy estrechas. El calor nos va a consumir y no podremos exponer de una manera visible nuestros productos".
Luzmila Amaya: "No me gusta el diseño de estas nuevas casetas. Considero que deben ser más amplias para que los clientes puedan acercarse a observar los productos. Además, me han dicho que estos kioscos nunca serán nuestros y que tendremos que pagar B/.1.00 diario".

101 años de Panamá América

 
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