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Así es diciembre




Periodista

Diciembre comienza por sus olores, más que en los primeros días de la última página del calendario. Y es que este mes sabe perfurmarse de pino, de uvas y manzanas, de roscas de pan de huevo, de dulces de frutas, de jamón y de tamales. El olor a Diciembre tiene la magia maternal de nuestros primeros años y una larga madeja de nostalgia que sigue bordándose en las trenzas del cerebro.
No me imagino al mundo sin Diciembre, hace 2,000 años, sin nacimientos, sin arbolitos, sin la alegría de la espera para dar y recibir, sin la risa de los niños frente a su juguete y toda la fantasía que envuelve cada uno de sus días y sus noches de luces de colores interminentes al tiempo que El Gran Combo se escapa por las ventanas de todo el vecindario.
Los últimos 31 días del año se llaman Navidad y en ellos se resumen también lo que nos queda y lo que dejamos. Es como el resultado de una larga confesión ante un año cansado y vestido de sotana. Diciembre es la reflexión, es el recuerdo y el olvido. Es el principio de otra lista de buenos deseos de las tarjetas navideñas y es un excelente momento para el perdón.
Diciembre nos permite replantearnos nuestras relaciones con quienes nos rodean, asumiendo de manera serena y con claro compromiso una actitud de tolerancia en el bullicioso trajín de los días. También es tiempo de aprendizaje y crecimiento, de renovación y cambio, de elevarse por encima de los laberintos de la mediocridad con voluntad fraterna y solidaria. Estos días nos traen la oportunidad de conocernos mejor como paso inevitable para dejar los miedos y las culpas en el confín del recuerdo y empezar a ser mejores.
Este mes se llena de latas de pintura, de muebles nuevos, de regalos anuales, de ahijados olvidados, de compras de última hora, de donaciones a la Teletón, propinas innusuales y hasta obras de caridad. Pero es un mes que se ha comercializado tanto que parece alejarse cada vez más de su sencillo y auténtico origen. Año tras año, en un humilde establo de Belén nace un niño trayendo una buena nueva de paz a los hombres de buena voluntad, un mensaje de amor al corazón de los hombres y mujeres que decimos recordarlo y una propuesta transformadora, de cambios profundos en el camino de nuestra humanización.
El nacimiento de ese niño es una proclamación del amor como facultad primera de los seres humanos. El ejercicio permanente de este supremo sentimiento nos hace amar la vida y todos los seres vivos con lo mejor que tenemos como un proceso de depuración íntima que nos va moldeando y embelleciendo internamente en ese constante renacimiento.
Pareciera como si el año nos brindara una oportunidad para alejarnos del precipicio de la soberbia y elevarnos en la humildad, para abandonar el egoísmo y penetrarnos de bondad. La pureza sencilla de la verdad es una invitación a reflexionar sobre el sentido trascendente de la vida en cada uno de nosotros en el único momento vital: el presente, aquí y ahora.
Diciembre será para algunos el mes para gastar los ahorros, hacer mejoras en la casa, comprar vestidos nuevos, la cena de Noche Buena y otras actividades materiales. Pero en este lento y forzoso tránsito hacia la humanización de la especie, el mes de la Navidad nos permite la apertura del mejor de los regalos, la apertura íntima de nosotros mismos y descubrir esa estrella luminosa que habita en nosotros y que muy pocas veces dejamos brillar.

101 años de Panamá América

 
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