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Asistencialismo, justicia social, sensibilización y empatía


El voluntariado social no es prioritariamente una actividad asistencial con las personas marginadas. Efectivamente tiene un componente asistencial decisivo en la resolución de problemas inmediatos, mucho más cuando éstos no admiten demora; pero, sobre todo, es una actitud frente a la sociedad, la búsqueda de un modelo social y de comportamientos personales que afirmen la justicia social y la búsqueda de más oportunidades para todos. Busca la colaboración mutua, la autonomía y, en definitiva, la felicidad para aquellos que no la tienen.
Un voluntario puede ayudar a un minusválido a sortear una barrera arquitectónica, pero su responsabilidad será, unido a otros miles de voluntarios, pedir a quien corresponda que desaparezcan las barreras. Su misión social se encamina hacia eliminar las barreras mentales frente a las diversas formas de exclusión social.
Hay algo mejor que hacer el bien, procurar que otros lo hagan. El voluntariado es para todos y ahí radica su eficacia social. Lo más alejado al concepto de voluntariado social sería un grupo elitista de "gente buena". El voluntariado puede ofrecerse a cualquiera, con independencia de juicios morales o de planteamientos personales de vida. De ahí que debe dar testimonio acerca de su labor y razón de su esperanza. Por un lado, para facilitar nuevas adhesiones a programas concretos pero, sobre todo, para acercar la sociedad establecida a los submundos de marginación llenos de mitos, tabúes, fronteras y exclusiones. Cada voluntario deberá buscar el mejor camino para comunicar lo que hace, y no debe dejar de hacerlo.
La empatía supone ponerse en el lugar del otro. Está muy relacionada con el sentido común ya que, si comprendemos el dolor, las frustraciones o los miedos del otro, podremos tratarlo como nos gustaría que nos trataran a nosotros mismos. Las situaciones, los sentimientos, los deseos o las motivaciones no son tan diferentes de unas personas a otras; por lo tanto, no es tan difícil buscar la empatía. Basta creer en que es posible. Decían los antiguos: "Pueden porque creen que pueden".
Cierto que es imposible situarse en la realidad del otro, por más esfuerzo e interés que se ponga en ello. No obstante, el esfuerzo y el interés serán valorados por el otro positivamente, se dará cuenta de que le importas y de que te quieres acercar a su realidad por más dura que ésta sea. Y no sólo con lástima y buenas palabras, sino con el ánimo de ayudar y con acciones concretas para mejorar su vida.
(*) Director del Centro de Colaboraciones Solidarias.
Expresa que en la ley nueva, que debe aprobar la Asamblea Nacional, se eliminará por completo la música del servicio de transporte colectivo.
González considera que es posible que los transportistas "se estén apoyando en la ley, pues lo único que no les permite son los amplificadores".
"Los que estén colocando radios se pueden estar basando en lo que dice la ley y no tenemos nada legal para quitárselo", afirma.
Aclara que los operativos que realiza la institución son de seguridad.
Según cuenta, cuando se dieron los operativos contra el ruido se trataba de acuerdos entre transportistas, quienes dijeron que iban a eliminar la música.
Reveló que hay prestatarias que no tienen fuerza con sus agremiados, por lo que en varias piqueras proceden a colocar música.
Mientras la polémica se resuelve, usuarios se quejaron cuando se les consultó sobre la situación y señalaron que los "transportistas siempre hacen lo que quieren".
De julio a septiembre de 2006, en el operativo contra el ruido se habían decomisado 451 equipos de sonido. Igualmente se impusieron más de B/.5 mil en sanciones, según reportes de la comuna capitalina.
Sólo del 10 de julio, cuando arrancó el operativo, al 23 de agosto, se decomisaron 267 artículos que generan ruido y se habían hecho 167 citaciones a las corregidurías.
Entre esos equipos se contaron bocinas, troneras, pitos, amplificadores, troneras, ecualizadores.

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