Atrapado en Kosovo
Los economistas de la OTAN están contabilizando el costo de la guerra en Kosovo, fijándola por el momento en unos 3,000 millones de dólares en un año, estimando la pérdida de 20 aviones y excluyendo la participación de soldados de infantería cuyo emplazamiento es mucho más costoso.
Las cifras frías revelan que los costos podrían elevarse a 9,000 millones de dólares si recrudece el conflicto y requiriera mayor participación de aviones, misiles, personal y equipo de apoyo que el promedio actual, como en efecto parece.
La astronómica cifra luce pequeña si se compara con los 30,000 millones de dólares que costó la Guerra del Golfo. Se estima que dicho monto sería apenas 0.25% de los ingresos fiscales de los países de la OTAN y 0.1% de su Producto Interno Bruto. Todo para decir que es casi nada.
Pero al margen de las cifras supuestamente tranquilizadoras, el presidente yugoslavo, Slobodan Milosevic parece estar contraatacando con dos armas muy eficaces, una de ellas, usada con mucho éxito por el presidente cubano Fidel Castro en su conflicto de 40 años con Estados Unidos: la bomba migratoria.
En sólo seis días han huido de Kosovo 600 mil ciudadanos de origen albanés bajo presión de las fuerzas serbias de Milosevic. A ese ritmo, los mismos economistas calculan que en diez días más, podría vaciarse toda la provincia, inundando a las naciones vecinas con más de un millón y medio de refugiados en absoluta miseria.
La situación actual de los refugiados, de acuerdo con las tropas de la OTAN, es inmanejable y desesperada, excediendo con creces la capacidad y los recursos limitados de la Cruz Roja Internacional. Tan solo la prestación de alimentos y auxilio indispensable al número actual de refugiados puede costar a la OTAN la friolera de 12,000 millones de dólares o sea cuatro veces más que el monto inicial estimado para un año de guerra.
La otra arma de Milosevic, no menos dañina, consiste en montar una paciente guerra de desgaste del tipo Viet Nam, que fuerce a los aliados occidentales al progresivo encalonamiento de la guerra y a la elevación de su costo material y en vidas, hasta forzar a un arreglo negociado bajo sus términos y condiciones.
La OTAN se ha dado cuenta del atolladero y por eso, ha formulado una iniciativa que significa retirar su exigencia de aceptación incondicional por Milosevic de una autonomía para Kosovo, a cambio que permita el retorno de los kosovares por el cese de los ataques de la alianza. Y hasta que ocurra algún cambio espectacular en los próximas días, Milosevic estará riéndose del mundo.
Las cifras frías revelan que los costos podrían elevarse a 9,000 millones de dólares si recrudece el conflicto y requiriera mayor participación de aviones, misiles, personal y equipo de apoyo que el promedio actual, como en efecto parece.
La astronómica cifra luce pequeña si se compara con los 30,000 millones de dólares que costó la Guerra del Golfo. Se estima que dicho monto sería apenas 0.25% de los ingresos fiscales de los países de la OTAN y 0.1% de su Producto Interno Bruto. Todo para decir que es casi nada.
Pero al margen de las cifras supuestamente tranquilizadoras, el presidente yugoslavo, Slobodan Milosevic parece estar contraatacando con dos armas muy eficaces, una de ellas, usada con mucho éxito por el presidente cubano Fidel Castro en su conflicto de 40 años con Estados Unidos: la bomba migratoria.
En sólo seis días han huido de Kosovo 600 mil ciudadanos de origen albanés bajo presión de las fuerzas serbias de Milosevic. A ese ritmo, los mismos economistas calculan que en diez días más, podría vaciarse toda la provincia, inundando a las naciones vecinas con más de un millón y medio de refugiados en absoluta miseria.
La situación actual de los refugiados, de acuerdo con las tropas de la OTAN, es inmanejable y desesperada, excediendo con creces la capacidad y los recursos limitados de la Cruz Roja Internacional. Tan solo la prestación de alimentos y auxilio indispensable al número actual de refugiados puede costar a la OTAN la friolera de 12,000 millones de dólares o sea cuatro veces más que el monto inicial estimado para un año de guerra.
La otra arma de Milosevic, no menos dañina, consiste en montar una paciente guerra de desgaste del tipo Viet Nam, que fuerce a los aliados occidentales al progresivo encalonamiento de la guerra y a la elevación de su costo material y en vidas, hasta forzar a un arreglo negociado bajo sus términos y condiciones.
La OTAN se ha dado cuenta del atolladero y por eso, ha formulado una iniciativa que significa retirar su exigencia de aceptación incondicional por Milosevic de una autonomía para Kosovo, a cambio que permita el retorno de los kosovares por el cese de los ataques de la alianza. Y hasta que ocurra algún cambio espectacular en los próximas días, Milosevic estará riéndose del mundo.