Atrayendo inversiones de China
A unque desde hace algunos años venimos contando con una dinámica representación comercial china en nuestro país, salvo algunos pequeños y poco conocidos programas de cooperación gubernamental y la multimillonaria adquisición de los puertos de Balboa y Cristóbal por la gigante de Hong Kong, Hutchinson Wampoa, muy escasa es la inversión de China, la del Continente, en Panamá.
Es más, nada se habla de la magnitud de las inversiones chinas en el extranjero, quizás ahogadas por el torrente de capitales que, en sentido inverso fluye desde todos los confines del planeta hacia el insaciable coloso asiático. China, en un mundo globalizado, se ha convertido en la factoría del planeta, tal como Estados Unidos lo es de las comunicaciones y los servicios, y el mundo árabe de la provisión de energéticos. ¿Cuál papel corresponderá a Panamá en un mercado tan competitivo? Eso está por definir, aunque de hecho evolucionamos hacia un centro de tránsito, acopio y redistribución de mercaderías. Por si no lo sabemos, el mundo marcha hacia la especialización regional. Y en ese escenario, tenemos como tarea pendiente redefinir nuestro lugar en el concierto de naciones.
Un minúsculo país como el nuestro, carente de capitales propios para su desarrollo, tiene que esforzarse por atraer inversión foránea. Y que sepamos, bajo las administraciones actual y las precedentes, no se ha tenido mayor éxito por atraer capitales chinos. Esa es otra tarea que deberá desarrollar el nuevo gobierno de Martín Torrijos. ¿Se puede? ¡Claro que se puede!
Una buena muestra lo da el gobernador de Baja California, México, Eugenio Elorduy. En un viaje de trabajo y promoción -no de turismo oficial, como suelen hacer los nuestros- que hace a China, está procurando que ésta amplíe sus actuales inversiones hoy circunscritas a la fabricación de aparatos electrodomésticos, a la industria automotriz, aeroespacial, informática y biotecnología. Para eso ofrece como atractivo el tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, y su vecindad con el estado de California, la sexta mayor economía del planeta, a mas de leyes de inversión, mano de obra calificada y enseñanza universitaria de buena calidad. ¿Estamos en condiciones de ofrecer lo mismo? Obviamente no. Pero podemos ponernos en marcha para desburocratizar y remediar carencias.
Comprendamos que la falta de conocimiento y de posesiones físicas lleva a los latinoamericanos a desear nuevamente gobiernos dictatoriales. Y esta situación ambivalente permite que aparezcan personajes chantajistas de las necesidades de un pueblo, los engatusan y les hacen creer que son los salvadores y que el destino los ha colocado allí para solucionar sus problemas.
Debemos saber que es importante la gobernabilidad democrática y si los políticos no dan la oportunidad de utilizarla en el desarrollo humano con entes políticos, la economía no florecerá si no hay un reto político.
Los ciudadanos estamos obligados a defender la democracia en el concepto integral de la misma y, si para esto es necesario presionar o castigar los políticos, pues lo haremos para que enderecen el rumbo del país. ¿Hasta dónde los ciudadanos están dispuestos a respaldar la democracia como tal y anteponerla a sus propias necesidades?
Sin soluciones de los factores primarios de necesidad no habrá democracia; no basta que sólo un sector de la ciudadanía respalde la democracia.
¿Qué hay de los habitantes de las áreas rurales apartadas donde la civilización no llega? ¿Creerán en la democracia? Hay que activarla para hacer crecer la cantidad de quienes la apoyan. Si es cierto que en este sistema de gobierno se facilita el equilibrio político, no olvidemos dejar el abuso de los gobernantes y dirigentes para sus propios intereses porque deben privar los intereses de las masas evitando la desigualdad y la pobreza que en nada ayudan a la preservación de la democracia.
El deterioro de las instituciones políticas desgasta la credibilidad en ellas y hace perder la fe en la democracia. Esta justifica su existencia con organización y garantía de los derechos y del origen de la misma.
Si perdemos la democracia, volveremos a las injusticias, la corrupción y nos saldremos de los parámetros de vivir en libertad y con decencia. Hay que salvarla y preservarla con amor.
Es más, nada se habla de la magnitud de las inversiones chinas en el extranjero, quizás ahogadas por el torrente de capitales que, en sentido inverso fluye desde todos los confines del planeta hacia el insaciable coloso asiático. China, en un mundo globalizado, se ha convertido en la factoría del planeta, tal como Estados Unidos lo es de las comunicaciones y los servicios, y el mundo árabe de la provisión de energéticos. ¿Cuál papel corresponderá a Panamá en un mercado tan competitivo? Eso está por definir, aunque de hecho evolucionamos hacia un centro de tránsito, acopio y redistribución de mercaderías. Por si no lo sabemos, el mundo marcha hacia la especialización regional. Y en ese escenario, tenemos como tarea pendiente redefinir nuestro lugar en el concierto de naciones.
Un minúsculo país como el nuestro, carente de capitales propios para su desarrollo, tiene que esforzarse por atraer inversión foránea. Y que sepamos, bajo las administraciones actual y las precedentes, no se ha tenido mayor éxito por atraer capitales chinos. Esa es otra tarea que deberá desarrollar el nuevo gobierno de Martín Torrijos. ¿Se puede? ¡Claro que se puede!
Una buena muestra lo da el gobernador de Baja California, México, Eugenio Elorduy. En un viaje de trabajo y promoción -no de turismo oficial, como suelen hacer los nuestros- que hace a China, está procurando que ésta amplíe sus actuales inversiones hoy circunscritas a la fabricación de aparatos electrodomésticos, a la industria automotriz, aeroespacial, informática y biotecnología. Para eso ofrece como atractivo el tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, y su vecindad con el estado de California, la sexta mayor economía del planeta, a mas de leyes de inversión, mano de obra calificada y enseñanza universitaria de buena calidad. ¿Estamos en condiciones de ofrecer lo mismo? Obviamente no. Pero podemos ponernos en marcha para desburocratizar y remediar carencias.
Comprendamos que la falta de conocimiento y de posesiones físicas lleva a los latinoamericanos a desear nuevamente gobiernos dictatoriales. Y esta situación ambivalente permite que aparezcan personajes chantajistas de las necesidades de un pueblo, los engatusan y les hacen creer que son los salvadores y que el destino los ha colocado allí para solucionar sus problemas.
Debemos saber que es importante la gobernabilidad democrática y si los políticos no dan la oportunidad de utilizarla en el desarrollo humano con entes políticos, la economía no florecerá si no hay un reto político.
Los ciudadanos estamos obligados a defender la democracia en el concepto integral de la misma y, si para esto es necesario presionar o castigar los políticos, pues lo haremos para que enderecen el rumbo del país. ¿Hasta dónde los ciudadanos están dispuestos a respaldar la democracia como tal y anteponerla a sus propias necesidades?
Sin soluciones de los factores primarios de necesidad no habrá democracia; no basta que sólo un sector de la ciudadanía respalde la democracia.
¿Qué hay de los habitantes de las áreas rurales apartadas donde la civilización no llega? ¿Creerán en la democracia? Hay que activarla para hacer crecer la cantidad de quienes la apoyan. Si es cierto que en este sistema de gobierno se facilita el equilibrio político, no olvidemos dejar el abuso de los gobernantes y dirigentes para sus propios intereses porque deben privar los intereses de las masas evitando la desigualdad y la pobreza que en nada ayudan a la preservación de la democracia.
El deterioro de las instituciones políticas desgasta la credibilidad en ellas y hace perder la fe en la democracia. Esta justifica su existencia con organización y garantía de los derechos y del origen de la misma.
Si perdemos la democracia, volveremos a las injusticias, la corrupción y nos saldremos de los parámetros de vivir en libertad y con decencia. Hay que salvarla y preservarla con amor.