Aumento de penas
Ante la desproporcionada comisión de delitos y el clamor de nuestra población por lograr seguridad en nuestra vida cotidiana, algunos sugieren aumento de penas. Y de inmediato, los expertos intervienen arguyendo que está comprobado que eso no es solución para hacer desaparecer el delito, y en ello todos estamos de acuerdo. No obstante, quienes apoyan el incremento de las penalidades no lo hacen con la romántica idea de que harán desaparecer el delito de la faz de la tierra, sino que podría ser un disuasivo para aminorarlo, y, por cierto, en muy apreciable escala.
Por regla general, los delincuentes son reincidentes. En consecuencia, mientras más tiempo permanezcan en la cárcel los más peligrosos de ellos, menos oportunidad tendrán para delinquir nuevamente, dicen quienes defienden el aumento. Para demostrarlo en su cruda desnudez se ofrece un ejemplo: Conforme al artículo 171 de nuestro Código Penal, a un violador le es aplicable una pena de 5 a 10 años. Ya hay bastantes de ellos en nuestras cárceles, puesto que abundan. Si en vez de 5 a 10 años les impusieran de 10 a 20, la sociedad se vería libre de ellos por largo tiempo. Al terminar de cumplir sus penas, lo más probable es que no se sentirían animados a repetir el ilícito y quizás, según la edad en que los encarcelaron, no podrían cometerlo aunque lo desearan.
En últimas, dicen algunos de los expertos que se oponen a más aumentos de penas, lo que se requiere es aplicar las penas existentes, ya que aumentarlas, si no se aplican, no tiene ningún efecto en la práctica. La discusión y el debate están puestos sobre la mesa.