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Aumento de penas y pena de muerte


La triste realidad que ofrecen las continuas infracciones del Reglamento de Tránsito con su secuela de muertes, así como las violaciones carnales, asaltos y homicidios y la comisión de toda clase de delitos se ha hecho ya tan espeluznante, que debemos meditar seriamente ahora que se está revisando nuestro Código Penal.
El aumento de las penas se hace ya indispensable. Convenimos con los tratadistas en Derecho Penal en que el mencionado aumento no resuelve el problema, pero eso no debe constituir argumento para no imponerlo antes que buscar obras soluciones para prevenir o evitar los delitos. Estos no desaparecerán del mundo jamás, pero mientras más largamente se mantenga a un delincuente encerrado, menos peligro existe para la sociedad para la cual su libertad constituye una amenaza.
Por otra parte, hay crímenes tan horripilantes que aunque no consideramos que en Panamá la estableceremos, antes de que pase mucho tiempo, irremisiblemente, se establecerá en países vecinos en nuestro hemisferio. Imperará el principio de que al que mata no se le debe dar oportunidad de volver a matar. Hay casos que lo sustentan elocuentemente. En nuestra mocedad durante la guerra mundial en Londres, discutíamos con algunos amigos sobre la pena de muerte a la cual nos oponíamos por el peligro de que a un condenado cuya inocencia se pudiera probar después de muerto, nadie podría devolverle la vida. Pero me argumentaban que cuando el caso era claro y no admitía dudas, había que imponerla. Poco tiempo después, un sádico mató a dos mujeres en el término de diez días. Fue juzgado, condenado y luego ahorcado. Accidentalmente, a raíz del ahorcamiento nos encontramos con uno de aquellos amigos. Tan pronto nos saludamos, mencionó nuestra discusión pasada diciéndonos: "Ese no matará a la tercera".
Hace unos 30 ó 40 años en Puerto Rico, un homicida fue condenado por un jurado de conciencia a purgar pena de cárcel. Tan pronto escuchó el veredicto, airadamente le gritó a los miembros del jurado que se la pagarían. Con el tiempo logró escaparse. Llegó a matar a cinco de ellos.

101 años de Panamá América

 
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