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Autoridad moral


La expresión "autoridad moral", ya sea en su sentido político o religioso, puede entenderse como el respaldo inmanente con que cuenta una persona para opinar o dictaminar sobre determinado asunto frente a los demás. Tal condición estará siempre determinada por la manera como se hace, la trayectoria y ejecutoria de la persona, sus afiliaciones y posiciones anteriores, entre otros. Pero, en última instancia, son los demás quienes determinan si la opinión o dictamen de dicha persona goza de respeto o peso.
Por ejemplo, cuestionamos a los que arrebatan el poder por la fuerza y a los que contribuyen a perpetuar a esos usurpadores y años después pregonan estar a favor de la democracia. También dudamos de quien exige trabajo duro sin predicar con el propio ejemplo, de quien roba, ultraja o abusa de su autoridad y luego exige la credibilidad y respeto que en su momento no supo dispensar.
Del mismo modo ocurre con el policía que cruza una avenida sin utilizar el paso peatonal, quien pierde autoridad frente a los demás; igual que el fiscal que se ha parcializado difícilmente puede obtener como contrapartida el respeto legal que exige para su persona. Asimismo, el político voluble que cambia de tolda como de camisa para lograr que se le designe para ocupar un cargo, será siempre cuestionado.
En este país tan pequeño, en donde sufrimos una dictadura militar que usufructuó el poder para beneficio de los uniformados y sus títeres civiles por más de dos décadas, un grupo importante de figuras públicas de hoy ostentan una trayectoria plagada de cuestionamientos, dudas, condenas y hasta indultos por los abusos cometidos. Y los jóvenes que apenas se incorporan en la política, quienes por su corta carrera han tenido menos ocasión de ceder a las tentaciones del beneficio fácil y manchar su imagen, también se desgastan rápidamente al tomar decisiones y actuar con una moral y ética confundida, producto del ambiente arribista y oportunista que hoy impera.
En última instancia, la ciudadanía ese grupo mayoritario de personas que se mantiene alejado de la política y del gobierno, pero que hoy en día asisten con libertad a las urnas para decidir quién dirigirá sus destinos reconocerá y juzgará a quienes hoy le piden su voto o exigen respeto a sus acciones.
Es cuestión de ponderar su trayectoria y antecedentes, bajo el lapidario adagio bíblico: "Por sus actos los conoceréis". Y eso incluye no sólo la actitud del converso de hoy sino también de su conducta pasada.


101 años de Panamá América

 
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