Barbas mojadas
La medida cuatelar dictada al ex presidente de la República, Dr. Ernesto Pérez Balladares, provocó un silencio fúnebre en el PRD. Me preguntaba a qué podía responder esa quietud cuando anteriormente en conferencias de prensa el partido sirvió de plataforma para denunciar “estados de alerta” por la detención de algunos funcionarios de la pasada administración. ¿Será que temen quedar presos si escuchan su voz de alarma?
Cautela hay que tener en estos tiempos de intranquilidad política. Por una parte, las autoridades deberán demostrar que las acusaciones contra el ex presidente son fehacientes, sustentadas y que se le garantizará el debido proceso. De lo contrario la entidad se desnudará una vez más con expectativas huecas como Ley Patriótica, Divino Niño, Brewster, HP 1430, y otros casos de alto perfil.
También es indispensable que en este hecho sin precedentes, la población pueda estar convencida, no mediante propaganda, sino con hechos concretos, que el Ejecutivo no tiene las manos metidas en el asunto y que estamos frente a una investigación meramente judicial.
Este último punto, muy difícil de superar por cierto, ha sido uno de los grandes problemas de nuestra democracia por el tradicional poder presidencialista que ha generado una desatada crisis institucional.
Sume usted este último ingrediente al temor por emitir una opinión y según algunos grupos civiles, a la intolerancia frente a las críticas ciudadanas y los pocos espacios de diálogo nacional, y tendrá usted un clima de inestabilidad y aprensión en el sistema regente.
Qué decir de la incertidumbre que ronda a la Procuradora de la Nación en el proceso que se le sigue, parece un espejo del anterior. Algunos lo consideran un asunto político que responde a nuevas agendas y resguardo de intereses, otros argumentan que se trata de un proceso judicial.
Un denominador común está presente en ambos casos, ¿ante qué escenario nos encontramos?