Belisario Porras y su integración a la República
Es de todos conocido que el Dr. Belisario Porras no estuvo de acuerdo con la secesión de Panamá. Para él, la división de los pueblos iba acorde con la heterogeneidad de sus elementos, llámense idioma, geografía, religión, historia, cultura, ideales o costumbres. Con respecto a nuestra independencia de Colombia, decía que “el Istmo salía en suma de una unión con Colombia, con la que tenía idéntico origen, para incorporarse en otra nación, extraña a él por ese origen, por la raza, por la religión y el idioma”. Calificaría a nuestra independencia de 1903 como un “hecho artificial contrario a los principios que (habrían de garantizar) la estabilidad del nuevo Estado”.
Además de no haber apoyado el movimiento separatista, Belisario Porras también se negó a participar en la organización de la nueva República. La Junta de Gobierno Provisional, encabezada por José Agustín Arango, le notifica el 8 de noviembre de 1903 su nombramiento como Agente Confidencial ante los gobiernos de Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador; y dos días después como Ministro Plenipotenciario ante esos mismos gobiernos. Posteriormente, es elegido miembro de la Convención Nacional por la provincia de Los Santos. El Dr. Porras no acepta los cargos diplomáticos, y tampoco regresa al Istmo a ocupar su curul recientemente ganada. Recordemos que la independencia lo había sorprendido en el exilio.
Sin embargo, el 24 de abril de 1904, a través de una histórica carta dirigida a Carlos A. Mendoza, Julio Icaza, Ignacio Quinzada, Juan b. Sosa, Rafael Alzamora, Nicolás Justiniani, Ciro L. Urriola y Juan Brin, se somete a los hechos cumplidos. Dice la carta en uno de sus párrafos: “En tanto la República de Panamá es un hecho consumado reconocido por todos los Gobiernos civilizados; y siendo panameño me inclino ante una solución ya infalible que Colombia misma tendrá que aceptar; acato las instituciones de la nueva República y las autoridades que ellas crean”. Más adelante señala: “Ahora soy un sometido, mi conducta la pautan las leyes constitucionales ya dictadas, que acepto y respeto, y en oportunidad ocuparé de buen grado la valiosa curul...” Y, finalmente, agrega: “No hago acto de atrición o arrepentimiento ni de rebeldía tampoco. Obediente al móvil del amor al terruño, que ha vencido al fin, sacrifico convicciones, domino dolores y me inclino ante la obra de gloria o de infortunio que han realizado los istmeños, mis hermanos...No puedo renegar de mi tierra, ni puedo apostatar de los míos y al formar filas con ustedes sometiéndome definitivamente ante lo irremediable, voy a compartir con todos no sólo los peligros que vislumbro si no también -y a justo título- las preseas inalienables de todo ciudadano libre: obligaciones y derechos...” El texto y el sentido literal de la nota es claro. Porras confirma la autoría istmeña del movimiento secesionista (...que han realizado los istmeños, mis hermanos...) y se integra a la nueva República (...acato las instituciones de la nueva República y las autoridades que ellas crean...; voy a compartir con todos... las preseas inalienables de todo ciudadano libre: obligaciones y derechos...)
Como si esto fuera poco, Belisario Porras acepta participar en una Comisión de Estudios del Tratado Hay-Bunau Varilla, así como también en una junta para organizar la celebración del centenario del Gral. Tomás Herrera.
Poco después, en diciembre de 1904, lo eligen miembro del Consejo Municipal de Panamá. Y siendo su presidente, el 3 de noviembre de 1905, pronuncia el discurso conmemorativo de esa fecha gloriosa, justificando la independencia de Panamá y aceptando que la única alternativa del pueblo panameño era “aprovechar una coyuntura feliz para poner término a sus males”.
Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. Aunque parezca mentira no faltan quienes afirman que, aceptar que Porras efectivamente se integra a la nueva República, es una “conclusión absurda y contraria al texto” (de su propia carta). O peor aún hacen el ridículo, por decir lo menos, al querer hacer ver que nuestra intención es “presentar a Belisario Porras arrepintiéndose rápidamente (abril de 1904) de su inicial oposición a “la separación””.
Belisario Porras nunca estuvo de acuerdo con nuestra independencia de Colombia. Y esta disconformidad no la ocultó, ni mucho menos la disimuló. Tampoco se arrepintió en su carta de 24 de abril de 1904, porque era un hombre de una sola pieza, a parte de señalar expresamente que “...No hago acto de atrición o arrepentimiento...” Pero pretender negar que Belisario Porras confirma la autoría istmeña del movimiento a sus hermanos coterráneos, o que se integra a la nueva República a pesar de que esto signifique someterse a lo irremediable o compartir los peligros que vislumbraba, es abrazar el prejuicio de Oscar Terán, quien fuera en Panamá “un solitario acusador de la secesión”; prejuicio debidamente descrito por Diógenes De La Rosa al explicar que aquél sólo se limitó a ver “... el 3 de noviembre (como) una confabulación de ambiciones locales y forasteras contraria a los verdaderos intereses tanto del Istmo como de Colombia”; y a pesar de que según el propio De La Rosa, la documentación y bibliografía de la obra del Dr. Terán llevan al lector desprevenido a una conclusión opuesta a su tesis, al “... confirmar que la secesión era una necesidad vital para el pueblo panameño aunque la obtuviera agobiada de gravámenes que todavía no ha podido liberar”.
En cumplimiento de sus atribuciones, el PARLACEN ha expedido más de 1500 iniciativas y resoluciones, ha contribuido con la democratización y la total pacificación de América Central, ha organizado anualmente, conferencias centroamericanas de partidos políticos, intervino en 1999 en la solución de un conflicto de límites entre Honduras y Nicaragua, y logró apoyo internacional para socorrer a las víctimas del desastroso huracán Mitch de 2000. También ha propuesto reformas al tratado que lo constituye que han sido aprobadas por el Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores, ha generado un proyecto de Tratado de la Unión Centroamericana y ha elaborado iniciativas de unión aduanera, de tratado de libre comercio con el NAFTA y de convenio de cooperación de América Central con la Unión Europea.
Por otra parte, el PARLACEN ha intervenido en el restablecimiento de la libre circulación de personas en Centroamérica, instituyó el premio centroamericano de cultura “Miguel Angel Asturias”, apoyó al gobierno panameño en sus reclamos por la descontaminación de las antiguas bases militares norteamericanas, le ha dado seguimiento a los procesos de ratificación por los países de importantes convenciones relacionadas con derechos humanos, ha organizado seminarios para la enseñanza del proceso de la integración en las escuelas y ha reunido foros económicos como el que logró propuestas comunes para enfrentar el grave problema del deterioro de los precios del café, causante de aumentos en los niveles de pobreza en la región.
El Parlamento Centroamericano posee un centro de documentación, procesa estadísticas económicas y sociales, publica libros, boletines e instrumentos jurídicos, además de fomentar numerosas actividades entre las cuales figuran las de difusión e intercambio de avances científicos y culturales.
La participación de Panamá en los organismos internacionales nunca ha sido considerada un despilfarro, sino una inversión. En el caso de los salarios de los diputados panameños al PARLACEN, el Estado hace más bien ahorros, porque lo que se paga es inferior a lo otorgado a los legisladores nacionales y a gran cantidad de funcionarios internacionales designados. Dichos salarios sólo suman 1,400 balboas por mes y no están complementados por dietas. Para cubrir los riesgosos viajes a distantes lugares de trabajo, se proporcionan, 2,750 balboas que se invierten en costosos pasajes aéreos, hospedajes, alimentos y gastos de representación. Algunos creen, no obstante, que marginándolo de los irreversibles procesos de integración y eliminando los bajos salarios de 20 diputados elegidos, el país logrará altos niveles de progreso y desarrollo y garantizará la paz en los países vecinos.
(elsymckay@cableonda.net)
Además de no haber apoyado el movimiento separatista, Belisario Porras también se negó a participar en la organización de la nueva República. La Junta de Gobierno Provisional, encabezada por José Agustín Arango, le notifica el 8 de noviembre de 1903 su nombramiento como Agente Confidencial ante los gobiernos de Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador; y dos días después como Ministro Plenipotenciario ante esos mismos gobiernos. Posteriormente, es elegido miembro de la Convención Nacional por la provincia de Los Santos. El Dr. Porras no acepta los cargos diplomáticos, y tampoco regresa al Istmo a ocupar su curul recientemente ganada. Recordemos que la independencia lo había sorprendido en el exilio.
Sin embargo, el 24 de abril de 1904, a través de una histórica carta dirigida a Carlos A. Mendoza, Julio Icaza, Ignacio Quinzada, Juan b. Sosa, Rafael Alzamora, Nicolás Justiniani, Ciro L. Urriola y Juan Brin, se somete a los hechos cumplidos. Dice la carta en uno de sus párrafos: “En tanto la República de Panamá es un hecho consumado reconocido por todos los Gobiernos civilizados; y siendo panameño me inclino ante una solución ya infalible que Colombia misma tendrá que aceptar; acato las instituciones de la nueva República y las autoridades que ellas crean”. Más adelante señala: “Ahora soy un sometido, mi conducta la pautan las leyes constitucionales ya dictadas, que acepto y respeto, y en oportunidad ocuparé de buen grado la valiosa curul...” Y, finalmente, agrega: “No hago acto de atrición o arrepentimiento ni de rebeldía tampoco. Obediente al móvil del amor al terruño, que ha vencido al fin, sacrifico convicciones, domino dolores y me inclino ante la obra de gloria o de infortunio que han realizado los istmeños, mis hermanos...No puedo renegar de mi tierra, ni puedo apostatar de los míos y al formar filas con ustedes sometiéndome definitivamente ante lo irremediable, voy a compartir con todos no sólo los peligros que vislumbro si no también -y a justo título- las preseas inalienables de todo ciudadano libre: obligaciones y derechos...” El texto y el sentido literal de la nota es claro. Porras confirma la autoría istmeña del movimiento secesionista (...que han realizado los istmeños, mis hermanos...) y se integra a la nueva República (...acato las instituciones de la nueva República y las autoridades que ellas crean...; voy a compartir con todos... las preseas inalienables de todo ciudadano libre: obligaciones y derechos...)
Como si esto fuera poco, Belisario Porras acepta participar en una Comisión de Estudios del Tratado Hay-Bunau Varilla, así como también en una junta para organizar la celebración del centenario del Gral. Tomás Herrera.
Poco después, en diciembre de 1904, lo eligen miembro del Consejo Municipal de Panamá. Y siendo su presidente, el 3 de noviembre de 1905, pronuncia el discurso conmemorativo de esa fecha gloriosa, justificando la independencia de Panamá y aceptando que la única alternativa del pueblo panameño era “aprovechar una coyuntura feliz para poner término a sus males”.
Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. Aunque parezca mentira no faltan quienes afirman que, aceptar que Porras efectivamente se integra a la nueva República, es una “conclusión absurda y contraria al texto” (de su propia carta). O peor aún hacen el ridículo, por decir lo menos, al querer hacer ver que nuestra intención es “presentar a Belisario Porras arrepintiéndose rápidamente (abril de 1904) de su inicial oposición a “la separación””.
Belisario Porras nunca estuvo de acuerdo con nuestra independencia de Colombia. Y esta disconformidad no la ocultó, ni mucho menos la disimuló. Tampoco se arrepintió en su carta de 24 de abril de 1904, porque era un hombre de una sola pieza, a parte de señalar expresamente que “...No hago acto de atrición o arrepentimiento...” Pero pretender negar que Belisario Porras confirma la autoría istmeña del movimiento a sus hermanos coterráneos, o que se integra a la nueva República a pesar de que esto signifique someterse a lo irremediable o compartir los peligros que vislumbraba, es abrazar el prejuicio de Oscar Terán, quien fuera en Panamá “un solitario acusador de la secesión”; prejuicio debidamente descrito por Diógenes De La Rosa al explicar que aquél sólo se limitó a ver “... el 3 de noviembre (como) una confabulación de ambiciones locales y forasteras contraria a los verdaderos intereses tanto del Istmo como de Colombia”; y a pesar de que según el propio De La Rosa, la documentación y bibliografía de la obra del Dr. Terán llevan al lector desprevenido a una conclusión opuesta a su tesis, al “... confirmar que la secesión era una necesidad vital para el pueblo panameño aunque la obtuviera agobiada de gravámenes que todavía no ha podido liberar”.
En cumplimiento de sus atribuciones, el PARLACEN ha expedido más de 1500 iniciativas y resoluciones, ha contribuido con la democratización y la total pacificación de América Central, ha organizado anualmente, conferencias centroamericanas de partidos políticos, intervino en 1999 en la solución de un conflicto de límites entre Honduras y Nicaragua, y logró apoyo internacional para socorrer a las víctimas del desastroso huracán Mitch de 2000. También ha propuesto reformas al tratado que lo constituye que han sido aprobadas por el Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores, ha generado un proyecto de Tratado de la Unión Centroamericana y ha elaborado iniciativas de unión aduanera, de tratado de libre comercio con el NAFTA y de convenio de cooperación de América Central con la Unión Europea.
Por otra parte, el PARLACEN ha intervenido en el restablecimiento de la libre circulación de personas en Centroamérica, instituyó el premio centroamericano de cultura “Miguel Angel Asturias”, apoyó al gobierno panameño en sus reclamos por la descontaminación de las antiguas bases militares norteamericanas, le ha dado seguimiento a los procesos de ratificación por los países de importantes convenciones relacionadas con derechos humanos, ha organizado seminarios para la enseñanza del proceso de la integración en las escuelas y ha reunido foros económicos como el que logró propuestas comunes para enfrentar el grave problema del deterioro de los precios del café, causante de aumentos en los niveles de pobreza en la región.
El Parlamento Centroamericano posee un centro de documentación, procesa estadísticas económicas y sociales, publica libros, boletines e instrumentos jurídicos, además de fomentar numerosas actividades entre las cuales figuran las de difusión e intercambio de avances científicos y culturales.
La participación de Panamá en los organismos internacionales nunca ha sido considerada un despilfarro, sino una inversión. En el caso de los salarios de los diputados panameños al PARLACEN, el Estado hace más bien ahorros, porque lo que se paga es inferior a lo otorgado a los legisladores nacionales y a gran cantidad de funcionarios internacionales designados. Dichos salarios sólo suman 1,400 balboas por mes y no están complementados por dietas. Para cubrir los riesgosos viajes a distantes lugares de trabajo, se proporcionan, 2,750 balboas que se invierten en costosos pasajes aéreos, hospedajes, alimentos y gastos de representación. Algunos creen, no obstante, que marginándolo de los irreversibles procesos de integración y eliminando los bajos salarios de 20 diputados elegidos, el país logrará altos niveles de progreso y desarrollo y garantizará la paz en los países vecinos.
(elsymckay@cableonda.net)