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Bella Vista y La Exposición: "Crónica de una muerte anunciada"


La veíamos llegar, y estábamos presentes en el momento del lento asesinato. Pero nadie hizo nada. A nadie le era permitido hacer más nada que mirar. Las leyes nos atan, los intereses de algunos nos oprimen, la indiferencia del resto nos detienen. Desde que un letrero con una visión delusoria entre arquitectura simplista y mujeres semidesnudas en éxtasis anunció a los cuatro vientos la muerte de la Mansión Linares, no hubo fuerza alguna que detuviera la marcha del verdugo sonriente hacia la víctima.
Así echaron abajo la memoria colectiva de una ciudad y una época entera, los reflejos de las filosofías, ideales y principios que nos dejaron nuestros antepasados. Así dejaron sin hogar un alma. Sigue inexplicable cómo se permitió.
La historia y la arquitectura (arquitectura real, que es arte, no meras construcciones) se edifican sobre cimientos que dejaron eventos u obras previas. El Renacimiento tuvo que basarse sobre los principios grecolatinos, el Art-Deco sobre culturas antiguas y remotas; el Posmodernismo, sobre todo lo anterior al moderno. Aún estructuralmente hablando, las edificaciones españolas que se cimentaron sobre las estructuras incas todavía siguen en pie, no así los que se construyeron sobre las ruinas. Sin embargo, aquí estamos borrando todo cimiento de la nación. Otros lugares construyen ciudades enteras para crear historia, como es el caso de Washington, D.C., concebida a pocos años de la independencia norteamericana. Para la misma etapa de la historia nacional como país independiente, Panamá crea su barrio de La Exposición, aunque con una intención menos definida. Hoy queremos derrumbarla, mientras que ningún norteamericano concibe demoler edificios desaprovechados y plazas desocupadas de Washington para abrir paso a mayores densidades. Y no es que no exista instrumentos que equilibren preservación con crecimiento económico. Sólo que el uso de éstos prueban ser menos convenientes para producir resultados en un marco de tiempo condensado; de allí proviene la presión económica que enfrentamos. Sin embargo, en Shanghai, China, una ciudad con diez veces más presión económica que la de Panamá, ha podido ejecutar la protección y readaptación de los ShiKuMen, que son residencias unifamiliares típicas del siglo XIX. La renovación de dos manzanas enteras de estos edificios para uso comercial, cultural y recreacional ha probado ser el proyecto inmobiliario más exitoso de la región, produciendo los metrajes cuadrados más caros de la ciudad. Este plan, promovido por inversionistas privados y nombrado como XinTianDi o "Nuevo Paraíso", ha dejado al resto de las ciudades chinas deseando tener su propio "paraíso". Esto también prueba lo ilógico que sería preservar edificios puntuales en vez de las condiciones urbanísticas en conjunto, no sólo desde el punto de vista histórico, sino también desde el comercial.
No podemos ya caminar en Bella Vista sin recorrer con la mirada los otros triunfantes anuncios de muerte arquitectónica. No podemos presenciar otra ejecución sin sentirnos también cómplices del asesinato. Y, definitivamente, no podemos seguir marchando todos silenciosamente hacia el fin de la historia viva nacional.
(*)Miembro de Alianza ProCiudad
Tradicionalmente trataron de conservar su integridad lingüística, pero ante diversas presiones sociales, políticas y económicas, la integración social de esta población ha ido en aumento. Existen dificultades en el aprendizaje de los alumnos cuya lengua es el inglés criollo, al no ser capaces de cambiar la pronunciación y de sintaxis, conduce a la crítica y censura por los docentes y estudiantes, lo que lleva al rechazo y posterior deserción escolar (Holm, Cohen).
La incorporación de este grupo a la sociedad se advierte en la educación, en la participación en la política y en el surgimiento de profesionales que se destacan en la vida académica e intelectual del país; pero sigue existiendo "una cultura antillana capaz de desarrollar su propia dinámica y de adaptarse a diversas situaciones, incluyendo los estados formales de integración a la nacionalidad panameña". (Carlos Castro, 1972)
La lucha contra toda expresión formal o informal de discriminación o segregación es una tarea permanente en el Panamá de hoy, y aunque lágrimas negras hace referencia a un famoso bolero, queremos asignarle el significado el sufrimiento histórico de estos hermanos panameños que, eso sí, nunca renunciaron a la alegría de vivir.
(raulleisr@hotmail.com)
Esto significa, dice González, que no se pueden permitir presentaciones estridentes y que el único sonido aceptable es el "aplauso del público".
Los trabajos avanzan y el Teatro Nacional se prepara para su centenario.
Se conoció que se tiene una agenda de eventos para conmemorar, en el 2008, el centenario de la obra. Una de éstas es el Concurso Nacional de Pianos y el Festival de Arte Escénico, entre otros.


El Teatro Nacional, ubicado en el corazón del Casco Antiguo, es una de las obras representativas de la arquitectura neoclásica en el istmo durante las primeras dos décadas del siglo pasado.
El lugar escogido para su construcción fue uno ocupado por el antiguo convento de las Monjas Enclaustradas de la Encarnación, sitio donde se realizaron representaciones públicas hasta 1862, cuando el gobierno del General Tomás Cipriano de Mosquera lo destinó como cuartel general.
El 1 de octubre de 1908 se inauguró oficialmente el teatro y su costo en ese tiempo fue de B/.597 mil 635, bajo la supervisión del arquitecto italiano Giusseppe Ruggieri.
El frontis del edificio retiene elementos decorativos del neoclásico, con seis arcadas coronadas que enmarcan las ventanas superiores y las puertas principales que dan acceso al vestíbulo.
Dos magníficas esculturas que representan las musas de las letras y la música estan contenidas sobre los laterales y sobre ellas, cuatro medallones de relieve que rinden homenaje a personajes literarios.

101 años de Panamá América

 
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