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'bfEra el TPC una prioridad del gobierno de Martin Torrijos?


Una de las cosas que más le molesta a los ciudadanos, independientemente del estrato social que ocupan, es que les mientan y los engañen con promesas vanas. El actual gobierno hizo creer a todos que la firma de un tratado de libre comercio con Estados Unidos era una prioridad de este gobierno, porque dicho convenio sería beneficioso para los sectores productivos panameños y tendría un impacto positivo para la economía y la generación de empleos. Por eso el sector privado invirtió recursos propios en este proyecto. Cuando solo faltaba rubricar la firma, ahora resulta que la misma gente que integra el gobierno nos envía un mensaje diferente y nos dice que más importante que una alianza comercial con Estados Unidos es el "nacionalismo", un sospechoso nacionalismo que consiste en elegir como presidente del primer órgano del país, el Legislativo, al "único" diputado que tiene una causa judicial por homicidio pendiente en los tribunales de Estados Unidos, algo que era de todos conocido y que fue incluso "políticamente" ponderado antes de proceder a la elección del desafortunado diputado. Como resultado de este gesto hostil hacia el gobierno con el que supuestamente queríamos firmar un tratado comercial, el Tratado de Promoción Comercial Estados Unidos-Panamá, así oficialmente denominado, está virtualmente muerto, pues sus adversarios en el país del norte tienen ahora razones de peso para lograr su no-discusión, que en términos prácticos es lo mismo que negarse a firmarlo con el actual gobierno. Lamentablemente, la sinceridad es un recurso escaso cuando se representa al Estado, y ninguna autoridad dará la cara ni pondrá el pecho, para decirle al grupo de productores y profesionales que tenía sus esperanzas puestas en este proyecto que habrá que esperar unos tres años hasta que haya otro gobierno en este país y tengamos un presidente de la Asamblea con el que los senadores norteamericanos puedan tomarse una foto.
Las autoridades de salud de Estados Unidos y Europa han puesto en la lupa todas las medicinas, dentríficos y alimentos procedentes de China. Poco después, estalló el escándalo de los juguetes de Mattel fabricados en ese país, esmaltados con pinturas con plomo. Fue el tiro de gracia.
Hoy se objeta desde la ropa hasta los lápices de crayola para niños, del mismo origen. Se acusa de que la ropa china viene con sustancias tóxicas y cancerígenas. La campaña internacional arrecia, al punto que da la impresión que todo cuanto provenga del gigante asiático es dañino o no sirve.
Asediada, China está devolviendo el golpe con la misma fórmula. No pasa un día sin que denuncie algún defecto en los productos occidentales que importa, como es el caso de bacterias en la soya de Estados Unidos y tóxicos en cosméticos europeos. Ojalá la Organización Mundial de Comercio o alguno de los tantos foros internacionales sobre la materia, propicie un retorno a la armonía y al sentido común. China y todos los exportadores tienen que esmerarse más en ofrecer a los consumidores de un mundo global productos sanos y de buena calidad, y no sólo a buenos precios.

101 años de Panamá América

 
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