Bill Gates y la rebelión de Atlas
Washington (AIPE)- Si quiere saber lo que le está sucediendo a Microsoft, léase el libro "La rebelión de Atlas" de Ayn Rand, novela sobre el brutal asalto burocrático a la iniciativa privada.
En "La rebelión de Atlas", Hank Rearden, el inventor de un fabuloso nuevo metal es perseguido y chantajeado por funcionarios del gobierno hasta que, al igual que otros empresarios igualmente perseguidos, se marcha para unirse en la resistencia pasiva de John Galt, lo cual hace desaparecer toda habilidad empresarial de la economía hasta que el canibalismo gubernamental produce un colapso.
Ayn Rand es muy dura en su comparación de la clase gubernamental con la clase empresarial, pero ella podría volver a escribir su obra clásica hoy, utilizando personajes reales.
Bill Gates, fundador de Microsoft, es un genio que ha hecho mucho más por la humanidad que cualquier gobierno. Bill Clinton, por el contrario, es un despreciable político que rutinariamente se ha vendido a los contribuyentes de sus campañas políticas. Joel Klein, el fiscal de la oficina antimonopolios del Departamento de Justicia es un burócrata de tercera categoría, empeñado en hacer carrera atacando al empresario más destacado de Estados Unidos. Y el juez Penfield Jackson es la herramienta del gobierno, dispuesto a emitir la sentencia requerida en contra de Microsoft.
Parece que oímos a Joel Klein hablándole a Bill Gates cuando el "La rebelión de Atlas" un inescrupuloso funcionario, el Dr. Floyd Ferris, le dice a Hank Rearden: "Buscamos el poder y lo lograremos. No hay manera de dominar a la gente inocente. El único poder que tiene el gobierno es aplastar a los delincuentes. Entonces, cuando no hay suficiente delincuentes, los inventamos. Declaramos que tantas cosas son delitos que resulta imposible que la gente viva sin quebrantar la ley. Ese es el sistema, Sr. Rearden, ese es el juego y una vez que lo comprenda será más fácil lidiar con usted".
El caso de Joel Klein contra Microsoft no comenzó con una violación definida de las leyes antimonopolios, sino que comenzó con una "novedosa teoría" de que Microsoft había cometido una infracción. En otras palabras, no hay leyes vigentes aplicables al caso, por lo que Joel Klein inventó una. Y al actuar como legislador Klein excedió su autoridad. Su obligación se limita a hacer cumplir las leyes promulgadas por el Congreso.
Si el Departamento de Justicia cree que las nuevas tecnologías requieren nuevas leyes antimonopolios debe acudir al Congreso a pedir esas nuevas leyes. Por el contrario, el Departamento de Justicia dictó un reglamento especial, imponiendo graves castigos a un blanco preseleccionado.
El verdadero acto doloso lo encontramos en la demanda del Departamento de Justicia y no en el comportamiento de Microsoft. La demanda demuestra desprecio por el imperio de la ley y preferencia por el poder arbitrario.
Un caso genuino de antimonopolio requiere que la empresa haya actuado para restringir el comercio. Esto significa que la empresa tiene productos para los cuales no hay sustitutos y ha procedido a aumentar los precios, reduciendo la oferta de esos productos. Pero en la industria de programación, la oferta aumenta, los precios se reducen y todos los días surgen nuevos competidores.
Microsoft no controla el desarrollo de nueva tecnología, la cual se traslada aceleradamente hacia la Internet. Para sobrevivir, Microsoft tiene que concentrar su atención en un ambiente tecnológico constantemente cambiante. Pero, por el contrario, tiene ahora que dedicarse a defenderse de una demanda fabricada contra la empresa por burócratas.
Hace tiempo que el Congreso ha debido llamarle la atención a Janet Reno y a Joel Klein por hacer mal uso del poder gubernamental, en defensa de los competidores de Microsoft. ¿Es, acaso, casualidad que estos competidores han sido contribuyentes a las campañas electorales de Bill Clinton y del Partido Demócrata?
Si Al Gore de verdad quiere reformar el financiamiento electoral puede comenzar con este vergonzoso caso de compra de demandas antimonopolios, a la vez que comprometerse a investigar el origen del caso contra Microsoft si es electo presidente en noviembre.
Mientras tanto, Klein y Jackson están aniquilando miles de millones de dólares de los activos de las pensiones privadas, a medida que baja el valor de las acciones de Microsoft. Este hecho, más que las estupendas novelas de Ayn Rand, puede disolver más rápidamente gran parte de la ingenua confianza de los ciudadanos en el gobierno.
(c)http://www.aipenet.com
Columnista del Washington Times, fue subsecretario del Tesoro
En "La rebelión de Atlas", Hank Rearden, el inventor de un fabuloso nuevo metal es perseguido y chantajeado por funcionarios del gobierno hasta que, al igual que otros empresarios igualmente perseguidos, se marcha para unirse en la resistencia pasiva de John Galt, lo cual hace desaparecer toda habilidad empresarial de la economía hasta que el canibalismo gubernamental produce un colapso.
Ayn Rand es muy dura en su comparación de la clase gubernamental con la clase empresarial, pero ella podría volver a escribir su obra clásica hoy, utilizando personajes reales.
Bill Gates, fundador de Microsoft, es un genio que ha hecho mucho más por la humanidad que cualquier gobierno. Bill Clinton, por el contrario, es un despreciable político que rutinariamente se ha vendido a los contribuyentes de sus campañas políticas. Joel Klein, el fiscal de la oficina antimonopolios del Departamento de Justicia es un burócrata de tercera categoría, empeñado en hacer carrera atacando al empresario más destacado de Estados Unidos. Y el juez Penfield Jackson es la herramienta del gobierno, dispuesto a emitir la sentencia requerida en contra de Microsoft.
Parece que oímos a Joel Klein hablándole a Bill Gates cuando el "La rebelión de Atlas" un inescrupuloso funcionario, el Dr. Floyd Ferris, le dice a Hank Rearden: "Buscamos el poder y lo lograremos. No hay manera de dominar a la gente inocente. El único poder que tiene el gobierno es aplastar a los delincuentes. Entonces, cuando no hay suficiente delincuentes, los inventamos. Declaramos que tantas cosas son delitos que resulta imposible que la gente viva sin quebrantar la ley. Ese es el sistema, Sr. Rearden, ese es el juego y una vez que lo comprenda será más fácil lidiar con usted".
El caso de Joel Klein contra Microsoft no comenzó con una violación definida de las leyes antimonopolios, sino que comenzó con una "novedosa teoría" de que Microsoft había cometido una infracción. En otras palabras, no hay leyes vigentes aplicables al caso, por lo que Joel Klein inventó una. Y al actuar como legislador Klein excedió su autoridad. Su obligación se limita a hacer cumplir las leyes promulgadas por el Congreso.
Si el Departamento de Justicia cree que las nuevas tecnologías requieren nuevas leyes antimonopolios debe acudir al Congreso a pedir esas nuevas leyes. Por el contrario, el Departamento de Justicia dictó un reglamento especial, imponiendo graves castigos a un blanco preseleccionado.
El verdadero acto doloso lo encontramos en la demanda del Departamento de Justicia y no en el comportamiento de Microsoft. La demanda demuestra desprecio por el imperio de la ley y preferencia por el poder arbitrario.
Un caso genuino de antimonopolio requiere que la empresa haya actuado para restringir el comercio. Esto significa que la empresa tiene productos para los cuales no hay sustitutos y ha procedido a aumentar los precios, reduciendo la oferta de esos productos. Pero en la industria de programación, la oferta aumenta, los precios se reducen y todos los días surgen nuevos competidores.
Microsoft no controla el desarrollo de nueva tecnología, la cual se traslada aceleradamente hacia la Internet. Para sobrevivir, Microsoft tiene que concentrar su atención en un ambiente tecnológico constantemente cambiante. Pero, por el contrario, tiene ahora que dedicarse a defenderse de una demanda fabricada contra la empresa por burócratas.
Hace tiempo que el Congreso ha debido llamarle la atención a Janet Reno y a Joel Klein por hacer mal uso del poder gubernamental, en defensa de los competidores de Microsoft. ¿Es, acaso, casualidad que estos competidores han sido contribuyentes a las campañas electorales de Bill Clinton y del Partido Demócrata?
Si Al Gore de verdad quiere reformar el financiamiento electoral puede comenzar con este vergonzoso caso de compra de demandas antimonopolios, a la vez que comprometerse a investigar el origen del caso contra Microsoft si es electo presidente en noviembre.
Mientras tanto, Klein y Jackson están aniquilando miles de millones de dólares de los activos de las pensiones privadas, a medida que baja el valor de las acciones de Microsoft. Este hecho, más que las estupendas novelas de Ayn Rand, puede disolver más rápidamente gran parte de la ingenua confianza de los ciudadanos en el gobierno.
(c)http://www.aipenet.com
Columnista del Washington Times, fue subsecretario del Tesoro