Bochinchotes y bochinchitos
EN LAS ÚLTIMAS semanas, el diarismo y la televisión han semisaturado al país con una buena dosis de materia de lo que llamamos bochinchotes y bochinchitos, modos de ser a los que somos muy adictos, como pueblo.
Las informaciones llamativas se especializaron en suministrarnos buena cantidad de situaciones de guerra entre peticionarios de la renuncia de los magistrados de la Corte Suprema, por una parte, y por la otra sobre la actitud de algunos magistrados que están en la cúpula de esa alta Corporación de Justicia, afirmando que están aferrados a los períodos de sus cargos, por lo que no se deciden a suicidarse o renunciar. He aquí, pues, uno de los bochinchotes, porque si el país está repudiando la pobrísima actuación de la Suprema, hasta una Comisión de la Asamblea Nacional (nombre nuevo en odres viejos) archivó una denuncia que fue promovida para que se abriera una investigación judicial contra Magistrados de la Corte. Nos parece que la verdadera y real situación de la Corte, denunciada por ciertos grupos nacionales bien conocidos, se iba a estrellar, una vez más, por quienes consideran que sus períodos fijos los libera de ese conocido y estrafalario paso de la dimisión. A causa del furor de los magistrados, a la Comisión respectiva de la Asamblea le pareció que era preferible echarle agua y no fuego a la leña, al caldero hirviente de los que siguen pidiendo renuncias a quienes no parecieran ver, ni oír lo que se vino con tal verbo, tan poco realista en nuestro medio. El bochinchote, pues, por enésima vez, no pasó a otra cosa.
Y el bochinchito consistió en que, creemos que sin quererlo, el ex presidente Endara anunció que su querida esposa Ana Mae, le imputaría calumnia, en contra de la actual Primera Dama, por algo así como una exageración en materia de gastos y pruebas en los predios presidenciales. Tal es el bochinchito que muchos comentarios, publicados o no, ha suscitado en este bendito país, que se dijo de las dos Primadonas, que traducidos del italiano se pronuncia (?) primeras damas.
Como ya dijimos, los diarios y las televisoras contribuyeron mucho a que nuestro pueblo saboreara los deliciosos manjares a que nos referimos. Una de las características de nuestro pueblo, en su totalidad, es su inclinación muy activa, como testigo y comentarista de semejantes grescas, según los ejemplos que hoy ofrecemos. ¿Y a quién le interesa lo que está sucediendo en el manejo del Canal? Nos referimos al tema, que va adquiriendo popularidad, de las nuevas esclusas.
Y mientras bochinchotes van y bochinchitos vienen, pasa desapercibida buena cantidad de problemas de dimensión nacional, que no tienen estudiosos, ni defensores, ni siquiera detractores, y acabamos de citar el caso de las esclusas nuevas en el Canal, al que no pocos están convirtiendo en un coro de insensateces, mientras la mayoría del pueblo mira para atrás, como si hubiera tenido la misión de convertirse en una repetición de lo que le sucedió a la mujer de Lot (convertida en estatua de sal), mientras veía para atrás. Las encuestas hacen su propaganda tendenciosa, tratando de que la masa panameña, vaya dejándose impresionar, por argumentaciones falsas, como la de que si no se ponen en marcha las nuevas esclusas, el Canal quedará, primero, atrasado, y después, sin uso, convertido en charco de patos. Los propagandistas, por el contrario, dicen sin más ni más, que habrá "muchos empleos para los panameños", como si las empresas concesionarias en la construcción del juego esclusario no tuvieran un gran personal propio, y maquinarias sofisticadas para trabajos de tal magnitud.
Seamos sensatos y exijamos que el problema se discuta muy ampliamente, sobre todo entre personas conocedoras de todos sus ángulos, para que el pueblo se ilustre sobre la verdad y la mentira, y pueda dar un voto consciente, con las varias papeletas que deben hacerse, y no con una sola papeleta, como parece ser la opinión de un magistrado del Tribunal Electoral, que al formular declaraciones se refirió a "la papeleta", lo que significa una sola, y no en plural, papeletas, que pueden ser dos o más. De una mala decisión vendrán perjuicios para el pueblo panameño, que echará sobre sus hombros la carga económica.
Las informaciones llamativas se especializaron en suministrarnos buena cantidad de situaciones de guerra entre peticionarios de la renuncia de los magistrados de la Corte Suprema, por una parte, y por la otra sobre la actitud de algunos magistrados que están en la cúpula de esa alta Corporación de Justicia, afirmando que están aferrados a los períodos de sus cargos, por lo que no se deciden a suicidarse o renunciar. He aquí, pues, uno de los bochinchotes, porque si el país está repudiando la pobrísima actuación de la Suprema, hasta una Comisión de la Asamblea Nacional (nombre nuevo en odres viejos) archivó una denuncia que fue promovida para que se abriera una investigación judicial contra Magistrados de la Corte. Nos parece que la verdadera y real situación de la Corte, denunciada por ciertos grupos nacionales bien conocidos, se iba a estrellar, una vez más, por quienes consideran que sus períodos fijos los libera de ese conocido y estrafalario paso de la dimisión. A causa del furor de los magistrados, a la Comisión respectiva de la Asamblea le pareció que era preferible echarle agua y no fuego a la leña, al caldero hirviente de los que siguen pidiendo renuncias a quienes no parecieran ver, ni oír lo que se vino con tal verbo, tan poco realista en nuestro medio. El bochinchote, pues, por enésima vez, no pasó a otra cosa.
Y el bochinchito consistió en que, creemos que sin quererlo, el ex presidente Endara anunció que su querida esposa Ana Mae, le imputaría calumnia, en contra de la actual Primera Dama, por algo así como una exageración en materia de gastos y pruebas en los predios presidenciales. Tal es el bochinchito que muchos comentarios, publicados o no, ha suscitado en este bendito país, que se dijo de las dos Primadonas, que traducidos del italiano se pronuncia (?) primeras damas.
Como ya dijimos, los diarios y las televisoras contribuyeron mucho a que nuestro pueblo saboreara los deliciosos manjares a que nos referimos. Una de las características de nuestro pueblo, en su totalidad, es su inclinación muy activa, como testigo y comentarista de semejantes grescas, según los ejemplos que hoy ofrecemos. ¿Y a quién le interesa lo que está sucediendo en el manejo del Canal? Nos referimos al tema, que va adquiriendo popularidad, de las nuevas esclusas.
Y mientras bochinchotes van y bochinchitos vienen, pasa desapercibida buena cantidad de problemas de dimensión nacional, que no tienen estudiosos, ni defensores, ni siquiera detractores, y acabamos de citar el caso de las esclusas nuevas en el Canal, al que no pocos están convirtiendo en un coro de insensateces, mientras la mayoría del pueblo mira para atrás, como si hubiera tenido la misión de convertirse en una repetición de lo que le sucedió a la mujer de Lot (convertida en estatua de sal), mientras veía para atrás. Las encuestas hacen su propaganda tendenciosa, tratando de que la masa panameña, vaya dejándose impresionar, por argumentaciones falsas, como la de que si no se ponen en marcha las nuevas esclusas, el Canal quedará, primero, atrasado, y después, sin uso, convertido en charco de patos. Los propagandistas, por el contrario, dicen sin más ni más, que habrá "muchos empleos para los panameños", como si las empresas concesionarias en la construcción del juego esclusario no tuvieran un gran personal propio, y maquinarias sofisticadas para trabajos de tal magnitud.
Seamos sensatos y exijamos que el problema se discuta muy ampliamente, sobre todo entre personas conocedoras de todos sus ángulos, para que el pueblo se ilustre sobre la verdad y la mentira, y pueda dar un voto consciente, con las varias papeletas que deben hacerse, y no con una sola papeleta, como parece ser la opinión de un magistrado del Tribunal Electoral, que al formular declaraciones se refirió a "la papeleta", lo que significa una sola, y no en plural, papeletas, que pueden ser dos o más. De una mala decisión vendrán perjuicios para el pueblo panameño, que echará sobre sus hombros la carga económica.