Bochornoso
Contra todos los pronósticos, el Dr. Liborio García Correa fue juramentado por el Pleno de la Asamblea Nacional como nuevo Defensor del Pueblo. Frente a cuestionamientos a su autoridad moral, sus respuestas evasivas y sus amenazas, algunas veladas y otras no tanto, contra sus críticos y los medios de comunicación social, lo colocaron en el ojo de una tormenta que él mismo desató. El escogimiento de un jefe de su seguridad que, sin haber asumido el cargo y con actitudes de matón, confiscó radios y llaves e impidió la entrada a los funcionarios de la Defensoría del Pueblo desde el viernes pasado, parecían anunciar el estilo de gestión con que se conducirá la entidad llamada a velar por el respeto a los Derechos Humanos.
Pero superando todas las expectativas sobre lo bajo que se puede caer en este tema, los incidentes que se dieron ayer en la Asamblea Nacional, al momento de su juramentación, son el epítome del bochorno y el baldón del escarnio. Según hemos conocido de las dirigentes de los grupos opuestos a esta designación, los miembros de la seguridad de la Asamblea Nacional primero se quitaron sus identificaciones, después les cerraron la puerta al área de acceso, luego de que la Sra. Teresita de Arias y la diputada Mireya Lasso exigieran que se abrieran las puertas a las manifestantes, les entraron a empujones, codazos y patadas a señoras que mediante una manifestación pacífica sólo querían ejercer su derecho a protestar e ingresar al área pública de la Asamblea Nacional.
Tan mala conciencia deben tener los integrantes del Primer Órgano del Estado, que un grupo importante de los diputados se encerró en el salón Thelma King para no estar presentes en tan bochornoso momento, la Banda Republicana ni siquiera pudo tocar y las autoridades de la Asamblea Nacional realizaron todo el acto con el apuro de quien tiene que pasar un trago muy amargo. Ante tantos desaciertos, abusos y atropellos en otro momento se hubiera podido recurrir a la Defensoría del Pueblo, hoy en día eso parece algo peligroso.