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Burocracia negligente del Seguro Social


Hay quienes sostienen que el subdesarrollo humano es el peor de los subdesarrollos. Mientras imperen la negligencia y la irresponsabilidad de los burócratas, caerá por tierra la más moderna gerencia administrativa y el sistema informático de tecnología más avanzada. Esta es una certidumbre que en forma cotidiana se repite en nuestro país en los servicios de las policlínicas de la Caja de Seguro Social.
A fines de la semana pasada, por ejemplo, los visitantes de la sección de cardiología de la especializada pasaron las de Caín. Los ascensores no funcionaban y tuvieron que subir tres pisos poniéndose al borde una afección cardíaca. Encima de ello, la energía eléctrica alumbraba a medias y se cambió el horario de visita, sin que los empleados se esforzaran por comunicar los inconvenientes a los visitantes. Por otro lado, proliferan quejas en la policlínica de Betania por la indolente negligencia de médicos y enfermeras, sobre todo en la atención de urgencias nocturnas si el asegurado llega quince minutos antes de las once, ya no se le atiende, sin que médicos y enfermeras se inmuten por la índole de la dolencia. Simplemente no lo atienden y siguen en grande tertulia frente a enfermos que recurren allí con urgencia.
Para recibir medicamentos los asegurados deben esperar mínimo una hora y en algunos casos mucho más tiempo, y esto, cuando las medicinas existen en la farmacia. Si el asegurado es trabajador debe perder la mañana entre el tiempo de viaje a la policlínica y el tiempo de espera. Si es ama de casa no tiene otra alternativa que retrasar sus obligaciones domésticas. Pareciera que la ubicación de los escasos productos farmacéuticos que adquiere la Caja es como la búsqueda del tesoro escondido. Los métodos son manuales. Las empleadas son empíricas y muchas veces, en presencia de los asegurados, pierden el tiempo en charlas y bochinches de barrios. El asegurado se siente humillado, maltratado, casi estafado en sus expectativas por la desproporción, entre lo que paga al Seguro Social y lo que recibe a cambio.
Es inconcebible que el funcionamiento de los servicios del Seguro Social se continúe desenvolviendo con sistemas arcaicos de improvisación y manualidad. Es insoportable que se lesionen los derechos de los asegurados con comportamientos que justifican la intervención de la Defensoría del Pueblo. No en vano el derecho a la salud tiene presencia importante en los derechos del hombre aprobados por la ONU. Pero tal parece que el derecho a la salud sólo existe como letra muerta en nuestro paciente y resignado país.


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