default

Calma antes de la tormenta


Una tensa calma vive Venezuela, una nerviosa espera que impide el desarrollo normal de actividades y no acaba por concretarse en un cambio definido. El presidente Chávez, según todos los indicadores, no está ya en condiciones de culminar normalmente el largo período de gobierno que fija la constitución que él mismo logró imponer en 1999; pero la oposición, variada y polifacética, no encuentra una fórmula rápida que permita acabar con su nefasto gobierno dentro de los canales institucionales.
Mientras continúa esta confrontación política, que por momentos amenaza con desbordarse hacia escenarios de violencia, la economía se va precipitando velozmente hacia el abismo.
Chávez carece ahora del apoyo popular que tuviera hasta hace poco y, en los últimos días, resulta palpable que lo van abandonando los pocos aliados políticos que poseía. El Tribunal Supremo de Justicia, en el que gozaba de una mayoría complaciente, está ahora profundamente dividido y dispuesto a dar curso a las demandas que contra él se presentan todos los días. La Asamblea Nacional, en la que tenía una holgada mayoría de más del 60%, asiste a una constante reducción de las fuerzas chavistas: los diputados, poco a poco, van apartándose de un proceso que ahora exige medidas impopulares, como el aumento de los impuestos y los combustibles, y es muy probable que en las próximas votaciones la coalición de gobierno se encuentre ya en franca minoría.
La oposición, por su parte, luce todavía desunida y poco organizada, aunque en realidad ha logrado un prodigio del que poco se habla. Hasta hace ocho meses no era más que un conjunto de partidos tradicionales desacreditados, grupos emergentes y figuras personales aisladas, la mitad de ellas todavía vinculadas de algún modo al chavismo. Hoy ha conformado ya una Coordinadora Democrática en la que se integran 13 partidos y 33 organizaciones de la sociedad civil, ha alcanzado acuerdos mínimos de gobernabilidad para el futuro y muestra una creciente unidad de propósitos.
222 El Tribunal Supremo de Justicia...está ahora profundamente dividido y dispuesto a dar curso a las demandas que contra él se presentan todos los días.
Esto no alcanza, sin embargo, para despejar el cargado panorama político nacional. Enjuiciar al presidente por los muchos delitos que se le atribuyen o convocar a un referéndum no resulta nada fácil, y mucho menos algo inmediato, por lo que hay que aguardar hasta que alguna de estas salidas fructifique. Pero la economía no espera: aumenta el desempleo -que hoy ya alcanza 16%, según la conservadora estimación oficial-, cierran las empresas, se dispara el dólar y la inflación, otra vez, nos coloca en un triste primer lugar dentro de todo el continente.
Los problemas económicos venezolanos, por su parte, provienen del pésimo ambiente político creado por Chávez y de la desordenada política fiscal de su gobierno. Nadie quiere invertir, como es natural, en un país donde no sólo hay inestabilidad política sino un proyecto dictatorial de implantar un régimen castrista o, para decirlo con más exactitud, semejante al de algunos países árabes como Libia o Irak. Si a esto agregamos gigantescos casos de comprobada malversación, un déficit fiscal descontrolado y la imposibilidad práctica de acudir a prestamistas externos para compensar la situación, comprenderemos la desesperación de un equipo económico que se ha decidido por la más brutal devaluación imaginable. Sólo así el gobierno puede "licuar" en parte las impagables deudas internas que tiene, aunque para hacerlo tenga que aceptar que la inflación pueda desbordarse por completo.
En este punto tenemos que volver, otra vez, al panorama político. Con precios en constante aumento, con una depresión económica que es probable lleve a un descomunal retroceso del 8 ó 10% del PIB para fin de año, sin ningún programa social que intente siquiera paliar el empobrecimiento actual -pues Chávez eliminó los pocos que había- el gobierno seguirá perdiendo fuerzas, resbalando en las encuestas, encontrando cada vez menos gente dispuesta a sostenerlo.
El fin de Chávez, por eso, parece casi fuera de discusión. Lo terrible para Venezuela son estos meses de agonía, esta lenta pugna que no alcanza a definirse, la angustia de los desempleados y de los empresarios que se ven obligados a cerrar sus empresas.
* Corresponsal de la agencia AIPE.
(c) www.aipenet.com

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América