Campañas “negativas” y campañas “sucias”
La decisión del Tribunal Electoral de suspender unas "cuñas" de televisión por considerarlas ilegales, a solicitud de parte y por iniciativa propia, han causado un gran revuelo en el país. Representantes de algunos medios de información han calificado la actitud del Tribunal Electoral de "muy apresurada y atentatoria contra la libertad de prensa". Representantes de muchos grupos políticos igualmente han exteriorizado sus críticas.
Es propicia la ocasión para que las autoridades competentes, los dirigentes políticos y la ciudadanía ilustren suficientemente a la sociedad de lo que son campañas "negativas" y "sucias".
Una campaña "negativa", entiendo yo, es aquella que presenta posiciones o comportamientos que un aspirante a un puesto de elección tuvo en el pasado. No se puede, por supuesto, vivir en el pasado, pero le ayuda a muchos a determinar que se puede aspirar en el futuro de un aspirante presidencial. Sobre el particular dijo una vez con gran acierto Lord Byron: "el mejor profeta del futuro es el pasado".
Una campaña "sucia", me parece, es aquella que trata de denigrar, calumniar u ofender a una persona para obtener ventaja.
La campaña negativa es muy frecuente en las contiendas políticas de todas las naciones. En los EEUU, país que admiramos por tener una democracia funcional, de una justicia efectiva y un "fair play" (trato justo), los distintos candidatos, en especial los presidenciales, utilizan frecuentemente las campañas negativas. Se cuidan, eso sí, de las campañas "sucias", pues estas se convierten en un "boomerang".