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Castro y la intervención cubana


Si los países que mantienen relaciones con Cuba, antes de establecer nexos diplomáticos con ese régimen hubieran leído la Constitución castrista, no toman semejante paso para definir la amistad y la cooperación entre pueblos y gobiernos. El gobierno del dictador Castro, según su Carta Magna, está obligado a intervenir en cualquier país del mundo que no sea comunista ni de su agrado. Eso basta y es suficiente para justificar el apoyo de la Cuba dictatorial a las denominadas guerra de "liberación nacional" contempladas en el artículo 12 de la Constitución cubana que reza: "Cuba considera su derecho y su deber internacionalista el ayudar al agredido y a los pueblos que luchan por su liberación".
Esa Constitución "reconoce el derecho de los pueblos a repelar la violencia imperialista y reaccionaria con la violencia revolucionaria y a luchar con todos los medios a su alcance por el derecho a determinar libremente su propio destino y el régimen económico y social en que prefieren vivir". Justamente, las últimas líneas constituyen los mismos principios que, legalmente, esgrimen aquellos cubanos que luchan por sacudirse de esa odiada dictadura de 42 años de Castro y sacarlo del poder. Mas, éste llama a los cubanos que ansían libertad, "terroristas y mafia del exilio" olvidándose que él llegó al poder por medio de las armas, cometiendo actos de terrorismo y asesinatos como fueron poner y colocar bombas que mataron hombres, mujeres y niños inocentes. No pagar a Panamá casi 500 millones de dólares -según estimaciones no oficiales- es un acto de desestabilización económica y social. La banca panameña no estaría en capacidad de absorber tan cuantiosa pérdida. Cuba ejerce el chantaje económico y político contra el país.
Las naciones democráticas que respetan los derechos humanos e impulsan la actividad capitalista son de hecho enemigos de la Cuba comunista. Es por ello que Castro alienta las guerras subversivas a las que llama de "liberación" para desarrollar su política intervencionista, escudándose en su Constitución política. Cuba tiene que tener una meta internacionalista para poder subsistir internamente. El dictador Castro justifica todos sus fracasos económicos y sociales a la política exterior que implementan, soberanamente, otros países, especialmente a Estados Unidos (EU), al que califica de imperialista, fascista, y colonialista. Estos adjetivos que él unilateralmente señala contra quienes no se someten ni aceptan un sistema repulsivamente totalitario como el que ha implantado en Cuba es, automáticamente, su enemigo.
Los cinco espías que fueron procesados en Miami, acusados por el FBI de atentar contra la vida de los cuatro pilotos de la organización humanitaria "hermanos al rescate" y de planear actos de sabotajes y asesinatos en los EE.UU., para Fidel son "héroes" de la patria y, por ello salió a demostrar, en una manifestación donde casi se muere de un desmayo, que eso es así y justificable. Esas son las inconsistencias del discurso del gobierno de Castro. O sea, él estima que Panamá es un sistema imperialista por su sistema económico y por esa razón viene atacando la política económica del gobierno, llamándola de practicar una económica neoliberal y sus agentes locales están aleccionados para acusar al gobierno en turno de ser subordinados al imperialismo y a las IFIS. Lo que no se preguntan esos apasionados y cegados agentes del castrismo en Panamá es qué puede Castro ofrecer para mejorar la calidad de vida del cubano después de 42 años de dictadura y de política económica comunista. Qué puede ofrecer un régimen como el de Castro, si está endeudado en más de 45 mil billones de dólares y no puede pagar sus cuentas.
Un gobierno que debe -oficialmente- más o menos 250 millones de dólares a comerciantes panameños y que gira cheques sin fondos a sus suplidores en la Zona Libre de Colón, no es confiable ni responsable y refleja que no tiene una Contraloría General que investiga y regula los compromisos y gastos estatales. Sin embargo, Castro tiene que actuar agresivamente chantajeado, amenazando e insultando a otros mandatarios del hemisferio para poder vender internamente a su pueblo una imagen y una percepción de invencible de su gobierno utilizando un plan macabro de desinformación que proporciona, por los medios controlados, su gobierno totalitario. Ya, todos hemos escuchado al tirano de Fidel Castro, personalmente, durante su presencia en la Cumbre Iberoamericana en Panamá, cuando declaró que él ha apoyado a los grupos terroristas y supuestos movimientos de liberación en otros países del hemisferio" que han provocado tantas muertes y sufrimientos. Entonces, los que desconocen las razones de la política intervencionista de Castro es porque no han leído la Constitución cubana del año 1976.
En el caso de Panamá, donde el gobierno de la actual presidenta Mireya Moscoso, que ha actuado consecuente, respetuosamente y con determinación civilizada frente a su agresividad, insultos y conspiraciones que cuentan con el apoyo de agentes panameños entrenados en Cuba para subvertir el orden público con el objetivo de destruir la economía y el sistema democrático, es evidente que las manos de Castro están presentes con su intervencionismo. Existe una incertidumbre de por qué el dictador ha arremetido contra quienes le han resuelto su problema logístico, tales como España, Argentina, Brasil, Japón a quienes no les paga sus deudas, incluyendo a los suplidores a través de la Zona Libre de Panamá. Pero, como yo le sugería a un alto funcionario de política exterior del actual gobierno, la razón de la actitud del dictador está plasmada en la Constitución cubana que es la que rige la política exterior de Cuba. Solo basta que el dictador te acuse de imperialista, de defender la democracia y a los Derechos Humanos en tu país, para que él diseñe una política de intervencionismo en los asuntos internos y te deje de pagar las deudas para provocar un descalabro económico. *Represenatnte de la Unidad Cubana en Panama unicubanapan@hotmail.com

101 años de Panamá América

 
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