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Centenario y la Constituyente


Las actividades de los diversos comités creados para el Centenario de la República, poco o nada han logrado -hasta la fecha- como punto de referencia para un balance de situación, para un estado actual del Estado, para elaborar una perspectiva nacional, una visión a corto, mediano y largo plazo, una misión colectiva, una acción ciudadana. Retomo al destacado ciudadano Don Víctor Florencio Goytía, cuando en su obra "Biografía de una República", editada justamente en 1953, con motivo del cincuentenario, nos expresaba: "...el pueblo de Panamá exige antes que fiestas hípicas, carnavales y concursos de belleza, un balance de situación que ponga a descubierto, claramente sin eufemismos, cómo se ha administrado su patrimonio durante medio siglo. En esta idea central, deberían inspirarse algunos, por lo menos, de los actos conmemorativos del Cincuentenario, para disimular el criterio romano de pan y circo en sus versiones modernas, y rubricar con relativa honestidad el noble empeño de enviar un mensaje a la posteridad."
Los cien años de Panamá se cumplen en medio de una profunda y gigantesca soledad de objetivos comunes; bajo un aguacero interminable de falsos postulados imperantes; de las prácticas de corrupción más insólitas y descaradas; de la creciente impostura democrática en la que se regodean los más activos exponentes de los factores reales de poder que marchan de espaldas a la historia y a la realidad. Lo anterior está reflejado en el vacío político, ético, jurídico y estatal, en todos sus vértices, que hace imperante, urgente y necesaria la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente que nos ayude a contener el caos y el desorden que, en todos los terrenos, llevan de manera acelerada a nuestro país -de seguir así- a su propia destrucción.
En momentos en que en la nación empiezan a escucharse más y más voces a favor de una Constituyente, en momentos en que la inmensa mayoría desea un verdadero cambio constitucional, los precandidatos y candidatos a los diversos cargos de elección optan por darle la espalda al tema de la Constituyente y a rechazar, postergar u ocultar la idea de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente.
De ahí entonces, antes que el electoralismo de la partidocracia y sus abanderados se apoderen del todo del escenario montado para sus afanes, la imperiosa necesidad de que al pueblo se le explique, para que entienda cabalmente lo que la Constituyente es y significa y los alcances que conlleva, pues de lo contrario las cúpulas de la politiquería intentarán -sin escrúpulo alguno- de convertirla en un instrumento más, objeto de toda clase de manipulaciones por sus mismas maquinarias políticas. Es evidente que a la clase dirigente de nuestro país no le conviene para nada que el pueblo se eduque, porque si se educa aprende y ¡si aprende se da cuenta!
Un referéndum a través de una quinta papeleta en las elecciones de mayo de 2004, en la que se le consulte a toda la ciudadanía si quiere o no una nueva Constitución y la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, ambos honradamente realizados, con conciencia democrática son -hoy por hoy- los instrumentos más idóneos para que los panameños seamos los protagonistas y los verdaderos dueños de nuestro presente y de nuestro futuro. ¿Hasta cuándo unas pequeñísimas minorías seguirán decidiendo a nombre de las grandes mayorías? ¿Hasta cuándo las decisiones de esas minorías serán siempre en provecho de quienes las toman y no de quienes dicen representar?
El Estado panameño llega a su centenario republicano completamente agotado, cada día más incapaz de cumplir con sus funciones y sus responsabilidades. Su organización pública, su ordenamiento constitucional, su estructura político administrativa, no armonizan ni compaginan en nada con nuestra realidad.
De ahí, igualmente, la necesidad de un proceso constituyente para poder replantearnos: ¿Qué Estado deseamos y qué esperamos y deseamos de él? ¿Cómo debemos rediseñar aquellos pilares de la vigilancia de la labor estatal, que son la Contraloría y la Procuraduría? ¿Qué mecanismo vamos a crear para que los órganos del Estado actúen realmente como instrumentos del poder ciudadano?
El Centenario de la República no se podrá conmemorar de manera beneficiosa para la población panameña, mientras no se incorpore y se relacione con sus actividades la necesaria convocatoria de un proceso constituyente que desemboque en una Asamblea Nacional Constituyente, la cual es hoy la mayor obligación política de los panameños, el verdadero imperativo histórico.
El nacimiento en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, del "Movimiento Universitario pro Constituyente", el pasado 11 de junio en actividad realizada en el auditorio Ricardo J. Alfaro, es una voz de alerta y de aliento hacia una Constituyente.
El poder absoluto de un Estado reside en forma propia y primaria sólo en el pueblo, que es el constituyente primario. Algunos insisten en querer hacerlo olvidar, obnubilados como están por el poder o por las ansias del mismo; pero que no se equivoquen porque cada vez más hay muchos sectores del pueblo panameño que han abierto ya los ojos. Muy pronto los mismos abrirán también la boca y hablarán, porque ya no pueden callar.
(mabernal@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
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