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¿Cheque en blanco?


Mucho se ha venido hablando, por parte de algunos interlocutores del nuevo liderazgo político que asciende al poder, que el presidente electo, Ricardo Martinelli, ha recibido, de parte del pueblo, una especie de cheque en blanco para que, desde su gestión gubernamental, haga cuanto tenga que hacer en bien de las grandes mayorías nacionales. En lo de “hacer en beneficio de las grandes mayorías nacionales”, estamos de acuerdo. En lo que no podemos conciliar opiniones es en aquello de que el mandatario Martinelli ha recibido, tras su arrollante triunfo político, un cheque sin cuantía determinada.

Quienes así han venido opinando, les señalo que pierden de perspectiva la dimensión constitucional, primera lectura obligada, que les prescribe a los presidentes un catálogo plagado de principios, obligaciones, deberes, cargas gubernamentales, dentro de la cual deben normar y adecuar sus acciones políticas y también personales. Ese catálogo, indiscutiblemente, entraña la idea de que el plexo constitucional -plexo normológico por excelencia- es el primer plano en el cual todo gobernante debe encuadrar su comportamiento como Jefe de Gobierno.

El segundo plexo lo denominaremos “plexo de la dimensión social o sociológica”. Es en él en donde, desde la perspectiva pragmática, la de la praxis, la del hacer, en donde encontraremos la cuantía cierta y verdadera de dicho cheque. Se trata de los grandes avatares sociales que le presenta la realidad nacional -problemas de la educación, la vivienda, el transporte, la inseguridad ciudadana, la salud, etc.- que devinieron, como pudimos percatarnos todos, en las agendas de quienes participaron en la pasada contienda electoral como candidatos presidenciales y sin descartar que muchos de los candidatos a diputados, también examinaron muchos de esos tópicos.

El tercer elemento a considerar se encuentra en la cuestión axiológica y axiosófica: valores en cuanto a formas y valores, en cuanto a contenidos reales, materiales. Ello quiere decir que Martinelli deberá ajustar sus acciones a una gradación valórica que irá indicando al pueblo panameño que, simple y sencillamente, los postulados de una campaña electoral que pronosticaba un “cambio” no se quedarán en meras palabrerías.

“Cambio”, desde la perspectiva de la filosofía entraña la idea de variación, y no hay variación o toma de nuevas rutas, sin previas modificaciones. Para ello es menester que el presidente Martinelli vaya indicándonos en qué consistirán los procedimientos o procesos de transformación de la tradicional política y con ello, lo que queremos decir, es que habrá que tener presente que “todo cambio encierra también el concepto de trauma”.

Finalmente, reiteramos el mayor de los éxitos a la nueva gestión de gobierno y que los mínimos traspiés que se empiezan a evidenciar sean superados. Que el presidente Martinelli y su gabinete nos llene, a satisfacción de todos, con una suma de realidades que a todos nos cause gozo y alegría.

101 años de Panamá América

 
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