Chile perfecciona su educación
La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, impulsa un proyecto de ley que busca perfeccionar la calidad de la educación en ese país, que es de las mejores del continente. Con tal propósito, ha convocado a todos los sectores de la vida nacional a participar en un rico intercambio de ideas, que contrasta con lo que ocurre en nuestro país, donde reina la indiferencia y la defensa de los intereses y privilegios gremiales y particulares.
La educación en Chile es tema de interés nacional desde hace décadas. Su organismo supremo es el Consejo Nacional de Educación, integrado por el Gobierno, académicos y representantes de las Fuerzas Armadas. ¿Por qué el Ejército? Porque entraña orden institucional, continuidad, visión estratégica y autoridad. Su objetivo fue elevar la calidad y allanar la diferencia entre las escuelas particulares y las públicas, lo cual se ha logrado en gran medida. Pero aún así, no están conformes.
Para empezar, Chile tiene algo que en Panamá, por lo menos por ahora, sería impensable. El 50% del total de su matrícula es servida por colegios particulares subvencionados. La razón es muy sencilla. Las escuelas privadas son más eficientes y educan mejor a menor costo. El Estado termina ahorrándose muchos millones en salarios, aumentos automáticos, mantenimiento de edificios, mobiliario y equipos que se pierden, dañan y son vandalizados cada año.
El proyecto pretende ampliar el actual Consejo Nacional de Educación con la incorporación de padres y estudiantes que tendrán ahora un papel más activo y beligerante en materia de fiscalización de la calidad de la enseñanza. Fuera de eso, se busca condicionar los subsidios y su magnitud a los resultados, con ayuda de mecanismos de fiscalización y contraloría. A más calidad más subsidios. El proyecto, plantea, sin embargo, la eliminación del fin de lucro, aunque sus detractores aducen que la calidad nada tiene que ver con la presencia o ausencia de ese elemento. Otro aspecto controvertido es la eliminación de las pruebas de admisión en colegios emblemáticos, cuya demanda por cupos excede la oferta. Se pretende reemplazarlas por criterios, tales como el tener un hermano o la proximidad al centro escolar. Sus opositores argumentan que ello eliminaría la posibilidad de elegir alumnos con mejor potencial o rendimiento.
El proyecto apuesta a que con un modelo común se obtendrá un mayor compromiso de los padres con un sentimiento de identidad y pertenencia, que los impulsará a fiscalizar y exigir más cuentas, y mejores resultados a su colegio.